Capítulo 3.- Una nueva mentira

1471 Palabras
«¡Maldita sea, esto no puede estar pasando!» Mis ojos se abren como platos al ver a la mujer que se acaba de atreverse a irrumpir en mi hogar. No tengo idea si es que se le safo un tornillo o se cayó mucho siendo una pequeña. Es tan estúpida que no tengo idea de por qué se atrevió a venir, lo peor de todo es que ella puede hacer que todo se vaya a la mierda. Por un instante pienso en cada una de las formas en poder deshacerme de ella de inmediato, pero eso no puede suceder por ahora, aún la necesito para poder seguir con el plan. De lo que sí estoy seguro es que después de lograr lo que deseo ella va a desaparecer de la faz de la tierra,no puedo dejar ningún cabo suelto. Salgo de mi ensimismamiento cuando escucho el susurro de mi reina —Pietro ¿quién es ella? —pregunta en un tono gélido y siento un tono de reproche, eso hace que mi corazón palpite con más rapidez. —Es una socia amor, pero tranquila ya la voy atender. —le doy un casto beso—. Adelántate hasta el comedor, en un instante te alcanzo. Asiente con un movimiento de cabeza mientras la veo perderse por el pasillo que lleva al comedor de nuestro hogar. Siento que la sangre me hierve hasta el punto de que mi vena carótida está a punto de reventar, con ello giro para fulminar con mi mirada a la estupida que no aprende a acatar una orden. Camino a grandes zancadas hasta acortar la distancia entre nosotros. La tomo del brazo y la llevo arrastras hasta mi despacho. Estando frente a la puerta la abro e inmediatamente la empujo al interior cerrando tras mi espalda. —¿Qué crees que estás haciendo? —espeto lleno de furia—. Acaso no entendiste cuando te dije que yo te iba a contactar. —¡Pues no es obvio! —se cruza de brazos a la altura de su pecho y mirándome con odio—. ¿Acaso crees que te vas a deshacer de mí tan fácilmente? Recuerda lo que hay entre los dos. Suelto una sonora carcajada que la hace fruncir el ceño, ella aún no se da cuenta que solo fue un medio para un fin. Se cree que por haberme acostado con ella unas cuantas veces le da el derecho de pensar que tenemos algo. Me acerco a ella y apretando su mandíbula con una de mis manos le respondo: —Entre nosotros nunca hubo ni habrá nada, no creas que por haberte follado tienes el derecho de irrumpir en mi casa creyendo que eres dueña y señora. —fuerzo mi agarre haciendo que los ojos se le llenen de lágrimas—. Recuerda que fue un trato, por el cual te pagué una cuantiosa cantidad de dinero. ¿O ya se te olvido? Se suelta de mi agarre y de repente siento un ardor en mi mejilla. La muy desgraciada se atrevió a darme una bofetada. No se la devuelvo por el simple hecho de ser un caballero y nunca me he atrevido a pegarle a una mujer. La agarro con fuerza por los hombros y mirando directo a los ojos le digo: —Nuestro trato acaba de terminar, así que puedes irte por donde mismo llegaste y terminar de desaparecer de mi vida. Y si no lo entiendes por la buenas va a tocar que lo hagas por las malas, puedes tener por seguro que no quieres conocer el demonio que habita en mi interior. —la suelto con tanta brusquedad que cae sobre el sofá que se encuentra a un costado de la oficina. —Eres un maldito hijo de puta, no soy un juguete que puedes utilizar y luego botar como si nada. —limpia las lágrimas que brotan de sus ojos—. Te vas a arrepentir de lo que me has hecho, pronto vas a tener noticias mías. Con esas últimas palabras se levanta para salir hecha una furia de mi despacho azotando la puerta. Apenas lo hace saco mi celular y le marco a uno de mis hombres para que esté al pendiente de que ella abandone mi territorio, al igual que se encargue de seguir sus pasos y me de informes de cada uno de sus movimientos. Finalizo la llamada y siento un terrible dolor de cabeza, para calmar las ansias que tengo me sirvo un vaso de whisky tomándolo