Capítulo 4

1743 Palabras
Aaron  Hoy sí que ha sido un día de locos, un día de no creer.   Primero lo de la renta, después me han despedido y por último, para cerrar, me atropellan. Y encima la bonita mujer que lo hizo me ofrece trabajo de gigoló.   Pesé a que lo decía muy seria y con un tono de voz un tanto mandón y escalofriante, me sigo preguntando si iba en verdad. Porque, ¿por qué una mujer como ella quisiera que alguien como yo finja ser su prometido? Es evidente que no tenemos el mismo nivel social. No es creíble que no tenga una pareja o a alguien más decente y a su altura para que haga ese trabajo. ¿Tan desesperada estará?   Ya es de noche cuando me levanto luego de dormir la mayor parte de día. Mi cabeza no paraba de latirme, por suerte los medicamentos que me dio la doctora hicieron su efecto luego de un baño, una taza de té y una buena siesta.   Tomo mi celular, el cual tiene un rayón que le atraviesa la mitad de la pantalla. Caí encima de él, supongo que tengo que agradecer de que aún prenda.   "Recordatorio. Partido. En casa. " - es el mensaje que tengo de Josh, mi amigo.   Pese a que me duele todo el cuerpo, reúno la fuerza para pararme y vestirme. Agarro mis cosas y salgo de mi casa. Bajando las escaleras, me cruzo con Debra, quien va subiendo.   - Buenas noches, Debra. - la saludo.   - Buenas noches, Aaron. - me devuelve el saludo. - Luego te paso por debajo de la puerta el recibo.   Me detengo y me giro para observarla. - ¿Qué recibo?   - De que pagaste la renta hasta fin de año. - me dice también deteniéndose.    - ¿Qué? ¿En qué momento pague tantos meses de renta? - pregunto confundido.   - Bueno, no tú, sino tú novia.   - ¿Qué? - vuelvo a preguntar confundido.   - ¿Te encuentras bien? Ella me dijo que ibas a estar algo atontado luego del accidente que tuviste.   - ¿En qué momento paso todo eso?   - Cerca del mediodía. Te bajaste de su auto y ella te acompaño hasta tú departamento. Se fue y volvió a los minutos, te dejo unas cosas y como no quería molestarte me las dejo a mí. Las puse en el cuarto de portería. Te has buscado una chica muy bonita, Aaron. - dice eso ultimo mirándome picara.   - Gracias... - digo aún con sorpresa.   Sigo bajando los escalones que me faltan y me dirijo hacía el cuarto de portería. Termino de sorprenderme cuando veo que hay una bicicleta nueva y a su lado veo que hay unas bolsas, que al observar en su interior veo que es comida... latas, cajas, paquetes, condimentos.   Rápidamente tomo las bolsas y vuelvo a subir hacia mi departamento para dejarlas. Cuando bajo nuevamente, tomo la bicicleta y veo que tiene una tarjeta pegada, en la que se lee mi nombre en grande. Al darle vuelta, veo que es una de esas tarjetas personas de presentación.   "Annika Virago. Empresaria. Diseñadora de moda."  Recuerdo su mirada de indignación y molestia cuando le dije que no sabía quién era. Pero la verdad es que no soy muy bueno con los rostros y nombres de famosos. A menos que sean deportistas.   Debajo está su número de teléfono. Mañana tendré que llamarla para agradecerle.   Me subo a mi nueva bicicleta y comienzo a andar hacía la casa de mi amigo. Me alegra no tener que tomarme el subte, me da algo de claustrofobia lo encerrado y repleto de personas.   Cuando llego a la casa de Josh, voy directamente por el jardín y tocó la puerta trasera que da al sótano.    Luego de que él se separa de su mujer, tuvo que volver a vivir con sus padres, luego de pagar el divorcio y tener que pagar la cuota alimentaria de sus dos hijos. Al igual que yo, su vida está algo tambaleada en estos momentos y busca volver a acomodarse.   - Amigo. - dice con una sonrisa al abrirme la puerta, pero queda serio al verme. - ¿Qué te ha pasado en la frente?   - Me caí de la bicicleta.   - A que debiste ir en las nubes como acostumbras.   - No precisamente...  - Anda pasa, que la pizza se enfría y ya está por empezar el juego.   El sótano donde se está quedando provisoriamente es pequeño, pero aun así practico. Tiene un pequeño baño, una cocina con lo básico, un catre a un costado, un televisor y dos sillones de playa frente a una mesita plástica, en la que encima ya hay dos botellas de cerveza y una caja de pizza. La tele ya está encendida en el canal del partido, todavía no empieza, por lo que hay propagandas.   Nos sentamos y comenzamos a comer.   Y como si fuera una especie de señal del universo, la veo en la televisión.   - Con solo 33 años, la empresaria y fundadora de la línea Virago, Annika Virago, se posiciona en el ranking de las 100 mujeres más influyentes del mundo, según la revista Forbes. - dice la enunciadora mientras pasan una nota de ella hablando en un reportaje. - Próxima a inaugurar nuevas sucursales en el mercado a******o y a pocas semanas de su nuevo desfile...  - Está buenísima... - dice Josh.   - ¿La pizza? - le pregunto.   - Claro que no tarado, la mujer esa. Mi madre en su baño tenía una revista en la que era la portada, dios...  - No me interesa saber lo que haces en el baño con esa revista. - lo detengo.   - Soy un hombre divorciado con necesidades Aaron. Sabes que siempre tuve debilidades por las rubias.   Quedamos en silencio, mientras Annika sigue en la televisión, siendo entrevistada. Las mujeres rubias no suelen llamar mi atención, pero si que es bonita.   Tomo el control remoto y le quito el volumen al televisor.   - Necesito decirte algo...  ****  - ¿Y qué diablos haces conmigo aquí, comiendo pizza en el sótano de mis padres? ¡Deberíamos estar celebrando! - dice cuando termino de contarle lo que sucedió hoy. Quedo en silencio, mirándolo. - Me imagino que le has dicho que sí.   - No.   - ¿¡No!? - exclama incrédulo. - Una preciosura te contrata para que te hagas pasar por su falso prometido en la boda de su hermana, que va a ser en Mónaco y no solo con todo pago, sino que te va a pagar aparte y tú ¿¡le dices que no!? - grita eso ultimo alterado.   - Si, en resumidas palabras sí.   - ¿Te has dado duro la cabeza contra el asfalto? - me pregunta serio. Me mira pensativo. - ¿Qué prefieres que te salga una ampolla en un dedo del pie o ganarte la lotería?   - ¿Es en serio?  - Necesito corroborar que todas las neuronas te funcionan con normalidad.   - Eh.... la dos.   - ¿Tenías que pensarlo?   - No lo sé...  - ¡Aaron! - grita. - Llama a esa chica. No seas imbécil.   - No puedo Josh, sería muy raro todo.   - ¿A qué te refieres?  - Mentirle a toda su familia, hacerme pasar por alguien que no soy, fingir ser el prometido de alguien. No me suena bien, tanta mentira no termina bien. Me conozco, no podre con la presión.   - Carajo, ¿por qué eres tan santurrón? Necesitas un empleo, te ofrecen uno de puta madre ¿y te preocupa unos desconocidos? ¡Piensa en ti! Demonios Aaron. ¿No piensas en los beneficios que podría traerte tener entre tus contactos a una mujer como esa?   - No me gusta aprovecharme de la gente, me da una sensación de malestar.   - ¡Casi te mata! Está en deuda contigo.  - Ya te dije que me dio una bicicleta nueva, comida y pago mi renta. ¿Qué más puedo pedir?   Me mira incrédulo.  - No puedo creer que vas a desperdiciar una oportunidad única como esa. Ojalá hubiera sido a mi quien le ofrecieran eso.   - Te paso su número si quieres.   - ¡Te quiere a ti tarado!   - Eso es lo extraño, ¿por qué yo?   - Porque eres alguien agradable, amable, guapo... a y casi te mata y no la demandaste.   - Yo también iba distraído.   - ¡Se paso un semáforo en rojo!  - Ese no es el punto.   - No. El punto es que eres un imbécil.   - ¿Y eso por qué?  - Porque rechazas unas vacaciones pagas en Mónaco con nadie más que con Annika Virago, esa diosa hecha mujer. Le vendería mis padres al diablo porque ella me atropellara.   - Ahora que lo pienso, ¿no es a ella a quien los medios le dicen el diablo?   - Los periodistas machos no soportan a una mujer con poder.   - Prefiero no meterme en líos.   - Solo es un fin de semana...  - Fingiendo.   - Tomando un papel, un rol. - dice. - En la escuela siempre te apuntabas en las obras de teatro.   - ¡Esto no es una obra escolar!   - No, es aún mejor. Tú coestrella es una famosa. Y el escenario es Mónaco, que es sinónimo de lujos. Aaron, es un sueño. Eso no le pasa a gente común y te ha tocado a ti. ¡Por dios! Tienes que aceptar, me romperás el corazón amigo.   - No exageres.   - Llevas unos años de pasándola como la mierda. Te ofrecen un respiro, un escape. Por una semana tú única preocupación será que vas a elegir para comer en un bonito restaurante. Luego vuelves a la realidad de buscar trabajo y sigue batallando con las responsabilidades de la gente de clase media. Toma esa tarjeta y llama a esa mujer. O yo lo haré por ti.   Suspiro.  ¿Qué sería lo peor que podría pasar si acepto?   Es de mañana temprano, cuando tomo mi celular y le marco. A los pocos segundos, oigo su voz al otro lado de la línea.   - Annika Virago, ¿Quién habla?   - Ho... Hola... Annika...  - ¿Quién habla? - vuelve a preguntar con esa voz firme.   - Eh... Aaron... nos conocimos ayer, tú me trajiste a mi casa y...  - Querrás decir que te atropelle. - me interrumpe. - Si Aaron, te recuerdo. ¿Qué necesitas?   - Lo pensé y.... y me interesaría oír tú.... propuesta... Quiero el trabajo...   
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR