Me humedezco los labios y luego los aprieto. Ya siento cómo se me tensan los músculos internos y también que tengo empapado el tanga, porque mi cuerpo está anticipando lo que va a venir a continuación. «Asesinato o placer.» ¿Qué le ha pasado a mi vida para que esas opciones sean una solución viable al mismo problema? Mount es lo que le ha pasado. —Bien. Lo admito. Tú ganas. Mount menea la cabeza despacio. —No se trata de ganar. Se trata de dejarle muy clarito a tu puto cerebro que ansías lo que te doy. No te conformas con que me haga con el control, es que lo necesitas. Tiene razón. Es imposible que lo pueda negar. Los dos sabemos que mentir se me da de pena. —Pues toma el control —le digo. Una vez más, esa preciosa cabeza se mueve despacio de lado a lado. —No, esta noche me lo va

