Se quedó quieto y volvió a acomodarse en el asiento, acomodándose las gafas oscuras. La película era demasiado patética, pero si Serena quería seguirla viendo, no le quedaba más que aceptar. Siguió mirando su expresión concentrada y de repente, una mueca parecida a una sonrisa le torció los labios. —Yo en el lugar del tipo me trago a la mujer esa y luego me voy a buscar a alguien como tú. No obtuvo más respuesta que su mano acercándole otro poco de palomitas a la boca. —Serena, si tú quieres, puedo ser tu chico lobo. Podría rugirte todo lo que quieras y... —jShhh! — volvieron a replicar todos a la misma vez. Maldición, ¿no pensaban dejarlo hablar? Se volteó hacia Serena como para seguir hablando, pero ella también estaba demasiado concentrada y parecía estar en su propio mundo,

