Miguel tensó la mandíbula, pero trató de mantener la compostura. Esbozó una sonrisa forzada mientras rodeaba los hombros de Amelia con una aparente ternura que a Davina le resultó casi una burla. —Ella es... una reportera —explicó Miguel—. Davina Bianchi quiere entrevistarme, ¿verdad? Davina levantó la mirada, sintiendo el peso de la atención sobre ella. Asintió lentamente, sin encontrar las palabras adecuadas para responder. Amelia, quien se había mantenido en silencio hasta ese momento, inclinó la cabeza con curiosidad. —¿Una entrevista? —preguntó con dulzura forzada—. ¡Qué interesante! Pero, amor, nuestros amigos nos esperan. Miguel sonrió con una mezcla de diversión y desafío. —Claro, querida. Pero quizá la señorita Bianchi podría acompañarnos. ¿Qué opinas, Davina? ¿Te animas a ju

