—¿Y mi hermanita, no se ha atrevido a pisar la casa? —se mordió el labio y aumentó el sarcasmo en su voz—. ¿Acaso se ha fugado o qué? —No, no ha regresado… —Serena respondió tranquilamente. —Eso quiere decir que estamos solos, ¿verdad? —Daniel soltó una sonrisita. —¿Y cómo harás para hacer eso que dijiste qué harías ayer? —Daniel le preguntó a Rick, le lanzaba miradas fugases mientras manejaba. —¿Hacer qué? —Rick no estaba entendiendo a que se refería su amigo. Y frunció el ceño. —Acostarte con Miranda —dijo exasperado. Esta vez no apartó la mirada de la carretera. El rostro de Rick se oscureció enseguida al escuchar a su amigo preguntarle por eso. Tosió un par de veces, girando su rostro hacia la ventana lateral del vehículo, irguiéndose sobre el asiento Daniel elevó ambas cejas,

