Mikkael estaba enloquecido. Taína había desaparecido ante sus ojos hacía un mes y su paciencia había colapsado hace tiempo. -Hijo, tienes que— -¡NO! ¡No me pidas que me calme, padre!- dijo enfurecido. Lo miró con los ojos sobresaltados- ¡NO ME PIDAS QUE SIGA RESISTIENDO!- dijo con la voz quebrada- ¿Cómo vivirías tú si tu Leanna desapareciera delante de ti y no pudieses evitarlo? ¿Cómo, maldita sea?- cayó de rodillas hacia el suelo y antes de que su padre pudiera responder un sonido particular inundó el lugar. Era una bomba. Los humanos estaban destruyéndose entre sí, el caos colapsaba en el mundo a nivel general y La Parca tenía mucho trabajo allá abajo que le valía nada si no tenía a Taína cerca. Lasha había llegado. -Hijo- dijo agitada y miró a su esposo quien se acercó a ella- A

