Un murmullo de incredulidad comenzó a recorrer el salón. La voz del hombre continuó, pero ahora, la pantalla mostraba fotos comprometedoras: Nuria y su amante en habitaciones de hotel, tomados de la mano en lugares discretos. Luego vinieron las grabaciones: su propia voz, detallando fríamente su plan. «Iván es tan ingenuo… todo será mío. Hasta el último centavo y también a ese bebé bastardo que será mi rehén y mi seguro de vida» La risa de Nuria, capturada en el audio, ahora retumbaba en la sala como una burla cruel. Nuria quedó petrificada. Su rostro perdió todo color y sus labios temblaron de forma incontrolable. Las miradas de los invitados se clavaron en ella como dagas. —¡No, no… esto no es verdad! —gimió finalmente, poniéndose de pie con torpeza. Los murmullos se convirtiero

