Al estar a tan solo un metro de la oficina puedo escuchar la voz de Rodrigo algo alta, por lo que supongo que todavía tiene la cabeza metida en el culo dándole importancia a lo que no debería. - ¿Qué ocurre? – pregunta con delicadeza Venus. No le respondo, pero tomo su mano, entrelazo nuestros dedos y le aprieto un poco intentando llenarme de control. Entramos a la oficina y apenas se abre la puerta el imbécil tiene la decencia de callarse, pero solo basta con vernos juntos para que se acerque en largas zancadas. No tengo idea de que mierda pretendía hacer, pero solo basta con que me adelante un paso para que se frene. Soy un jodido hombre que ha pasado por mucha mierda, y entre ella están los superiores que creyeron que podían j***r conmigo. No lo hicieron en la marina y por un demo

