xi.

3969 Palabras
CHAPTER ELEVEN, FORBIDDEN FOREST LAS COSAS NO PODÍAN HABER SALIDO PEOR. Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba.  Lyra ya estaba acostumbra a estar en ese despacho, sabía muy bien que aunque McGonagall lo negara, que la apreciaba. Siempre que la encontraba con las manos en la masa la llevaba a su despacho para decirle que lo que hacía estaba mal y después  terminaban hablando de las clases o cosas triviales. En cambio a los gemelos Weasley cuando los encontraba en medio de una broma los llevaba con Filch para que los haga limpiar alguna parte del castillo. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville. —¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio— Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...  Lyra le hacia señas a Neville para que no hablara más y Harry negaba violentamente con la cabeza, pero la profesora McGonagall los vio. Los miró como si echara fuego y se irguió, amenazadora, sobre los cuatro.  —Nunca lo habría creído de ninguno de ustedes. El señor Filch dice que  estaban en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una  explicación.  Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de  un profesor. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.  —Minnie...—empezó Lyra pero la jefa de casa la miro mal— Profesora McGonagall —se corrigió— todo es culpa mia, obligue a Hermione y a Harry a venir conmigo, ninguno queria pero... —No hace falta que mienta Scamander, creo que tengo idea de lo que sucedió —interrumpió la profesora McGonagall— No hace falta ser un genio para descubrirlo. Se inventaron una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Los he atrapado. Supongo que les habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?  —Estoy disgustada —siguio la profesora McGonagall— Cinco alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Tu, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti y tu Lyra Scamander... estoy cansada de encontarte merodeando por los pasillos en la noche, no puedo perdonarte nada más Lyra. Los cuatro sufriran castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, esto va para ti también Scamander quiero que dejes de salir en la noche porque que sino voy a hablar con tu abuelo. Se les descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.  —¿Cincuenta? —resopló Harry. Iban a perder el primer puesto, lo que  había ganado en el último partido de quidditch.  —Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a  través de su nariz puntiaguda.  —Profesora... por favor...  —Usted, usted no...  —No Minnie... —No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Potter. Y Scamander le he dicho muchas veces que deje de llamarme asi, voy a empezar a descontarle puntos si sigue llamamdome de esa forma. Ahora, vuelvan a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.  Doscientos puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último  lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que  Gryffindor ganara la copa de la casa.  Esa noche Lyra se quedo consolando a Hermione que no para de llorar. Estaba segura que la mayoria de su casa iban a odiados, no era como si a ella le importará mucho, pero sabia que a sus amigos si. Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error.  Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el famoso Harry Potter,el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos puntos junto con la chica de cabellos de colores y sonrisa contagioso, ellos y otros dos estúpidos de primer año.  Sólo Ron los apoyaba.  —Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.  —Si James, este es recien mi primer año y ya perdí un montón de puntos antes. —Pero nunca perdieron doscientos puntos de una vez, ¿verdad? —dijo Harry tristemente. —Bueno... no —admitió Ron.  Los examenes se apoximaban y eso ponía a Lyra un poco contenta aunque no le gustaba estudiar, pensaba en los examenes como una distracción de todo el tema con perder puntos.  Ella, Ron, Hermione y Harry se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.  ↺ HARRY INGRESÓ A LA BIBLIOTECA, en donde Hermione estaba repasándo Astronomía a Ron, y Lyra dibujando en unos de los tantos pegaminos de Hermione. Harry les contó que había escuchado a Quirrell se rindiendose ante Spane. —¡Entonces Snape lo hizo! —dijo Ron— Si Quirrell le dijo cómo romper su  encantamiento anti-Fuerzas Oscuras... —Pero todavía queda Fluffy —dijo Hermione. —Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid —dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban— Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué vamos a hacer, Harry?  La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron tanto en como los de Lyra, pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera.  —Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.  —¡No, nos va a creer, Herms! Tenemos que hacer algo nosotros —dijo Lyra. —¡Pero no tenemos pruebas! —la secundo Harry— Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento. ¿A quién piensan que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no se olviden que se supone que no  sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.  Hermione pareció convencida, pero Ron y Lyra no.  —Si investigamos sólo un poco...  —No —dijo Harry en tono terminante— ya hemos investigado demasiado.  Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres  de sus lunas. Lyra que pensaba reclamarle a Harry fue callada por una mira de reproche por parte de Hermione. ↺ A LA MAÑANA SIGUIENTE, llegaron notas para Harry, Hermione, Lyra y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales. Sus castigo tendrá lugar a las once de la noche.  