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1136 Palabras

Emilia se acercó a la oficina de Adrián Fernández con unos papeles en las manos. Él, al verla a través de sus ventanales y puerta de cristal, la hizo seguir. Estaba con dos más mirando planos dispuestos sobre una enorme mesa anexa a su escritorio. Le gustaba trabajar con Adrián Fernández. Era dinámico y directo. Si algo no le gustaba, lo decía claramente, y escuchaba las sugerencias de su personal con atención. —¿Qué dices tú, Emilia? –preguntó al verla—. Estos muros de hormigón, me parece a mí, que están afeando un poco la vista general. Parecía más bonito en mi cabeza, pero verlo aquí… —Yo le he dicho que tal vez acero –dijo otro, señalando un punto sobre el plano. —El acero está muy visto –se quejó Adrián. —El hormigón puede quedarse –intervino Emilia—. ¿Por qué no crear previament

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