Taína sollozaba de dolor. Hacía mucho había perdido la cordura. Estaba desnuda, atada desde sus extremidades con cadenas que estaban conectadas a rocas enormes. Oía a las almas sollozantes y además ella las acompañaba. Diabhal no había vuelto a aparecer, en cambio sus súbditos demoníacos se habían encargado de transportar a la diosa, gritando improperios y golpeándola, reían y se burlaban pero ni con toda su fuerza Taína podía escabullirse. La habían atrapado con una tela que impedía que utilizara sus poderes al estar bendecida con las lágrimas de Althair, que nadie se explicaba cómo estaba en manos de el Líder Demonio. -¡MALDITO INFELIZ! ¡TEN EL VALOR DE ENFRENTARME SIN AMARRARME, MIERDA! - y como si sus palabras fuesen amén, Diabhal apareció frente a ella con una enorme sonrisa y con

