Quiero llorar, por un demonio si no. Mis piernas están temblando como solo un hombre ha logrado que pasara, con la diferencia que los sentimientos que me recorren ahora son solo desagradables. Quiero gritar, exigirle que se vaya, pero me encuentro paralizada, sosteniendo mi toalla con tanta fuerza que seguro me dejaré marca, pero me siento tan indefensa sabiendo que estoy prácticamente desnuda ante un desconocido que se coló a mi habitación de hotel. - Un placer verla en esta oportunidad, Venus – sus palabras son amables y hasta cordiales, pero es como si escupiera cada una. Él quiere hacer algo para arruinarme, y estoy segura que podría hacer cualquier cosa. - ¿Qué haces aquí? – tengo muchas preguntas, pero me atrevo a hacer la más importante obligando a mi cuerpo a actuar contrario a

