Aitor Llevaba diez días en casa y finalmente había reunido el valor para hacer aquello que tanto temía desde el momento en que me dijeron que Leo había muerto. A pesar de que había estado a menos de veinte minutos de distancia desde que regresé a los Estados Unidos, no había salido de la base, no había vuelto a la casa de mis padres, al vecindario. Sabía que, en cuanto estuviera de regreso aquí, tendría que enfrentar todos los recuerdos de Leo y de nuestro crecimiento. Y tendría que enfrentar a su familia. Pasé mis dedos por mi cabello y deseé haber pensado en cortármelo para que se viera más ordenado. Me había afeitado por primera vez en casi dos semanas, pero eso se debió a que me di cuenta de que el vello facial atraía más atención hacia la cicatriz, ya que el vello no crecía allí. R

