—He pensado… quería invitarte a una copa de buen vino que tengo en mi apartamento –le dijo Armando a Emilia mientras iban en el taxi. El corazón de Emilia empezó a retumbar en su pecho. Claro, él quería llevarla a su apartamento no a beber una copa de buen vino. A otra cosa. Y ella no debía extrañarse. Llevaban varias semanas saliendo. En su casa sus padres y hermano lo conocían y lo habían aceptado como su novio. Incluso su hijo había terminado por resignarse. —Me encantaría –contestó, y él sonrió ampliamente. Debía dar el salto. Debía ser ahora. Él le dio la mano al bajar del taxi. La apoyó luego en su cintura cuando subieron al elevador, y una vez dentro, él no perdió el tiempo y la besó. Emilia respondió a sus besos intentando relajarse. Armando la quería, se repitió. Esto era na

