Rápidamente, cierro el diario mortificada. Extrañamente, como una adolescente leyendo una novela erótica, temo que alguien me pille in fraganti, con la vergüenza escrita en la cara. Suelto una risita y olvido mis tontas reservas. Sin embargo, esto no es lo que esperaba de los diarios de Judith. ¿Lo ha leído Aiden? No puede ser. Nunca me permitiría leer los diarios sabiendo su contenido s****l. Leer sobre la vida s****l de mi madre es desvergonzado, por no decir perturbador. Pero, ¿por qué me veo obligada a leer más? Respiro vergonzosamente y me levanto del sofá. Me dirijo de nuevo a la ventana, abro la cortina y veo que se avecina una tormenta furiosa, y percibo que arreciará toda la noche. Exhalo profundamente y vuelvo al sofá. Incapaz de reprimir mi curiosidad, abro el diario, ignorando

