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2756 Palabras
CHAPTER FIVE, BEAUTIFUL DOG                SALIERON DEL CASTILLO Y CRUZARON LOS TERRENOS QUE LO RODEABAN. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del bosque prohibido.  Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.  Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo «Atrás, Fang, atrás» la gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta. —Entren —dijo— Atrás, Fang. Estan en su casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía. Y era muy lindo, Lyra amaba a los perro, siempre quiso uno. —Él es Ron —dijo Harry a Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel— y ella es Lyra. —Otro Weasley, ¿verdad? —dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron— Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos  gemelos del bosque —después miro a Lyra con una sonrisa triste— y conozco a tu abuelo, un gran hombre. El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry, Ron y Lyra fingieron que les gusto, mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a las primeras clases.  Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica mientras que Lyra le hacía caricias en la cabeza. Harry y Ron se quedaron fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».  —Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang —Lyra rio— Cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo, no me puedo librar de ella. Filch la envía a hacerlo.  Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.  —Pero realmente parece que me odie. —¡Si! Y a mi también parece odiarme —dijo Lyra tomando un poco de té— es muy amargado. —Bueno pero tú le hiciste burla en la primera clase adelante de todos —señaló Ron. —¿Que hiciste qué? ¿Le hiciste burla al profesor Snape? —la ojigris asintió y Hagrid susurro «es igual a él» pero la rubia no lo escucho, estaba muy ocupada mimando a Fang— ¡Tonterías! ¿Por qué iba a hacerlo?  —¿Y cómo está tu hermano Charlie? —siguió Hagrid— Me gustaba mucho, era muy bueno con los animales. ¿Y tu abuelo Lyra? Lyra y Harry compartieron una mirada, se habían dado cuenta que Hagrid estaba cambiando de tema a propósito.  —¡Hagrid! —dijo Harry— ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí! ↺  —ES UNA BROMA. Era la hora de la cena. Harry había terminado de contarles todo lo que pasó después de las clases de vuelo. Ron tenía un trozo de carne y pastel de riñón en el tenedor; pero se olvidó de llevárselo a la boca.  —¿Buscador? —dijo— Pero los de primer año nunca... Serías el jugador más joven en...  —Un siglo —terminó Harry, metiéndose un trozo de pastel en la boca— Wood me lo dijo.  —Me siento como toda una madre orgullosa, James —le dijo Lyra mientras lo abrazaba. El tema de llamarlo por su segundo nombre lo habían decidido hablando con Ron, el decia que ni Harry ni Lyra tenía un sobrenombre bueno, entonces Ron decidio que Lyra sea Nix por Phoenix y Lyra dijo que Harry iba a ser James, pero Ron estuvo en desacuerdo «No me gusta, mejor me quedo con Harry» habia dicho el pelirrojo. —Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harry mientras correspodia el abrazo de la ahora peliazul— Pero no se lo digan a nadie, Wood quiere mantenerlo en secreto.  —Somos una tumba. Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vieron a Harry y se acercaron rápidamente.  —Bien hecho —dijo al que Lyra distinguió como George— Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores.  —Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso —dijo Fred— No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacerlo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo contó.  —Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio. —¿Pasadizo? ¡Merlín! Tienen que contarme donde queda —hablo la de ojos grises, los pelirrojos la miraron con una sonrisa. —Fred mira lo que tenemos aquí —dijo George mientras le agarraba un mechon de cabello azul. —George creo que encontramos a... —Fred se sento al lado de ella sin percatarse que empujó a Harry que casi se ahogaba. —... nuestra nueva compañera de travesuras —completó el otro pelirrojo. Y asi se la llevaron con Lee para mostrarle algunos pasadizos y pensar alguna broma para molestar a Filch. ↺            ESA NOCHE, a las once y media Ron y Harry esperaban en la sala comun a que baje Nix. La chica no se había dado cuenta que detrás de ella venía una Hermione baste enojada y con una bata rosa. —Vamos, ya quiero ver a ese rubio perder —dijo Nix caminando donde la esperaban Ron y Harry. —No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry. —¡Tu! —dijo Ron furioso— ¡Vuelve a la cama!  —Estuve a punto de decírselo a tu hermano —contestó enfadada Hermione— Percy es el prefecto y puede deteneros. Y Lyra ¡por favor! pense que eras mas inteligente que ellos y que los ibas a convencer de no ir. Lyra no entendia nada, ¿de donde habia salido Hermione? ¿y por que le estaba reclamando? si cuando ella salio del cuarto estaba durmiendo. —Vamos —dijo Harry. Empujó el retrato de la Dama Gorda y se metió por el agujero. —No les importa Gryffindor; ¿verdad? Sólo les importa ustedes. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y ustedes van a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los  encantamientos para cambios. —Bueno... —empezo a hablar Lyra— los puedes ganar de nuevo ¿no? Ron reprimio una risa y Hermione la miro con la misma cara que la miró McGonagall cuando la atrapó tirando una bomba fetida en la tarde. —Vete.  —Muy bien, pero les avise. Recuerden todo lo que les he dicho cuando esten en el tren volviendo a casa mañana. Son tan...  Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retrocedido hasta el retrato de la Dama Gorda, para volver y descubrió que la tela estaba vacía. La Dama Gorda se había ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada, fuera de la torre de Gryffindor.  —¿Y ahora qué voy a hacer? —preguntó con tono agudo.  —Ése es tu problema —dijo Ron— Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde.  —Voy con ustedes —dijo.  —No lo harás. —¿No creen que me voy a quedar aquí, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los cuatro, yo le diré la verdad, que estaba tratando de detenelos. —Eres una caradura —dijo Ron en voz alta.  -¡Por Merlín, Hermione! —ahora fue el turno de Lyra para protestar. —Callense —dijo Harry en tono cortante— He oído algo. —¿La Señora Norris? —resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad.  