Capítulo 39

1538 Palabras

Hilda Nos sentamos en silencio durante un minuto o dos antes de que Aitor hablara. —A veces, ayuda hablar de ello. Casi le pregunto cómo lo sabría él, pero luego recordé sus cicatrices y me di cuenta de que era muy probable que tuviera alguna experiencia con pesadillas provocadas por eventos traumáticos. —Te escucharé si lo necesitas. —Su voz era baja y calmada. Reconfortante. Me aparté lo suficiente para poder mirarlo mientras decía lo único que podía decir en este momento. —No quiero hablar. Quiero olvidar. Y entonces lo besé. O, mejor dicho, presioné mis labios contra los suyos con la esperanza de que él tomara el mando. En cambio, se quedó completamente inmóvil, con los brazos rígidos a mi alrededor y la boca inflexible. No me apartó ni me reprendió, pero tampoco hizo nada más

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