**RITA** La idea de Manuel era una sombra que se alargaba sobre la luz del presente. ¿Era posible disfrutar de esta vorágine de sensaciones, de este hombre que me hacía sentir tan viva, mientras planeaba mi huida? Era una contradicción que me desgarraba por dentro. Él, ajeno a mi tormento interno, seguía construyendo un castillo de caricias y besos. Sus manos recorrían mi piel, encendiendo fuegos que creía extinguidos. Me sentía atrapada entre el deseo y la necesidad de escapar, entre la entrega y la autopreservación. Cada gemido, cada suspiro, era un paso más hacia la perdición, una renuncia a mi libertad. Pero, ¿era realmente una prisión esta jaula dorada? ¿O era el miedo a lo desconocido, a la soledad, lo que me impedía volar? Necesitaba tiempo, necesitaba espacio para pensar con