No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.  —¡Gracias a Dios que me han encontrado! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.  —No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde. —¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harry. —Bien —contestó, enseñándosela— La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.  —Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde...  —¡No me dejen! —dijo Neville, tambaléandose— No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces. Lyra queria reirse de Neville pero se contuvo. Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Hermione y Neville.  —Si nos atrapan por su culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra ustedes.  Hermione abrió la boca, tal vez para decir a Ron cómo utilizar la Maldición de los Demonios, pero Lyra la hizo callar y seguieron a Harry. Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos. Malfoy y su gorila todavía no habían llegado. —Se está retrasando, tal vez se ha acobardado —susurró Ron.  —No me sorprendería —le contestó Lyra. Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces. No era Malfoy.  —Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.  Era Filch, hablando con la Señora Norris. Lyra no lo podía creer por culpa de Filch iba a meterse en problemas dos veces en el día. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch.  Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos.  —Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar— Probablemente se han escondido. —¡Por aquí! —señaló Harry y empezaron a correr por una larga galería, llena de armaduras. Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbitamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura. De nuevo Lyra queria reir por la desgracia de Neville pero no era el momento.  Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.  —¡CORRAN!  Se metieron a través de un tapiz y se encontraron el pasadizo oculto que Fred y George le habían mostrado a la rubia, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos. —Creo que lo hemos despistado —dijo Harry, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.  —Te... lo... dije —añadió Hermione, apretándose el pecho— Te... lo... dije.  —Tenemos que regresar a la torre de Gryffindor —dijo Ron— lo más rápido posible.  —Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry— Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.  —Bueno Hermione, ahora eso no es lo más importante —defendió Lyra a su amigo.  —Vamos. Alguien salió de un aula que estaba frente a ellos. Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría. —¡Hola Peeves! —susurro alegre Lyra, los demás la miraron raro, ¿como podia estar tan alegre mietras que ellos estaban que morian del miedo de encontrarse con Filch? —Potter y Black de nuevo juntitos —cantaba Pevees aun sin levantar la voz. La rubia estaba a punto de preguntar quién era Black, pero a Ron se le ocurrió hablar. —Quítate de en medio —ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves. —¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA!—gritó Peeves— ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!  Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.  —¡Estamos listos! —gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta— ¡Esto es el final!  —Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró— ¡Alohomora! Lyra penso que era mejor tener a Hermione de su lado por si pasaban por más cosas como esa podrían librarse muy fácil. El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.  —¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch— Rápido, dímelo.  —Di «por favor».  —No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.  —No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.  —Muy bien... por favor.  —¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido. —Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry— Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Lyra miro a Neville que tiraba de la manga de Harry— ¿Qué pasa?. No estaban en una habitación. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.  Estaban mirando directamente a los ojos de un perro, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.  Lyra pensó que era un perro hermoso,  pero no queria llegar a saber el dolor que podia causarle una mordida de ese perro, asi que retrocedieron y Harry cerró la puerta tras ellos. Corrieron, en realidad Harry la llevaba agarrada de la mano porque Lyra no se movia, no era porque estaba asustada,el perro le habia fascinado y en realidad no se queria ir. Tenia que contarle a su abuelo lo que habia visto. No dejaron de correr hasta que alcanzaron el retrato de la Dama Gorda en el séptimo piso.  —¿Dónde se habían metido? —les preguntó. —No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo —jadeó Harry, y el retrato se movió para dejarlos pasar. Se atropellaron para entrar en la sala común y se desplomaron en los sillones. Pasó un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, parecía que nunca más podría decir una palabra.  —¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —dijo finalmente Ron— Si algún perro necesita ejercicio, es ése. —¡Ese perro es genial! Nunca habia visto uno como ese —hablo con felicidad Lyra. Todos la miraron de una forma extraña. —¿Es que no tenienen ojos en la cara? —dijo Hermione enfadada— ¿No vieron lo que había debajo de él?  —¿El suelo? —sugirió Harry— No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.  —No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.  Se puso de pie, mirándolos indignada.  —Espero que esten satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado. Ahora, si no les importa, me voy a la cama y Lyra tendrías que hacer lo mismo. Ron la contempló boquiabierto.  —No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no? —Ron ahora miraba a Lyra— ¿como haces para soportarla? Lyra se encogió de hombros y les dio un beso a Ron y a Harry en la mejilla como saludo y a Neville le palmeo la espalda. —Nos vemos mañana —saludo con la mano y con una sonrisa en la cara subio las escaleras al cuarto de chicas. Harry la miraba subir las escaleras con una sonrisa. Le gustaba ver a la castaña sonreir,en lo poco de tiempo que llevaba conociendola siempre sonreia. 
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