CAPÍTULO 18
H A D E S
—¿Por qué estabas tan nerviosa en casa de Katina? —. Le pregunté, sirviéndole un poco más de vino—. Pareció… Cómo si hubieras recordado algo.
Alzó ambas cejas, mientras sus ojos se fruncieron ligeramente, en una mueca, que me hizo darme cuenta, que habría dado justo en el clavo.
—N-Nada en realidad—. Expresó acostándose, mirando hacía en frente, donde comenzaba a anochecer—. Creo que estás bebiendo mucho y muy rápido y yo también.
—Creo que comienzas a temer de lo que puedas decir—. Expresé sentándome junto a ella—. ¿No es así?
—No en realidad—. Murmuró dándole un sorbo a su trago, para terminar por encogerse de hombros—. Me viene dando lo mismo, si te soy sincera.
—Si eso es cierto, dilo. ¿Por qué te pusiste nerviosa? —. Le reté mirando a sus ojos, ella me miro curiosa, acercándose un poco a mí de manera imprudente—. ¿Qué demonios haces flaca?
—¿Siempre has tenido los ojos tan claros? —. Indago con una curiosidad, mirando directamente a mis ojos—. Creo que… Debo dejar de beber—. Mencionó dejando la copa de vino en la mesa, levantándose—. Y creo que debería de irme.
—Por dios, ¿Te estoy poniendo nerviosa flaca?
—No me llames flaca—. Expresó velozmente, con toque de enojo, para darse cuenta de cómo lo habría dicho—. Lo siento… Sólo, no me llames flaca.
—¿Por qué te molesta?
—No me molesta, sólo me…—Tomó aire y suspiró para dejar caer su peso en la barda, mirando hacía la nada—. Así solía llamarme mi padre, no me llames flaca…
Me quedé estático, por ello, desde la secundaria sus cejas se fruncían y parecía morderse la lengua, intentando acallar lo que pensaba. Por eso decía que me gustaba beber con Taylor, porque… Supongo que era el único momento en el que ella era completamente honesta conmigo.
—¿No has sabido nada de él? —. Me animé a preguntar, imitando su acción, ella resopló para negar con la cabeza—. Lo siento.
—Yo no—. Sus manos jugaron con el filo de la barda, para recostar su cabeza mirando en mi dirección—. Él tomó sus decisiones, yo tomó las mías, por ello estoy en tu balcón.
—¿Sabes nadar? —, Le pregunté repentinamente, ella me miró con duda—. Quieres que pasemos días sin odiarnos, ¿No?
—Sí, se nadar—. Rodó los ojos—. Pero no tengo con que entrar, Einstein.
—No tenemos quince años, ¿O sí? Además, cuando salíamos de la preparatoria muchas veces entramos en ropa interior—. Le dije sacándome la camisa—. Modelaras con poca ropa en ocasiones, no veré nada que no haya visto ya, Einstein—. Me burlé.
Comencé a caminar hacía la piscina, con tranquilidad, para mirarla de reojo.
Sabía que había pasado ya bastantes cosas bastante desalentadoras, había una cosa que mamá solía decir frecuentemente, “si puedes cambiar el día de una persona, hazlo”.
Taylor no lo sabía, pero había demasiadas cosas que se sentían cómo un cambio repentino en la vida de ambos, en la vida de todos, para ser más específicos, supongo que pasamos demasiado tiempo esperando unas cosas, que cuando otras iban sucediendo, no estábamos del todo listos.
Me quité los pantalones, para mirarle de reojo, seguía dudosa, ella era un remolino, no había vergüenza dentro de su cuerpo, esa habría desaparecido desde hacía mucho tiempo, era más el simple hecho de los actos.
Supongo que esos son los que cambian el rumbo de todo.
Miré en su dirección mientras ella tomaba el borde de su blusa, suspiré para entrar a la piscina.
Era una creencia bastante grande, que habría odio de mi parte hacía Taylor, pero no era así.
El agua cubrió mi cuerpo, tarde unos segundos en salir, un pequeño plan, nada podría salir mal.
Ella se quedó parada en el borde de la piscina, acercando las copas y el vino, mirándome con curiosidad, cómo si muchas cosas pasaran por su cabeza, quizá lo hacían.
Quizá habríamos pasado tiempo intentando molestar al otro, que no habríamos visto con claridad cómo es que sería lo demás, yo no sabía mucho de ella, para ser sincero.
¿Quiénes éramos? Eso era algo que me generaba dudas.
