xiii.

4492 Palabras
CHAPTER THIRTEEN, WOW TRAS LA CENA, los cuatro se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor queria hablar con ellos, exceptuando a Lyra. Esa chica se habia ganando el cariño de todos, Harry no se sorprendería de que algún Slytherin le tuviera aprecio. Hermione revisaba sus apuntes, confiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían. Pero Lyra se quedo hablando con los gemelos hasta que se fueron a dormir. Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.  —Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y saludando a Nix.  —Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos aseguremos de que nos cubra a los cuatro... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...  —¿Qué van a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.  —Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda.  Neville observó sus caras de culpabilidad.  —Van a salir de nuevo —dijo.  —No, no, no —aseguró Hermione— No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?  Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.  —No poden irse —insistió Neville— los volverán a atrapar. Gryffindor tendrá más problemas.  —Tú no lo entiendes —dijo Harry— Esto es importante.  Pero era evidente que Neville haría algo desesperado. Lyra queria a Neville, pero en ese momento queria pegarle una patada y salir corriendo en busca de Snape. —No dejaré que lo hagán —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato— ¡Voy... voy a pelear con ustedes!  —¡Neville! —estalló Ron— ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!  —¡No me llames idiota! —dijo Neville— ¡No me parece bien que sigan faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!  Era lo único que le faltaba a Lyra, que alguien le dijera que era lo que podia hacer y no en un lugar donde sus abuelos no estaban para mandarla. Ella iba a romper todas las reglas que se le dieran las ganas. —Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron— Neville, no sabes lo que estás haciendo. —Neville te voy a pegar y estoy segura que te va a gustar —hablo ya harta Lyra. Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer a su sapo. —¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levantando los puños— ¡Estoy listo!  La ojigris se subio las mangas, dio un paso lista para pegarle un derechazo, pero Harry la agarro de los hombros para que no le pegara a Neville. Harry se volvió hacia Hermione, agarrando a Lyra que queria salir de su agarre para pegarle. —Haz algo —dijo desesperado. Hermione dio un paso adelante.  —Neville —dijo— de verdad, siento mucho, mucho, esto.  Levantó la varita.  —¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville. Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus piernas se juntaron.Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.  Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.  —¿Qué le has hecho? —susurró Harry.  —Es la inmovilización total —hablo ya mas calmada Lyra. —Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mientras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.  Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio.  Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.  —Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmuró Ron en el oído de Harry, que negó con la cabeza. Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio. No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.  —¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él.  Entornó sus malignos ojos negros. —Sé que estan aquí, aunque no pueda  verlos. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?  Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo.  —Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible. —Peeves —dijo Harry en un ronco susurró— el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.  Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.  —Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso— Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.  —Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry— Manténte lejos de este lugar esta noche.  —Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire— Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.  Y desapareció.  —¡Genial, Harry! —susurró Ron.  Lyra estaba orgullosa como una madre, James habia mentido a la perfección, estaba tan contenta que hasta de daría un beso. Obvio no se lo dio, seria algo raro. Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.  —Bueno, ya lo ven —dijo Harry con calma— Snape ya ha pasado ante Fluffy.  Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros tres.  —Si quieren regresar, no se los reprocharé —dijo— Pueden llevarse la capa, no la voy a necesitar.  —No seas estúpido —dijo Ron.  —Vamos contigo —dijo Hermione.  —¡No abandonamos soldados! —dijo Lyra. Harry empujó la puerta.  Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.  —¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione.  —Parece un arpa —dijo Ron— Snape debe de haberla dejado ahí.  —Debe despertarse en el momento en que se deja de tocar —dijo Harry— Bueno, empecemos...  Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.  —Sigue tocando —advirtió Ron a Harry, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla.  —Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, espiando por encima del lomo del perro— ¿Quieres ir delante, Hermione?  —¡No, no quiero! —Voy yo, señoritas —dijo Lyra burlándose, se acercó con cuidado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió. —¿Qué puedes ver? —preguntó Hermione con ansiedad.  —Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.  Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Nix y se señaló a sí mismo. —¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? —dijo Nix— No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir. Porque estoy segura que Ron toca peor que tú.  Ron iba a protestar pero no era el momento. Harry le entregó la flauta a Hermione y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.  Harry se acercó y miró hacia abajo.  Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos. Miró a Ron y a Lyra. —Si algo me sucede, no sigan. Vayan directamente a la lechucería y envien a Hedwig a Dumbledore. ¿De acuerdo?  —De acuerdo —respondió Ron aunque Lyra queria replicar, obviamente que si algo le pasaba no lo iba a dejar solo, ¿Por quien la tomaba? —Nos veremos en un minuto, espero...  Y Harry se dejó caer.  —¿Seguís con vida, James? —preguntó la chica ahora con el pelo color rosa. —¡Todo bien! —gritó Harry— ¡Fue un aterrizaje suave, pueden saltar! —¡Nos vemos en la segunda estrella a la derecha, y directo hacia el amanecer! —les dijo Lyra a Hermione y Ron, ninguno dijo nada, decir frases de libros era como su marca, las decia en cualquier ocasión, no le importaba si era buena o mala como esta. —¿Nix? ¿Estas bien? —preguntó Harry cuando Lyra cayó al lado suyo. —¡Es como estar acostada en una nube, James! —hablo emocionada. Alguien más cayó, era Ron. —¿Qué es esta cosa? —fueron sus primeras palabras.  —No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la caída. ¡Vamos, Hermione!  La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Lyra.  —Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la niña.  —Es un buen lugar para jugar a las escondidas ¿No? —dijo Lyra. —Me alegro de que esta planta esté aquí —hablo Ron ignorandola. —¿Te alegras? —gritó Hermione— ¡Miren! Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta comenzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los tobillos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta. Lyra sentia que algo le estaba apretando el cuello por lo que se empezó a desesperar.  Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atrapara. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse laplanta de encima, pero mientras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.  —¡Dejen de moverse! —ordenó Hermione— Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!  —Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.  —¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.  —¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta— le oprimía el pecho.  —Hermione fue... —Lyra que se estaba tornando de un color morado dejo de hablar porque la planta le apreto más fuerte el cuello. —¡Oh, no! ¿Lyra que era? —pregunto desesperada— Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo el profesor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...  —¡Entonces enciende un fuego! —dijo Harry.  —Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.  —¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron— ¿ERES UNA BRUJA O NO?  —¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione. Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los cuatro sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndose y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse. Lyra en el suelo se masajeaba el cuello mientras intentaba respirar normal. Harry la ayudo a pararse. —¿Estas bien? —le preguntó.  —Juro que vi la luz —dijo Lyra tratando de animarlos porqué la mirabam como si estuviera a punto de morir— ¡Uf! Eso me va dejar una marca no tan linda. —Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harry después de controlar que la respiración de su amiga sea normal. —Sí —dijo Ron— y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...  —Por aquí —dijo Harry agarrando con una mano a Lyra y con la otra señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.  —¿Oyes algo? —susurró Ron. —¿Crees que será un fantasma?  —No lo sé... a mí me parecen alas.  —Capaz son mariposas —dijo Lyra soltandose del agarré de Harry. Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.  —¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.  —Es probable —contestó Harry— No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.  Se taparon la cara y fueron tras Harry. Esperaban sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. La puerta estaba cerrada con llave. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.  —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron. —Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.  —¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry— ¡Son llaves! Llaves aladas, miren bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves— Sí... miren ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!  —¡Pero hay cientos de llaves!  Ron examinó la cerradura de la puerta.  —Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, como la manija.  Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas.  —¡Es ésa! —gritó Harry a los otros—Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.  Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.  —¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada— Ron, ven desde arriba, Hermione y Nix quédense abajo y no la dejen descender. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!  Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano, corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.  —¿Listos? —preguntó Harry a los otros tres, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron.  Abrió la puerta.  La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.  Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas.  Harry, Ron, Lyra y Hermione se estremecieron: las piezas blancas no tenían rostros.  —¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry  —Está claro, ¿no? —dijo Ron— Tenemos que jugar para cruzar la habitación.  Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta. —¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.  —Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.  Se acercó a un caballero n***o y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.  —¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?  El caballero n***o asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.  —Esto hay que pensarlo... —dijo— Supongo que tenemos que ocupar el lugar de tres piezas negras.  —Vamos a morir —susurro Lyra. —Bueno, no se ofendan, pero ninguno de ustedes es muy bueno en ajedrez...  —No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry— Simplemente dinos qué tenemos que hacer.  —Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry. Nix vas en posición de reina. —¿Y qué pasa contigo?  —Yo seré un caballo.  Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil, una torre y la reina dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres cuatro cuadrados que Harry, Ron, Lyra y Hermione ocuparon.  —Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero— Sí... miren. Un peón blanco se movió hacia delante. Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba.  —Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.  La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.  Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras  desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Lyra, Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.  —Ya casi estamos —murmuró de pronto— Dejenme pensar... dejenme pensar.  La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.  —Sí... —murmuró Ron— Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.  —¡NO! —gritaron los tres al mismo tiempo. —¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron— ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.  —Pero...  —¿Quieres detener a Snape o no?  —Ron...  —¡Si no se dan prisa va a conseguir la Piedra!  No había nada que hacer.  —¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido— Allá voy, y no se queden una vez que hayan ganado.  Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado.  Parecía desmayado.  Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry, Hermione y Lyra corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.  —¿Y si él está...?  —Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo— ¿Qué  creen que nos queda?  —Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...  Habían llegado a otra puerta.  —¿Todo bien? —susurró Harry.  —Adelante.  Harry empujó y abrió. Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.  —Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas— Vamos, no puedo respirar.  Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía...  Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.  —Snape —dijo Harry— ¿Qué tenemos que hacer?  Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.  —¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry y Lyra miraron por encima de su hombro para leerlo. El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,  dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,  una entre nosotras siete te dejará adelantarte,  otra llevará al que lo beba para atrás,  dos contienen sólo vino de ortiga, tres son mortales, esperando escondidos en la fila.  Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,  para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:  Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre  encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;  Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres  moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;  Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni  el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;  Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son  gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean  diferentes. —¿Tan difícil la tenia que hacer? —preguntó Lyra desesperada.  —No es difícil, Nix —dijo Hermione—Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre. —Pero nosotros también, ¿no?  —Por supuesto que no —dijo Hermione— Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego n***o y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.  —Pero ¿cómo sabremos cuál beber?  —Denme un minuto.  Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, se golpeó las manos.  —Lo tengo —dijo— La más pequeña nos llevará por el fuego n***o, hacia la Piedra.  Lyra miró a la diminuta botella al igual que Harry. —Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo— No hay más que un trago.  Se miraron.  —¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?  Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila. —Ustedes beban de ésa —dijo Harry— No vuelvan, busquen a Ron y agarren las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas pueden salir por la trampilla sin que los vea Fluffy. Vayan directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.  «¡Ja! Ese chico tenia que estar realmente mal si pensaba que lo iba a dejar solo, y más con Snape» penso Lyra. —Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?  —Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harry, señalando su cicatriz— Puede ser que la tenga de nuevo.  Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.  —¡Hermione!  —Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes.  —No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba. Harry pensó que no era lo mismo abrazar a Lyra que a Hermione, con Lyra siempre se sentía cómodo.  —¡Yo! —exclamó Hermione— ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!  —Beban primero —dijo Harry— Estás segura de cuál es cuál, ¿no?  —Que tome primero Hermione —Harry iba a protestar pero Lyra siguió hablando— Después vas a tomar tú, Harry. Y cuando me asegure de que pasaste voy a volver con Hermione.  Harry no se nego porqué sabia que cuando algo se metía en la cabeza de Lyra era imposible de sacar.  Hermione se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.  —No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhelante.  —No... pero parece hielo.  —Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.  —Buena suerte... ten cuidado...  —¡VETE!  Hermione y Lyra compartieron una mirada, era obvio a los ojos de Hermione que su amiga no iba a volver con ella y Ron. Giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.  Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.  —Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.  Una vez que Harry paso Lyra se supo a pensar como iba a hacer para no morir calcinada. Se dio animos a ella misma y agarro la primera botellita que vio. La tomo, no sintió nada asi que tomo otra. Se sintió débil al momento de dejar la segunda botellita vacía, estaba segura que alguna de esas dos que tomo tenia veneno, sino eran las dos.  Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban.  Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.  No era Snape quien peleaba con Harry. Y tampoco era Voldemort.
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