Aaron
- ¿Qué dirás en el trabajo? - le pregunto.
- Qué tuve una emergencia con mis padres. - me responde Josh.
- Bien...
- ¿Seguro que quieres que vaya? - me pregunta. - Puedo sacrificar las vacaciones pagas si es que quieres estar a solas con ella.
- ¿Por qué quisiera estar a solas con ella?
- Ay dios. - se queja con fastidio. - ¿Eres ciego o idiota? Yo creo que ambas.
- Tan solo me contrato porque necesita alguien que le dé una mano y que no haga preguntas. Además, estoy seguro de que lo hace por lastima, sino no me explico.
- ¿Ayer oíste esa parte en la que te llamo "guapo"? ¿O tú mente se desconectó de tú cerebro?
- Eso no significa nada. Además, no estaría con alguien como yo.
- ¿Y cómo sabes eso? De todos los hombres que pudo haber contrato te eligió a ti.
- Solo le agrade porque no me intereso demandarla. Y, además, le va a presentar a sus padres un Aaron que no soy yo. Es así como sé que no estaría con alguien como yo.
- Solo trata de impresionar a los viejos.
- Oye, no la culpo. Ese Aaron suena más interesante.
- Una vez fuiste ese Aaron. - me dice. - Y ya pronto volverá.
- ¿Tú crees?
- ¡Claro que sí! - dice con una sonrisa. - Y todo gracias a esto. - saca del bolsillo de mi mochila el cheque en blanco que me dio Annika ayer y lo extiende delante de mi rostro. - Este es tú boleto de subida amigo.
- Tampoco para tanto, no me voy a aprovechar.
- ¡Aaron! Por algo de lo dio en blanco, dios santo. - dice con fastidio. - ¿Sabes cuanta gente mataría por tener un cheque en blanco y que puedan llenarlo con el monto que quisieran? ¡Es una puta locura!
- Vuelve a guardarlo. Que necesito las manos y no me gustarían que me corten una para quitarme eso de la mano.
Vuelve a guardar el papel en mi mochila. - Para ser que estamos a punto de pasar un fin de semana en Mónaco con todo pago, estás muy tranquilo, por no decir para nada excitado.
- Creo que sigo esperando el momento en el que me despierte, o me digan "Aaron fuiste parte de una cámara oculta"
-Amigo, nunca sería cómplice para que te hagan una broma... bueno, en realidad sí, pero en está ocasión juro que es verdad.
Nos detennos de caminar, cuando llegamos al frente de la casa de Annika. Vive en una de esas bonitas y elegantes casas, de las que tienes que subir unos escalones para llegar a la puerta, tan típicas en Manhattan.
Toco el timbre y al minuto, su asistente nos abre.
- Buenos días. - nos saluda.
- Hola. - decimos con Josh.
- Pasen, la señorita Virago los está esperando.
Nos adentramos y lo seguimos hacía la misma sala en la que estuvimos ayer, en la cual no hay rastros de ella. Observo el lugar con más detenimiento. Predetermina el blanco, con algunos detalles en n***o. Encima de cada mesa, cualquiera que sea tu tamaño, hay un jarrón con flores. El ambiente tiene un aroma delicado y muy agradable. Tiene dos enormes cuadros con fotos artísticas en blanco y n***o de ella. Otro de los lados de la pared tiene una amplia estantería blanca, llena de libros, adornos y portarretratos. Me acerco para observarlos y veo que todos son de ella con diferentes personas, que dudo que sean su familia.
- La señorita Virago conoce a muchas celebridades. - me dice su asistente. - Cantantes, actores, modelos, otros diseñadores...
- ¿Alguna de las fotos es con su familia? - pregunto.
Lanza una leve risa. - Lo último que pondría en su casa, es una foto de su familia. O de cualquier otro que no sea ella misma, o ella misma con un famoso.
- ¿Hace cuánto que trabajas para ella? - le pregunta Josh.
- Tres años. - responde. - A su asistente anterior le dio un acv.
- ¿Cuántos años tenía? - le sigue preguntando mi amigo.
- Creo que unos 30... - responde, restándole importancia.
Con Josh nos miramos abriendo ampliamente los ojos.