El señor Filch los espera en el vestíbulo de entrada.  Prof M. McGonagall Lyra se habia olvidado del castigo,si bien sabia que la profesora McGonagall no se las iba a hacer facil, pero con el estudio y tratar de persuadir a Harry para hacerle algo a Snape, no era algo muy importante como para acordase de ello. A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba allí y también  Malfoy.  —Siganme —dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera— Seguro que lo pensaran dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? —dijo, mirándolos con aire burlón— Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si quieren mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo,unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan... Bien, allá vamos, y no piensen en escapar, porque será peor para ustedes si lo hacen.  Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad.  La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad.  Delante, Lyra pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid.  Entonces oyeron un grito lejano.  —¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.  Filch al notar que el ánimo de Harry cambió dijo:  —Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde vas y mucho me habré equivocado si vuelven todos enteros.  Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe. Lyra estaba que moria de emoción, ir al bosque para ella no era un castigo, siempre quiso ir, era algo que llamaba su atención sin dudas. —¿El bosque? —repitió Malfoy, y no parecía tan indiferente como de costumbre— Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.  —Eso es problema de ustedes, ¿no? —dijo Filch, con voz radiante— Tendrían que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.  —Malfoy tiene miedo —canturreaba Lyra mientras que el nombrado la mira mal. Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una  gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.  —Menos mal —dijo— Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione, Nix? —Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid —dijo con frialdad Filch—  Después de todo, están aquí por un castigo.  —Por eso llegan tarde, ¿no? —dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a  Filch— ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer.A partir de ahora, me hago cargo yo.  —Volveré al amanecer —dijo Filch— para recoger lo que quede de ellos —añadió con malignidad.  Malfoy se volvió hacia Hagrid.  —No iré a ese bosque —dijo, y se podia notar miedo en su voz.  —Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad— Hiciste algo mal y ahora lo vas a pagar. —Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos  harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...  —Te dirá que es así como se hace en Hogwarts —gruñó Hagrid— ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Harás algo que sea útil, o si no te vas. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y agarra tus cosas. ¡Vete!  Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.  —Bien, entonces —Hagrid— Escuchen con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue.  Siganme por aquí. Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros.   —Miren allí —dijo Hagrid— ¿Ven eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.  Lyra se tapo la boca para no soltar un jadeo, quiso llorar, ¿quien podia ser tan malo para herir a un unicornio? —¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros  primero? —dijo Malfoy con miedo de su voz.  —No hay ningún ser en el bosque que les pueda herir si estan conmigo o  con Fang —dijo Hagrid— Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.  —Yo quiero ir con Fang —dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.  —Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid— Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville, Nix y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Saquen sus varitas y practiquen ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tengan cuidado... en marcha.  Lyra le tiraba besos a Harry fingiendo llorar por estar separados, Harry negaba sonriendo mientras iba detras de Hagrid. —¡Bien! —hablo Lyra— Vamos a buscar al unicornio. —Cuando mi padre se entere...—empezó a hablar Malfoy después de estar un rato en silencio siguiendo a Lyra. —¿Por qué siempre estas metiendo a tu padre? —pregunto Lyra— Mi padre esto mi padre lo otro... —¿Y por qué tu no metes a tu padre? —hablo el rubio para luego reir— ya se Scamander, porqué no lo tienes. Después de que Lyra bajara la mirada y no dijera nada, Malfoy se sintió mal, quería decir que lo sentía, pero eso era como rebajarse, se convenció de que ella se lo busco para no sentirse mal. —¿Sera un hombre lobo el que mato a los unicornios? —pregunto Neville después de ese momento tan tenso. —Los unicornios no son faciles de cazar, Nev —hablo Lyra ya que sabia algo por su abuelo— Son muy rapidos para que un hombre lobo los atrape. Son criaturas poderosas, nunca escuche a mi abuelo decir que habia pasado algo como esto. Hagrid los fue a buscar porque Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.  —Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que hicieron. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Harry, tú vas con Fang y este idiota y Nix. Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a Harry— pero a él le va a costar mucho asustarte y seguramente si hace algo más Nix va a pegarle. Tenemos que terminar con esto. Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Lyra, Malfoy y Fang.  Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos. Lyra pensó que la sangre también parecía más espesa.  Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se  hubiera arrastrado en su dolor.  —Miren... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy, mientras que Lyra se paraba a su lado. Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más.  Sí, era el unicornio y estaba muerto. Era la primera vez que Lyra veia un unicornio, era hermoso, pero se sentia triste por verlo muerto. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.  Lyra y Harry habían dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry, Lyra, Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el  unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre. —¡AAAAAAAAAAAAAH!  Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang. La figura  encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del  unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él...  Se escucharon cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.  Un centauro estaba ante a ellos.  —¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándo a Harry a ponerse de pie.  —Sí... gracias... ¿qué ha sido eso?  El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros. Observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz , luego poso su mira en Lyra, mirándola más de lo que a ella le hubiese gustado. —Tú eres el chico Potter —dijo— Y tú la Náyade. Es mejor que regresen con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época en especial para ustedes ¿Pueden cabalgar? Así será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas  delanteras, para que pudieran montar en su lomo.  Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Dos centauros más aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.  —¡Firenze! —rugió uno— ¿Qué estás haciendo? Tienes a humanos sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?  —¿Te das cuenta de quienes son? —dijo Firenze— Es el chico Potter junto con la Náyade. Mientras más rápido se vayan del bosque, mejor.  —¿Qué le has estado diciendo? —gruñó— Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?  El otro centauro que habia estado callado dio una patada en el suelo con nerviosismo.  —Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible  —dijo, con voz sombría.  —¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros  debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!  De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry y Lyra tuvieron que aferrarse para no caer.  —¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze— ¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los planetas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo. Y Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, mientras Lyra se agarraba de Harry. —¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó— Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste?  Firenze redujo el paso y previno a los dos chicos que tuvieran la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.  —Harry Potter, Lyra Scamander ¿saben para qué se utiliza la sangre de unicornio?  —No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta. —En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio —hablo Lyra. —Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze— Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita,desde el momento en que la sangre toque sus labios.  —Pero ¿quién estaría tan desesperado? —preguntó Harry— Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?  —Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, Lyra Scamander, saben qué está escondido en el colegio en este preciso momento?  —¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo  quién...  —¿No pueden pensar en nadie que haya esperado muchos años para  regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad? Voldemort, fue lo primero que paso por la cabeza de Lyra. —¿Quieres decir —dijo con voz ronca Harry— que era Vol...?  —¡Harry!¡Lyra!, ¿estan bien? Hermione corría hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás.  —Estamos bien —dijo Harry, casi sin saber lo que contestaba— El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás. —Aquí es donde los dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a  examinar al unicornio— Ya están a salvo.  Harry se deslizó de su lomo y ayudo a su amiga a bajar. —Buena suerte, Harry Potter y Lyra Scamander —dijo Firenze— Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una  de esas veces.  ↺ RON SE HABÍA QUEDADO DORMIDO EN LA OSCURIDAD DE LA SALA COMÚN, esperando a que volvieran. Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry y Lyra les contaban, a él y a Hermione, lo que había sucedido en el bosque.  Harry no podía sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea.  Todavía temblaba. Lyra se sentia como si estuviese perdida. —Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!  —¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterrorizado susurro, como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.  Harry no lo escuchó.  —Firenze nos salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.  —¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.  —Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry— .. Entonces Voldemort podrá venir y  terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.  Hermione parecía muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo.  —Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.  El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas.  Lyra se acostó pensando en Voldemort, pero habia una cosa que no podia sacar de su mente. ¿Por que Firenze la habia llamado Náyade? ¿Que era eso?
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