—¡¿Qué dices?! ¡Yo soy tu hermana, Lexter! —gritó Amelia, su voz temblando entre la desesperación y el miedo a perder lo único que sentía suyo. Lexter no respondió de inmediato. Sus ojos se desviaron hacia Valeria. Ella retrocedió un paso, sintiendo un escalofrío recorrerle la columna. Algo en el ambiente cambió, como si un muro invisible se derrumbara, dejando al descubierto verdades que nadie estaba preparado para enfrentar. —No, Amelia… Mi verdadera hermana… —Lexter fijó su mirada en Valeria, y el silencio que se hizo fue ensordecedor. Valeria sintió un golpe en el pecho, como si todo el aire le hubiera sido arrebatado. Un torbellino de imágenes y recuerdos se arremolinó en su mente, llevándola de vuelta a un pasado que había intentado olvidar. La figura de una niña de su mis