en un solo trago. Siento como el líquido quema mi garganta mientras sopeso lo que va a pasar de ahora en adelante. Arreglo mi saco saliendo del despacho para ir al encuentro de mi reina. Quiero disfrutar de esta comida con ella y por eso no la voy hacer esperar más tiempo, camino por todo el pasillo y cuando llego al comedor la veo parada frente al gran ventanal. Me acerco a ella con pasos lentos para no asustarla. Cuando llego a su lado la abrazo por la cintura y ella da un ligero respingo al sentir que alguien la abrazo. —¿Te asuste mi reina? —pregunto en lo que dio un sutil beso en su cuello sintiendo como su piel se eriza ante el contacto. —Mentiría si dijera que no, pero sí, creía que aún estabas reunido con tu socia. —responde con una media sonrisa—. ¿Sabes? Creo que su rostro se me hace familiar, pero no logro recordar. —Seguro la has visto cuando ha venido anteriormente a tratar temas relacionados sobre nuestros negocios. —miento—. Dale tiempo al tiempo que poco a poco vas a ir recordando amor, mejor vamos a comer que muero de hambre. **** Cuando terminamos de comer subimos a nuestra habitación para tomar un descanso, en pocas palabras lo que quiero es permanecer cerca de ella el mayor tiempo posible. Siento que al tenerla alejada de mí es como si no pudiera respirar, ella es una parte vital para poder vivir, ya estuvimos mucho tiempo separados y no puedo permitir que eso vuelva a suceder otra vez. Estando en nuestra habitación se recuesta a un lado y no pierdo tiempo, me acuesto a su lado envolviendola entre mis brazos. Me martiriza pensar que de un momento a otro pueda recordar quién es la mujer que estuvo a escasas horas en nuestra casa. No quiero llegar a imaginar lo que pueda suceder y las consecuencias que pueda llegar a ocasionar. Por eso he tomado la decisión de partir hoy fuera del país a un lugar en donde nadie la conozca ni mucho menos la puedan encontrar. Tengo que inventarle una excusa para decirle que tenemos que salir de viaje hoy mismo. Todo ya está listo, tanto que nuestro equipaje se encuentra en el avión privado de la familia. Respiro hondo para decirle otra mentira que espero no tenga consecuencias más adelante. —Amor, no se como decirte algo que es muy importante. —la tomo por el mentón haciendo que nuestras miradas se conecten colocando una falsa mirada de preocupación. —¿Es algo malo? —pregunta en un tono de angustia. —No mi reina, todo lo contrario. —beso su frente—. Recibí una llamada en donde me informaron que debo viajar a Italia con urgencia para atender una de mis empresas, no sabía cómo… —Decirme. —termina la palabra por mi y asiento con un movimiento de cabeza. —Sé que acabas de pasar por un accidente y lo que menos quiero es estar lejos de ti. Necesito tenerte a mi lado para cuidarte y protegerte. —Pero… —hace silencio pensando las siguientes palabras que saldrán de su boca—. Imagino que tengo un empleo, no puedo dejarlo así porque si ¿cierto? —Por eso no te preocupes mi reina, tu eres la Ceo de tu propia compañía en Italia. —miento nuevamente y tengo que solucionar esto de inmediato para que ella no sospeche. Puedo notar la duda en su mirada y por eso prosigo. —La razón por la que estábamos en este país fue para firmar un contrato con nuestros nuevos socios, pero nunca pensé que podrías tener un accidente que casi te cuesta la vida. Sus ojos se llenan de lágrimas y se aferra a mi pecho en donde la abrazo para brindarle el apoyo que tanto necesita en este momento. Salimos de nuestra burbuja cuando unos fuertes golpes se escuchan en la puerta. Me levanto para ver quién se atreve a interrumpir este momento tan mágico y al abrir me encuentro con el rostro pálido de uno de mis hombres que susurra para que solo yo pueda escuchar. —Jefe tenemos problemas, tienen que salir de inmediato… _
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR