Viernes 22 de noviembre, 2019.
Luego de haber tomado apresuradamente la ruta 55 de regreso al este, y de haber realizado algunas llamadas –bueno, Margot hizo las llamadas esta vez– pudimos llegar a Boise, en Idaho. Ingresando por la W Front St llegamos a un ostentoso hotel en donde Margot logró conseguir cuatro habitaciones sin tener que usar magia ni nada que nos haga cambiar de identidad. Aparentemente el hotel Holiday Inn pertenece a una familia que ha ayudado en el pasado, y con la que tiene suficiente confianza como para poder pedir pura discreción y silencio.
Las paredes color crema y los muebles caoba dan un ambiente acogedor y pacífico, perfecto para relajarse y sentirse de alguna forma un poco protegido. Al menos nos servirá para poder descansar y planear nuestro próximo movimiento.
—¿Estás segura de esto? —Alessander me observa fijamente, sus manos sostienen las mías con ternura, y sé que él apoyará la decisión que tome, por más difícil que sea, y por más vueltas que le haya dado al asunto, termino llegando a la misma conclusión…
—Sí, debemos ayudarlos.
Observo con atención a los demás, James está sentado en el sofá, en el medio de Esther y Lionel Danvers, quienes hace una hora han despertado, cuando aún estábamos en la carretera. Cromwell vuelve de la cocina, seguida por Julio –quien no se le ha despegado desde que bajamos de los coches–, y deja en la mesita ratona varios vasos y una botella de whisky, junto con un paquete de galletitas.
‹‹Genial››, el gruñido en mi estómago me delata, no sólo no he comido nada, sino que tampoco conseguimos sangre y debemos esperar para solucionar eso también.
—¿Tienes un plan en mente? —pregunta Nyx con una ceja alzada y ojos infantiles. Desde que llegamos la he visto con una energía diferente, como una vibra más allá de la alegría y espontaneidad de una persona normal, es como si la misma situación la emocionara, como si le gustara vivir en el filo del peligro constante.
—No… —me remuevo en el sofá individual en donde estoy, mi cabeza aún da vueltas y no veo la hora de poder darme una ducha y comer algo. Realmente no tengo un plan, durante el viaje en la carretera estuvimos hablando con Alessander, él tampoco tiene una idea diferente a la inicial, que se basa en irrumpir y atacar a diestra y siniestra hasta lograr dar con el paradero de la señora Danvers.
—¿Y cómo piensas hacerlo? Al menos saben dónde están, ¿verdad? —ella se baja de la encimera donde estaba sentada comiendo maní de la máquina dispensadora, y camina con las manos unidas por detrás, con una expresión pensativa, pero con sus ojos brillando inyectados de sadismo— A mi se me ocurren muchas maneras de localizarlos y hacer un magnífico baño de sangre.
—¡Nyx! No con los vampiros —Margot la riñe riéndose, nunca la he visto con tanta familiaridad y comodidad con alguien, es como si le volviera la vida a la bruja líder—, no podemos hacernos enemigos de ellos ahora, es muy pronto para eso.
—Pero admitan que sería divertido, poder sorprenderlos y tomar venganza por todo lo que han hecho —sus celestes ojos se clavan en los míos, y sí, debo admitir que ella dijo justo lo que no me permito decir, lo que ese sentimiento muy al fondo de mi ser quiere gritar y poder realizar…, pero no es correcto, no para lo que creo con la poca esperanza que me queda.
—La buena noticia es que sí podemos saber dónde están con exactitud —María Cromwell anuncia sacando un mapa de su bolso, y ampliándolo sobre el pequeño lugar que queda sobre la mesita—. Estoy esperando confirmaciones, pero ellos podrían estar aquí, en Warren, un pequeño pueblito a unas cuatro horas en carretera —en el mapa se puede observar la enorme zona boscosa y montañosa que cubre demasiados kilómetros a la redonda, una zona perfecta para una sede bien oculta a la vista—. Ellos aprovechan para alimentarse de las personas de ese pueblo, además de tener más humanos como sirvientes. Deben tener en cuenta que la fortaleza se verá algo similar a esto —deja caer una fotografía sobre el mapa, es un poco vieja, pero se puede apreciar fácilmente una enorme mansión de unos cuatro pisos, simulando un pequeño castillo, rodeada por una muralla demasiado alta como para trepar—. Estará custodiado por, como mínimo, unos diez o quince guardias armados. Será muy difícil ingresar, pero si planeamos una buena estrategia lo conseguiremos.
