Amelia estaba en la cama, en su habitacion VIP del hospital, el silencio del lugar sólo era interrumpido por el tictac del reloj de la pared. Había ordenado que localizaran a Lexter, pero no había obtenido respuesta. El peso de su frustración era palpable. No sabía si preocuparse o enfurecerse. Antes de que pudiera decidirlo, escuchó pasos firmes que resonaron en el pasillo. La puerta se abrió sin previo aviso. Miguel entró como una tormenta, sin esperar permiso. Esta vez, no se detuvo al otro lado de la habitación como en ocasiones anteriores. Arrastró una silla y la colocó frente a ella con una calma calculada, casi insolente. Amelia alzó la vista, su semblante se endureció. —¿Qué haces aquí? —preguntó con desdén, aunque el leve temblor de su voz la traicionaba. Miguel la miró fi

