Nadie puede predecir adónde le llevará la vida. El plan mejor pensado puede torcerse. Reflexiono sobre la persistente solemnidad, los rituales diarios y las innumerables tareas, que no me llevan a ninguna parte más que a círculos, círculos interminables que adormecen la mente. ¿Cuándo se volvió todo tan mundano? Quiero sacudir las cosas, crear desorden en mi bien construida vida. Acabar con los rituales y transformarme en algo diferente. Pero el miedo a perder el control, el miedo a lo desconocido, me retiene en ese lugar mundano que sangra por el cambio. A menudo me he preguntado si mamá, Judith Powell, me puso Victoria para señalar un nacimiento triunfal. A la edad de cuarenta años, y tras varios intentos, por fin lo consiguió victoriosamente. Sobre todo, creo que me puso este nombre pa

