—¿Qué con eso…? —balbuceo, la electricidad sube por todo mi cuerpo, y eriza mi piel. Un nudo se atora en mi pecho, mi respiración se va intensificando y extrañamente me sofoca.
—Tu tío me las acaba de traer, logró conseguirlas de un hospital de aquí cerca —camina a paso lento hacia mí, y mis ojos van hacia las dos bolsas, a la espera de que me tienda una cuando ya lo tengo justo en frente, pero no pasa. Subo la vista y mis ojos son atrapados por su intensa mirada que me recorre de arriba hacia abajo, con la lentitud y el hambre de un depredador a punto de devorar a su presa—. Qué hermosa eres… —su voz sale más ronca de lo normal, y sus ojos pasan del profundo verde a un rojo intenso, viéndose aún más sexy en combinación de su torso desnudo y su pelo totalmente revuelto.
—¿No me darás una? —logro articular, mis colmillos duelen queriendo salir, y mi garganta se cierra en una mezcla de emociones abrumadoras.
Sin quitar sus ojos de los míos lleva una de las bolsas a su boca, perforándola con sus colmillos con una lentitud que me sacude de pies a cabeza, con un enorme deseo de saltarle encima y lamer la sangre de sus carnosos labios. Me tiende la bolsa perforada, pero lanza la otra bolsa a la cama y, antes de que pueda mover las manos, me las inmoviliza detrás de mi espalda.
Le arqueo una ceja, divertida por su reacción, y con una pícara sonrisa de lado deja la punta abierta de la bolsa sobre mis labios. El aroma de la sangre me llega combinada con su fragancia, junto con una ola de excitación y un intenso deseo, siento un fuego en mi pecho que arde y no me deja respirar. Doy un lento sorbo y la adrenalina me invade, pero la sed por la sangre es opacada por la intensa conexión de nuestras miradas.
Mi atención viaja a la leve fricción de su mano al sujetar mis muñecas, y de la insignificante distancia de nuestros cuerpos. Puedo sentir el calor emanar del suyo, tan cerca, aunque se siente tan distante. Quiero más de eso, más de todas estas emociones y sensaciones nuevas.
Intento mover mis manos con la intensión de colgarme de su cuello para besarlo, pero sólo suelta una leve risita y niega lentamente con la cabeza. En un rápido movimiento jala el borde de mi camiseta y no soy consciente de lo que pasa, simplemente levanto los brazos haciéndole caso. Toma mi mano recostándome en la cama, y caigo en la cuenta de que sólo estoy en ropa interior, pero no me siento expuesta, incluso la poca ropa de encaje me pica en la piel. La vergüenza no aparece en ningún momento, en cambio, el hambre comienza a gritar en mi interior, esa necesidad viciosa de beber su sangre, y me encuentro conque también le devuelvo la misma atención, deseosa de él, de su cuerpo y de su sangre.
Con cuidado gatea hasta posicionarse sobre mí, y luego de apoyarse en su codo izquierdo, vierte de la bolsa unas cuantas gotas de sangre sobre mi cuello y mi clavícula. Observo con asombro su acción, pero cierro los ojos cuando agacha la cabeza y lame suavemente las gotas sobre mi piel ya sensible. Un escalofrío recorre mi columna, deteniéndose con mayor intensidad en mi parte íntima, haciéndome soltar un pequeño gemido. Otra lamida más intensa y pronunciada hace que arquee un poco la cabeza hacia atrás, dándole más espacio, y con mis manos intento acercarlo más a mí, tomando sus suaves y rebeldes cabellos con una y, con la otra, empujándolo por la espalda baja, tocando sus músculos y su tersa piel que parece hervir bajo mi tacto.
Con su boca llega hasta el lóbulo de mi oreja, apoya sus labios y succiona con delicadeza y una lentitud extasiaste. Intento impulsarme con un pie para enderezarme un poco, pero me lo impide cambiando el peso de un codo al otro y, con la mano libre, la desliza por mi costado llegando hasta mi cadera, apretando ligero pero firme, posicionándome sobre el colchón. Vuelve a bajar sus besos por mi pecho lentamente, deteniéndose en el escote de mi brasier, sube su rostro y nuestros ojos vuelven a conectar. Ambos pensamos lo mismo, ambos lo queremos, lo anhelamos, y no hace falta decir una palabra para dejarnos llevar a lo que vendrá.
Deja sobre la mesita de luz la bolsa apoyada en la jarra con el champagne, y con unas patadas se quita el jogging, quedando en un bóxer n***o que resalta su belleza masculina aún más. Con admiración detallo todo su cuerpo, grabándome este magnífico momento en mi mente, y en mi corazón. Noto sus músculos tensarse cuando vuelve a posicionarse sobre mí, arqueo bien la espalda para facilitarle el desabrocharme el brasier, y siento su aliento en mi cuello, e inconscientemente intento pegarme más a su cuerpo, en busca de su calor. Intenta maniobrar y me enderezo un poco para dejarle el trabajo más fácil. Con sus dedos recorre mis hombros muy lentamente, dejando caer las tiritas negras, y sigue el recorrido por mis brazos hasta mis muñecas, hasta arrojarlo lejos. Una hermosa calidez me invade cuando me observa con detenimiento, sus labios se entreabren y una tierna sonrisa se hace presente en ellos cuando se acerca a besarme con una perfecta mezcla de sentimientos. El contacto de nuestra piel es la más electrizante sensación que he probado nunca, su tacto hace que mi corazón lata desesperado, la intensidad de nuestras bocas comienza a aumentar con cada respiración, al igual que la presión que siento cada vez más intensa en mi muslo.
Las sábanas bajo mi cuerpo se sienten frías en contraste con su piel, el anhelo crece en mi pecho como una bomba a punto de estallar, y el deseo comienza a apoderarse de mis acciones, de mi propia respiración. En un impulso aferro mis piernas a sus caderas, profundizando el abrazo mientras abandona mis labios recorriendo nuevamente mi cuello y clavícula, pero ya no se detiene ahí y sigue más abajo. Ahogo un gemido sorpresivo ante la primera mordida, mi propia piel va tornándose más firme y junto a otro jadeo elevo el pecho, entregándome por completo al placer de sus manos y la humedad de su boca.
Sigue bajando hasta mi abdomen y la respiración se me corta cuando besa mi ombligo, pero se detiene y toma nuevamente la bolsa de sangre, derramando un delgado hilo desde mi ombligo hasta mi muslo derecho. Observo anonadada el salvajismo que va despertando, que poseído por el éxtasis sigue lamiendo y succionando mi piel, mientras que pasa una mano por mi cintura baja acercándome más a él, y con la otra se aferra a mi otro glúteo apretándolo y masajeándolo. Tiene la intensidad y el disfrute de un depredador, y el hambre por ser la que domine comienza a hacer eco en mi interior, pero no soy consiente de eso hasta que lo jalo del cabello y de la nuca, llevándolo hacia mis labios nuevamente. La pasión se intensifica entre nuestras caricias y besos, dejándome atónita cuando, quizá queriendo, o quizá si querer, muerde mi labio demasiado fuerte haciendo que unas pequeñas gotas salgan y nos disparen las sensaciones al mil.
Mis ojos se tornan rojos por completo, mis dedos comienzan a picar al igual que mis colmillos, y el deseo de sentir todo de él me desespera. Muerdo con la misma intensidad su labio inferior, haciendo que la sangre brote y ambos la bebamos en un más apasionado beso. Con un ágil movimiento del que no me sabía capaz logro quedar sentada a horcajadas sobre él, enredo mis dedos en su cabello y, con lentos movimientos de mi cadera, fricciono levemente su centro con el mío, sacándole un gruñido gutural y ganándome otro mordisco de su parte.
El sabor de la sangre sigue provocando el salir de nuestros instintos más bajos, y me invaden unas inmensas ganas de morderlo, pero él se me adelanta, bajando sus besos por mi cuello, y es ahí donde sus colmillos se clavan. Suelto un sonoro gemido al mismo momento en que mis colmillos salen por completo, me dejo llevar por el deseo animal que se apodera de mi mente, tomando el control de mi cuerpo. Y me aferro más fuerte a su espalda, dejando arañazos y disfrutando la satisfacción de mi energía vital siendo liberada.