Los mensajes eran algo que ahora nos unía, pero, no lo haría para siempre.
Quería conocer un poco más a la chica que molestaba en clases, ¿Quién era ella en realidad? ¿Una especie de duda podría perdurar por demasiado tiempo?
Es curioso, porque podría recordar que jalaba su cabello en la escuela, que le molestaba, después desmeritando las cosas que decía, la niña genio, quien siempre buscaba sobresalir.
Levantando la mano con cada pregunta que hacían los profesores, la niña sabelotodo.
Ella entro a la piscina también, para mirarme con diversión en sus ojos, habrían sido pocos los momentos que habríamos pasado que no fueran un tira y afloja.
Y cómo pensé, ella bebió, mucho más que yo.
Y conocí un poco más de ella, con cada palabra que decía.
Eso era lo que más pasaba por mi cabeza, una serie de dudas que podían ser resueltas, un par de enemigos, ¿Qué sería lo que podría salir mal? Dudaba que algo lo hiciera.
Podría haber recordado toda la noche, ahora, la duda, ¿Ella podría recordarlo? Serían quizá espesos recuerdos en su memoria.
—¿Por qué estabas nerviosa en casa de Katina? —. Repetí, pasándole una de mis camisetas, ella torpemente se la colocó—. ¿Taylor?
Ella me miró por unos segundos, para tambalearse cuando se colocaba un par de calcetines que le quedaban enormes, sonreí ante su torpeza, era una bruta.
Pero, aquella bruta, tenía demasiadas cualidades, estaba por caerse, cuando le tomé del brazo.
—¿Taylor?
—Una nota—. Arrastró las palabras, para tomarse de la pared, estabilizándose—. Katina y yo escribimos una nota, una noche donde bebíamos—. Arrastro las palabras, para mirarme con curiosidad, sus pómulos se marcaron ante una sonrisa—. Tienes ojos bonitos.
—Falacias. Tu eres la que tiene los ojos verdes—. Le dije para guiarla a la cama—. ¿Qué decía la nota?
TAYLOR
Sentía cómo mi cabeza martillaba, mientras la alarma de mi celular sonaba con frecuencia y con aquel tono desagradable que me obligaba a levantarme, tomé una bocanada de aire, para abrir los ojos con lentitud, notando que la luz estaba encendida ya.
—Deberías levantarte ya, sino te irás sin bañarte—. Exclamó secó Hades, frente al espejo—. Apúrate.
Miré por la habitación, de nuevo habría dormido en cama de Hades, cerré los ojos tallando mi rostro con cierto toque de desesperación, ¿Por qué cada que bebía con él no podía recordar absolutamente todo? Con pesadez me levanté, para ver aquellos calcetines, solté una risa entre dientes.
—¿Por qué tengo tus calcetines?
—Por la misma razón que tienes mi camiseta—. Señaló para tomar su saco—. El baño esta ahí, las toallas en el mueble de baño, y tus cosas allá—. Señaló mientras hablaba, asentí aturdida, preguntándome lo mismo en mi cabeza—. Corre.
—Tengo resaca, no me grites—, Dije sujetando mi cabeza, para ir hacía mi maleta—. ¿Nosotros…?
—Te veo afuera—. Me cortó, para salir de la habitación, cerrando la puerta.
Solté un suspiro pesado dejando caer mi peso de nuevo a aquella cama—que por cierto se sentía cómo una deliciosa nubecita—, soltando un insulto entre dientes.
Nota mental, “Debes dejar de beber”.
***
—Es irónico verte con ropa—. Expresó a lo que le miré con las cejas alzadas, mientras conducía tranquilamente—. Irónico.
—Estas jugando con mi mente, ¿No es así? —. Pregunté tapando mi rostro, evitando que viera cualquier reacción de mi parte—. Es eso.
—Piensa lo que quieras, Taylor—. Mencionó simple, para ver hacía el frente—. Aunque, parece ser que yo sé mucho más que tú. No tienes ventajas, bruta.
—imbécil—, dije entre dientes, cerrando los ojos, suspirando con pesadez.
Podía sentir mi rostro caliente con vergüenza, odiaba no saber con claridad lo que habría pasado, eso le daba ventajas que sabía que el no debería de tener.
Cómo lo sería torturarme con aquellos recuerdos nublosos de mi interior, recaí en la primera cosa, no me dijo flaca, que por mi interior lo agradecía, pero… ¿Por qué?
Algo que me habría dicho alguna vez Katina, era que cuando bebía se me soltaba la lengua, podría ser como Google, solo necesitabas preguntar, daría la respuesta sin chistar.
Sí, sin duda alguna, debía dejar de beber en compañía de Hades.
Durante todo el camino intente meditar sobre lo que habría pasado la noche anterior, intentando mantener un poco más claros mis recuerdos, esa era la intención principal, poder recordar con claridad la noche anterior.
Fueron largos minutos—más de lo que podría admitir—porque yo me sentía incómoda, porque cada vez que miraba en dirección de Hades tenía aquella sonrisa burlona en sus labios, cómo si deseará revelar un secreto que picaba en la punta de su lengua, quizá eso era lo que tenía, un secreto apunto de salir de sus labios con emoción ante un secreto, ante una idea que no conocía yo.
Cuando llegamos al aeropuerto, me bajé y tomé mi maleta, mirando sin rodeos a Hades, quería que algo llegará a mi cabeza, cómo una especie de ráfaga, pero no sucedía, mi mente se encontraba completamente en blanco, sin ideas, sin nada.
—¿Por qué no me dices que paso ayer? Así serías una buena persona—. Le animé entre dientes—. Vamos, Hades. Dijimos que no tendríamos ningún problema, que nos intentaríamos llevar mejor, ¿No?
Él encogió sus hombros, de manera ligeramente desinteresada, para seguir tomando sus cosas, mismas que termino siendo tomadas por alguien más.
—Deberías de tomar un café, antes de subir al avión, para que te baje la resaca, sino vomitarás—. Me informó. Resignada, mordí el interior de mi mejilla, callando mis pensamientos—. Anda, corre.
—Que amable—. Le dije a lo que él soltó una risa entre dientes.
Por mucho tiempo pensé en la idea de algo más que una enemistad, pero, no podía ser posible, porque nosotros no podíamos pasar más de cinco minutos sin parecer que queríamos hacer burla hacía el otro, o hacernos molestar, quizá llevarnos al límite.
Hicimos los chequeos necesarios, y mientras estábamos por abordar, sentados miré hacía mi celular, tenía fotografías de anoche, era yo, con Hades, una especie de series…
Después, mi menté se quedó en blanco, cuando Miranda se sentó a un lado de mi con una sonrisa pícara.
—Así que, ¿Pasaste la noche con Hades? —. Pregunto con picardía, alzando ambas cejas, dejando un café en mis manos—. Dijo Hades que lo necesitarías, y ahora entiendo porque, hasta acá puedo sentir todos los tragos que bebiste…
—No fueron demasiados tragos… ¿Cómo que pasar la noche con Hades? —, Le pregunté con confusión a lo que ella aplanó sus labios, cómo si se hubiera dado cuenta que dijo algo que no debería de haber dicho—. Continúa, ¿Cómo que pasar la noche con Hades?
—Parece ser que la prensa va sobre ustedes todo el tiempo. Sólo es eso—. Encogió sus hombros, bebiendo de su café—. Lo miré en “x”, donde aparecieron bastantes Twists, es cómo si a las personas les agradará que ustedes salieran, estás saltando muy rápido al ojo público, Taylor. Eso es bueno.
Fruncí las cejas, tomando nota de todo lo que habría dicho Miranda, intentando procesarlo de la mejor manera, pero para ser sincera, ese no fue el caso, cierto toque de confusión bastante largo dentro de mí, me llenó. Saqué mi celular, y mientras abría la aplicación de “x”, comencé a beber del café, no tenía azúcar…
—¿Tu lo pediste? —. Pregunté, sin apartar la mirada de la pantalla.
—Sí, Hades dijo que…—se quedó callada, soltando un insulto entre dientes, cómo si hubiera dicho algo que no debía, para pasar su mirada hacía mi celular—. Mira, justo es esto—, Tomó mi celular.
¿Hades recordaba cómo es que me gustaba el café? Miré en su dirección con cierto toque de confusión, no tenía sentido, habríamos pasado más tiempo haciendo que la vida del otro fuera un chiste, ¿Cómo podría ser capaz de recordar cada uno de los detalles? No lo entendía, parecía ser, cómo si de verdad el pasará el tiempo colocando atención sobre mí, pero eso sería…. Ridículo.
—Justo este—, Su mirada estaba centrada en el celular—. La modelo Taylor Smith, ha sido vista entrando la noche de ayer con el CEO Gray, en su casa, esta mañana, ambos salieron juntos, fuentes informan que podría tratarse de que…—se quedó callada, para mirarme con una mueca—. Eso, por eso lo supe porque…
—Dame—. Le quité el celular, para releer la pantalla—. Tratarse de que su estadía cómo modelo sea…
Sea producto de algo a cambio… Veremos el desempeño de la modelo Smith en estos días en un evento en Los Ángeles, donde será demostrado, que ha sido ese salto a la fama tan repentino de la modelo Smith…
—Mierda—. Susurré bloqueando mi celular, soltando un insulto entre dientes, quizá eso era de las últimas cosas que pensé que pasarían—, ¡Joder!
—Calma, es un simple rumor amarillista. Sabes que en muchas ocasiones desmeritan el trabajo de las personas—. Intento consolarme—. ¿Qué no? Es un rumor tonto, además… ¡Traje galletas!
HADES
Había pensado en todo, menos en la prensa, que en muchas ocasiones terminaba por encontrarme en la entrada de mi casa, mera morbosidad, porque era CEO de aquella empresa tan popular de modelos, el remplazo de Franco Cameron, sabía que tenía mucho que ver eso.
Porque no solo fue Taylor quien salió muy repentinamente a las cámaras después de que pareciera que la tierra se la trago, cuando se fue a Los Ángeles, también habría sido yo, quien después de un tiempo de mantenerme lejos de todo, habría salido de las sombras.
—¿Estás feliz? —. Pregunto con ironía James, sentándose junto a mí—. Ahora, el nombre de Taylor, será un rumor, de nuevo.
—Nunca hemos dejado de ser rumores, ninguno de nosotros—. Le recordé, bebiendo de mi café—. Así que, no sería algo nuevo.
—No deberías de dejar que la prensa se crea ese tipo de cosas, a quien dejas en mal es a Taylor—. Me reprendió con cierto toqué de coraje—. Es lo mismo que estas haciendo con Miranda, ¿Qué es lo que buscas? ¿Qué ellas dejen de ser amigas?
Siempre, uno de los mayores defectos de James, habría sido la enorme impulsividad que tenía, antes de hacer cualquier cosa, terminaba por actuar cómo acto de impulsividad, haciendo que su cerebro no trabajará del modo en el que debería de hacerlo, eso era patético, pero no le decía absolutamente nada al respecto, tendría que ser él quien tuviera que vivir con ese enorme defecto.
—Madura, James.
—¿Qué es lo que buscas con Miranda? —. Me preguntó bruscamente, alterado, rodé los ojos, sin prestarle la suficiente atención—. Sales con Miranda, ¿No?
—¿Eso te importa? —. Le pregunté con desdén—. Creí que habrías sido tu quien habría dado fin a la relación con ella—. Le recordé.
Eso habría sido una de las cosas que más me habría sorprendido, podía recordar que miré a Miranda llorando desconsolada ante eso.
Miranda siempre habría sido una soñadora, llevando sus sueños sobre alto, tan alto, que era muy difícil alcanzarlos en algunas ocasiones, por eso me sorprendía cómo era con James.
Porque a James siempre le entrego demasiado fácil las cosas, el modo de quererla, ella no exigió mucho, supongo que, porque ya se habría enamorado de ella, no lo sabía claramente, pero me resultaba un poco intenso, ellos eran raros.
—¿Y con Taylor? —, gruño, queriendo buscar un lugar en donde pelear.
Se equivocaba de lugar, honestamente, habría disfrutado demasiado mi noche, habría sido una noche divertida, habría visto partes de Taylor que no pensé que podría haber visto jamás, y conocí un poco más de ella.
No había nada que pudiera molestarme, habría amanecido con un humor increíble y con la serotonina en mi cerebro de manera irracional, cómo si hubiera colocado drogas.
O si aún me encontrará ebrio, no lo sé, algo por el estilo.
Era un poco interesante pensarlo, pero no le tomaba demasiada importancia.
—¿Con quién es que quieres salir James? —, Le pregunté dándole un sorbo a mi café, mirándole con desdén, sin embargo, estaba conteniendo aquella sonrisa burlona ante su situación—. Porque parece que tienes celos de Miranda… De que pase tanto tiempo conmigo, pero también parece ser que celas a Taylor, ¿Quién es quién te interesa?
—Eso no te incumbe—, rugió molesto.
Es curiosa la capacidad que tienen las personas para llevar a cabo ciertas acciones, no podían ser claras y eso era lo que más me generaba dudas, en más de un aspecto posible.
Al final, ¿Qué era lo que él esperaba?
—Somos amigos, ¿Qué no? Mejores amigos—. Me mofé, levantándome, a lo que él imitó mi acción—. Actúas de manera irracional, creo que ahora lo que estás experimentando es negación.
—Hades…—, Me advirtió con cólera—. Hijo de pu…
—¡Hey! —, Le frené, con una sonrisa aún más grande, cada vez, burlándome más y más de él—. ¿Estás bien? Sólo son las siete de la mañana, respira.
TAYLOR
Mientras subíamos al avión, miraba por sobre mi hombro en dirección de Hades buscando una especie de respuesta sobre lo que habría pasado la noche anterior, pero sabía que él no me la daría, que me quedaría inmersa en las dudas por el vuelo demasiado largo, donde podía esperar, cruzando los dedos con que la respuesta viniera rápidamente—y por si sola—a mi cabeza.
Deje mis cosas en la parte de arriba, para sentarme, Miranda imitó mi acción, parecía tener demasiadas preguntas, podía reconocer su rostro, porque era el mismo que tenía yo.
Sí, justo ese rostro de desesperación por hacer una pregunta de la cual no te sentías capaz de decir, así que mirabas en dirección de la persona, con la esperanza de que aquella persona comenzará el tema de conversación, y así poder hacer que lo demás fluya, sin hacer parecer que eras una persona intensa, demasiado intensa que no se sentía capaz de recordar absolutamente nada de la noche anterior.
Miré hacía Hades, para fruncir las cejas, ¿Qué era tan difícil de recordar?
—¿Sucede algo? —, Le pregunté a Miranda, intentando despejar mi cabeza, sabía lo que me preguntaría de igual modo.
—¿Paso algo cuando saliste con James? —, preguntó, a lo que le miré atenta, esperando que continuará—. Es decir, sólo quiero saber si él…
—No. Pensé que me besaría, no habría correspondido el beso igual—, Le dije quitando importancia, a lo que ella suspiro con alivió.
—¿Entonces que pasó?
Me quedé callada, para mirar en su dirección, para cerrar los ojos, sabía que la circunstancia era bastante incómoda de por si sola, cuando lo sentí, fue extraño, abrí los ojos para tomar su rostro, sus mejillas, acercándonos un poco.
—Esto—. Le dije. Alzando las cejas—. Se acercó a mí a esta distancia, mirándome justamente así.
Le solté, ella me miró con confusión, para suspirar, aliviada.
—Sí, paso esto—, tomó mi rostro e imitó la acción, para después fruncir las cejas con confusión—. ¿Después que paso?
Después, supongo que recordó que se trataba de la mejor amiga de su ex novia, de una vieja amiga que habría tenido en la preparatoria.
—El me tomó así, sí—. Quité sus manos de mi rostro, para soltar una risa—, Y después hizo esto—, Golpe de manera juguetona su brazo y ella me miró confundida—. Amiga.
—Sí, sí… Amigas, ¿Qué fue eso?
—El me tomó del rostro, y después golpeo mi brazo, diciendo “Amiga” —, Le repetí a lo que sus cejas se fruncieron confundida.
Dudaba que James hubiera olvidado ya a Miranda, puesto que cuando eso sucedió me causo risa, había sido cómo aquellas parejas que se pasan forzando a algo que no existe.
—¿Sólo eso? —, preguntó.
—Sólo eso—. Asentí, para girar mi rostro en su dirección—. No lo besaría, Miranda. Es tu ex.
—Sí, deberías de besarlo—. Me dijo a lo que fruncí las cejas con confusión.
¿Desde cuando me fui de Nueva York y llegué a un lugar donde las personas habrían enloquecido?
—Eres una princesa. Quizá le quites lo sapo—. Se mofó a lo que sonreí ligeramente—. Porque ahora, es un sapo muy feo.
Solté una risa.
Quizá, no podía recordar lo que habría pasado anoche, quizá no lo haría pronto, pero no parecía tener demasiada importancia en estos momentos, en realidad, no parecía importarme mucho. Me sentía cómoda con ellos.
Con la vida que creí que no quería tener.
Pensé que volver a Nueva York sería un error, pero en realidad… La estaba pasando bastante bien.
Hades tenía razón, la vida tenía que seguir hacia adelante.
Teníamos que vivir…
Y estaba segura, que vivir no se trataría de encontrarme encerrada en casa, sin saber, si el día de mañana, seguiría aquí, si aún tendría vida...