- ¿Es verdad que es "el diablo"? - pregunta Josh divertido.
- Josh... - lo regaño por lo bajo.
- Es exigente, ¿acaso tú jefe no es un grano en el trasero? - sigue diciendo él. - Ese rumor lo empezaron los hombres de contabilidad, que no soportan a una mujer dándoles ordenes, encima que es más lista que todo ellos juntos. - me mira. - Así que si tienes un problema con eso, será mejor que no tomes el trabajo.
- Fui criado por una madre soltera que me lo dio todo. - digo. - Créeme que nada me maravilla más que una mujer con poder y que no necesita a ningún hombre.
- Perdonen la demora. - la oímos entrar, interrumpiendo nuestra charla. - Estaba ultimando detalles. - nos observa a los tres juntos. - ¿Qué sucede?
- Nada. - decimos a coro.
- Bien. - nos dice. - Logan está por venir, así que tomen asiento mientras lo esperamos.
- ¿Quién es Logan? - no puedo evitar preguntar.
- Es estilista, es quien está siempre a cargo de coordinar los peinados en mis desfiles. - dice sentándose en el sofá. - Nos ayudara con... su aspecto.
- ¿Qué? ¿Qué tiene nuestro aspecto? - dice Josh.
- Que no parecen que están por ir a pasar un fin de semana en la ciudad que alberga la mayor cantidad de millonarios. Es un lugar exclusivo, lleno de glamour y lujos. Y ustedes dos, son mis invitados. Así que tienen que ir como tal. Allí no van a ser Aaron el chef despedido y Josh... ¿Qué haces tú?
- Soy maestro.
- Josh, el maestro en una escuela mediocre. - dice. - Sino que son los empresarios Aaron... Richardson, dueño de un exitoso restaurante. Y su socio Josh... Hoffman. Quienes quieren expandir su negocio en la Riviera francesa. ¿Sí?
- Si. - decimos a dúo.
Suena el timbre.
- Debe ser Logan, Patrick. - dice ella.
- Iré a abrirle. - dice este y se dirige hacia la puerta.
En la sala comienzan a entrar mujeres, quienes llevan de esos percheros móviles con ruedas, de los que cuelgan perchas con distintas prendas. Hay uno de solo camisas, otro de sacos, y uno más de pantalones. Por último, entra un hombre, que parece ser más joven que nosotros. Está todo vestido de blanco y su cabello lo tiene teñido de un rosa claro. En su mano lleva un maletín n***o.
- Logan. - dice Annika parándose. Se acerca a él.
- Annika querida. - dice este. Se dan un beso en cada mejilla.
- Gracias por venir tan rápido, sobre todo con la poca anticipación con la que te llame.
- Cualquier cosa por ti. - dice. Posa su vista en nosotros. - ¿Qué tenemos aquí? - se quita lo lentes de sol oscuros.
- Aaron y Josh. - nos presenta Annika.
- Aja... - dice él acercándose más y examinándonos. - ¿Estilo?
- Riviera francesa.
- Aja... - vuelve a decir sin quitarnos la vista. - ¿Cuál es el prometido?
- Eh, yo... - digo levantando mi mano. - Aaron.
Toma mi rostro con su mano. Me observa de un lado y luego del otro. Quita su mano de mi rostro y la lleva a mi cabello.
- No está tan mal, podría funcionar. - dice. - Muy bien chicas, manos a la obra, que tenemos mucho trabajo por delante. Empezando por hacer desaparecer esa barba.
- No. - digo en seco, haciendo que tanto él, como Annika me miren con sorpresa. - La barba se queda.
- No querido, no va con el estilo. - dice él.
- Lo siento, pero no, no voy a acceder a eso. Cualquier otra cosa si, pero eso no.
El estilista mira a Annika y yo también poso mi mirada en ella. Alterna mirada entre uno y otro.
- Bien. - dice seria. - Acepto tu petición.
- Annika... - se queja él.
- Sabrás apañártela. - le dice ella. - No hay tiempo que perder, así que empieza.
- ¿Con quién empiezo? - dice mirándonos. Yo señalo a Josh y él me señala a mí. - Tendré que elegir yo. Comencemos contigo Prometeo. - me toma del brazo y me levanta.
***
Annika
Pasamos toda la mañana arreglando a Aaron y Josh.
Logan le dejo la barba a Aaron, tal como él quería, pero la en prolijo y recorto apenas, al igual que su cabello. Josh, por el otro lado, se dejó hacer lo que sea. Así que le quito esa barba de tres días y le dejo el cabello más corto.
Los dos quedaron con estilos diferentes, bien marcados, pero a la par se ven bien juntos. No quedan tan como gemelitos.
Lo mismo con la ropa. Dentro de lo que usa para pasar el verano en Mónaco, eligió dos estilos que se diferencian. Y eso me gusta, quiero que Aaron resalte. Creo que lo que más me "gusta" de él es que tiene su estilo. Con su barba tupida, el cabello largo, no son los típicos hombres que me rodean. Bien afeitados, con trajes impecables y sus cabellos cortos bien peinados. Su aspecto tiene ese algo como... como salvaje, pese a que tiene esa cara de niño bueno.
Por ultimo. Logan les dejo armados ya distintos outfits, para diferentes ocasiones. De ese modo, siempre estarán bien vestidos.
Una vez que termina, lo acompaño a Logan hasta la puerta.
- Te agradezco mucho. - le digo. - Los has dejado perfectos.
- Cualquier cosa me llamas, bonita. - me dice. - Por cierto. Tienes buen ojo para elegir, como con todo. - me susurra eso ultimo.
- Ya vete.
- Buen viaje, llámame cuando vuelvas, quiero oír todo. - nos despedimos con otro beso en cada mejilla y cierro la puerta.
Al volver a la sala, Aaron y Josh están parados tiesos, como si fueran maniquís.
- Oigan, ya se fue, pueden moverse y respirar de nuevo. - les digo. - Que no los voy a poner en una vidriera.
Ambos relajan los hombros.
- En un momento ya me daba miedo de respirar. - dice Josh.
- Si, él es así. - digo. Los observo de arriba a abajo. - Pero hizo un excelente trabajo. Traten de llegar así al viernes, ¿sí? - asienten. - Pueden hablar.
- Si, señorita Virago. - dicen a dúo.
Suspiro con fastidio. - Empiecen a llamarme Annika, porque más que mi prometido y su amigo, van a parecer mis lacayos. - digo. - Patrick, Josh, les voy a pedir que se marchen. Me gustaría hablar con Aaron a solas.
- ¿Espero en tú oficina? - pregunta Patrick.
- No Patrick, espera en tú sofá nuevo, en tu casa. - le digo. - Lleva a Josh a la suya también.
- Está bien... - dicen los dos.
Una vez que se van, quedamos solos con Aaron, quien se encuentra sentado en uno de los sofás. Regreso a la sala, luego de ir por el documento a mi oficina. Lo dejo sobre la mesa baja que está al centro.
- ¿Qué es eso? - me pregunta extrañado.
- Puedes quedarte tranquilo que no es un acta de matrimonio. - digo sentándome en el sofá de enfrente. - Es un contrato. Como ya te dije, vas a estar trabajando para mí, por lo que tienes que firmarlo.
- ¿Es necesario?
- Si, no dejo nada al azar. Puedes leerlo, claro.
Comienza a pasar las numerosas hojas. - ¿Hay un resumen?
- Solo pongo los detalles que ya acordamos y obvio las cláusulas. Como que no puedes decirle a nadie sobre nuestro acuerdo. Ni en ese fin de semana, ni nunca en tu vida. - hay algo de preocupación en su mirada. - Es solo un contrato de confidencialidad, no te preocupes tanto.
- ¿Tienes pluma?
- ¿Acaso no quieres leerlo?
- No creo terminar en menos de cinco días.
Suspiro y le extiendo una pluma. Él la toma y firma en cada página. Cuando termina me extiende el documento.
- Bien Aaron, ya es oficial ahora. Estamos bajo contrato. Y como en todo contrato y negocio, las emociones quedan afuera. ¿Entendido?
- Si... Annika. - me responde.
- Bien. Ya verás que se pasará enseguida y será muy sencillo...
Él asiente con una leve sonrisa.