—¿Y cuándo será? —el señor Danvers no ha dicho mucho desde hace un rato, sus ojos denotan lo agotado física y emocionalmente que está, al igual que su hija que no ha dejado de derramar lágrimas.
—Mañana por la noche, porque planeaban anunciar el trato con el líder de la Alianza, pero al no poder secuestrarte suponen que Benedetto lo disfrazará con otro clásico evento de élite —explica María mientras me pasa una carta escrita con la letra de Williams—. Apareció hace unas horas en mi bolsillo. Fue él quien nos dio la información —y antes de que pudiera hacer una de las tantas preguntas que tengo me interrumpe, con una amplia sonrisa en su arrugado rostro—, y está bien, a salvo junto con unos aliados de Margot.
—Con mi aquelarre, en realidad —aclara Nyx, con un guiño de ojo dirigido a Alessander y una sonrisa burlona para mí—. Cuando Mar me avisó lo de Williams puse a mis brujas a rastrearlo, lo hemos estado protegiendo para que pudiera llegar a salvo junto con su amiga. Nadie lo ha podido localizar, y eso que le han pasado prácticamente por al lado —finaliza con una risa entretenida, como si fuese un juego—. Si le hubiesen visto la cara cuando los vio pasar con una furgoneta polarizada por al lado, se quedó helado del terror.
—Pobre hombre, ha pasado por mucho, no deberías burlarte de su situación —María le da un ligero manotazo en el brazo, y ella asiente aún riéndose y subiéndose de nuevo en la encimera.
Sus ojos vuelven a conectarse con los míos y algo en mi pecho hace clic, es como verme a mí, pero del lado opuesto, como ver todo lo que no soy y muy dentro de mí quisiera ser. Nyx es una bruja muy poderosa, eso es indudable, pero todo ese poder me resuena tan familiar, es prácticamente igual al poder que sentí las veces que dejé que mi instinto saliera a flote, las veces que tomó control de mi ser por completo. Esos leves instantes en los que me sentí la chica más poderosa del mundo, capaz de hacer y deshacer a mi antojo, capaz de expandir mi energía como una supernova.
‹‹—Somos las dos caras de la misma moneda, niña Dhampir››.
Con asombro le abro mis ojos, pasmada. ¿Acaso habló en mi mente? ¿Eso es posible?
‹‹—No deberías asombrarte, tu has sanado y puedes dar vida, así como también quitarla… —sus ojos se dirigen a Alessander, y luego de nuevo a mí, con una sonrisa amplia y pícara— Pero más te gusta quitarla, ¿verdad?››
Un escalofrío recorre mi columna, y observo fijamente a mi novio, quien sigue sentado en el sillón a mi lado. Su rostro se ve mucho mejor, su cabello sigue con un poco de polvo en algunos mechones, y su cuello está cubierto por restos de sangre y suciedad, pero su esencia sigue siendo la misma, potente y abrumadora, como la de un depredador.
Mi piel comienza a hervir con sólo recordar lo que se sintió ese enorme poder dentro mío durante la pelea, ese poder inmenso de tener el control, de ser brutal y despiadada, de llegar a ser dominante y salvaje sin que sienta que eso está mal, sin pensar que eso no es normal… Porque fue normal para mí, y me mentiría si no aceptara que realmente lo anhelo, que deseo con todas mis ganas poder sacar esa bestia dentro de mí, poder tomar el control y ser quien realmente quiero ser.
La sonrisa nace pequeña en la comisura de sus carnosos labios, y clava sus verdes ojos en mí. Su mirada es intensa, cargada de mil sentimientos, y es ahí que comprendo que sí, quiero que mi instinto tome el control, quiero ser poderosa y salvaje, ser la maldita reina de todo y de todos… Y ya es hora de aceptar que quiero vivir todo eso en los brazos de Alessander, siendo feliz, y no sólo cinco segundos en el campo de batalla.