Ángel Guardián

3747 Palabras
CAPÍTULO 17 —Es curioso, ¿No? —. Preguntó Miranda, mientras ambas estábamos apoyadas en el margo de la puerta—. Siempre creímos que aquí pasaríamos la noche de soltera de Katina. —Creí que yo sería la primera en morir. Supongo que la vida no te prepara para esto—. Le seguí, para verla—. Perdón por distanciarme de ti, perdón por ser mala amiga, perdón por salir con… —No te preocupes—. Se adentro, para mirar hacía la habitación, con atención—. ¿Recuerdas todas las veces que dormimos aquí? —, indagó. —Sí. Crecimos aquí, por lo menos yo pase más noches aquí que en mi casa—. Reí para mirar hacía las fotografías—. ¿La extrañas? —Más que nada en el mundo—. Me dio la razón, para suspirar pesadamente—. Era quien unía al círculo, ella se fue, y todo se desmoronó. Me acerqué a ella, para pasar mi mano por sus hombros, para suspirar, Hades se quedó con ella, a lo que me generaba un poco de preocupación, puesto que ella ya habría mencionado el tema de que Katina pensaba que nos casaríamos. Aunque, eso lo habría dicho cientos de veces, frente a todos. Mirar las cosas que había aquí me habría generado demasiados sentimientos en el vientre, ansiedad quizá. —Preciosa. ¿Crees que sea correcto que nos llevemos cosas de aquí? —Supongo que ella se refería a cosas que dejamos aquí—. Me encogí de hombros, mirando un labial, aquel color… ¿Por qué no lo recordé antes? Caminé hacía el para tomar este, abriéndolo ligeramente. —Vaya, nunca supe que tono era, siempre usaba las cosas… —Las encontraba, no le gustaba usar cosas que los demás—, mencioné para buscar en mis bolsillos, sacando mi celular—. ¿Conoces la marca? Ella lo tomó de mis manos, para releerlo, chasqueando la lengua con desdén. —No. —Eso pensé—, Susurré mirando mi galería. —Anda, estás siendo extraña—, Me dijo ella, a lo que suspiré. Tenía razón. Comenzamos a ver dentro de la habitación, me sentía extraña, era algo completamente nuevo para mí, sentir todo de manera de golpe, quizá ahora si necesitaba un par de tragos, cómo aquel día que lo habría mencionado Hades. —Es raro, ¿No? —. Preguntó la madre de Katina, a lo que asentí mirando las fotografías—. Cuando ella murió no quise mover absolutamente nada. Supongo que por luto. Cómo si esperará que ella volviera. Entendía ese sentimiento, cuando Katina murió, todos los días me introducía a su chat, esperando uno de sus mensajes extraños, aunque eso jamás sucedió. —Sabes, Taylor. Katina no quería que perdonaras a tu padre al creer que el llegó a ser buena persona—. Mencionó adentrándose, aplané los labios esperando que siguiera—. Ese perdón no sucede de un día para otro. Lleva a más cosas, que ni siquiera yo podría decirte. —¿Entonces? —, pregunté. Ella se sentó en la cama, para palmear esta ligeramente, esperando que me sentará a un lado de ella, eso hice, titubeando. Los ojos de Miranda se quedaron sobre nosotras, mientras ella, sostenía aquel álbum que ambas mirábamos sentadas en el suelo. —No fue tu culpa que tu padre se fuera, sigues creyendo que es así, lo sé—. Recordó. Miranda paso la página, intentando no parecer entrometida, lo sabía—. Ambas recordábamos cómo te quedabas esperando, a que el quisiera volver. —No es… Quería decirle que no era cierto, que no habría pensado que habría sido mi culpa, pero lo habría pensado en muchas ocasiones, quizá éramos demasiado complicados para cuidar, que decidió dejarnos aquel día. ¿Cómo dejas a tus hijos después de que su madre muere? Cuando tus hijos te necesitan más que a nada en el mundo, tenía esa enorme duda, ¿Cómo es que pudo habernos dejado aquella noche? Como si nosotros no significáramos absolutamente nada para él. —Queríamos que te perdonaras a ti. *** —Gracias por traerme—. Expresó Miranda, despidiéndose de mi con un beso en mi mejilla—. Adiós Hades. Nuestros coches los habrían llevado a casa puesto que habríamos tardado más tiempo del que creímos que lo haríamos, así que, Hades llamó a la agencia y pidió que llevaran los autos. Apenas ella se introdujo a su edificio, miré hacía Hades. —No tienes que llevarme a casa, puedo tomar un taxi—. Mencioné a lo que él negó ligeramente—. Eh… —¿Has preparado ya tus cosas? —. Preguntó a lo que asentí, mirando cómo es que su mirada se desplazaba ligeramente—. ¿Por qué? —Drake me llamó. Tu casa esta ocupada, vinieron de visita tías tuyas, creo, algo así—. Mencionó sin mirarme, comenzando a conducir—. Me pidieron si te podías quedar en mi casa, al final… Nos iremos mañana a Los Ángeles. —Ya… Me quedó en un hotel o algo así—, expresé para ver mi celular. ¿Por qué a mí no me habrían dicho absolutamente nada? —No. No seas llorona, el otro día te quedaste—. Siguió, atento al camino—. ¿Por qué parece que estás…? —No. Estoy bien—. Sentencié para verle, mordiendo mi labio inferior—. Hades, ¿Somos amigos? Mi pregunta le tomó de sorpresa, lo pude notar cuando sus facciones se tensaron, no quería hacerlo sentir incómodo, de eso estaba completamente segura, es solo que tenía demasiadas curiosidades dentro de mi cuerpo. —¿Por qué lo preguntas flaca? —Porque… Siempre competimos, siempre parecía que teníamos una lucha incesante, por demostrar quien era el mejor, ¿No es así? Así era, pero me preguntaba, ¿En algún punto nosotros habríamos sido amigos? Es decir, compartíamos un secreto, habría pasado una noche en su casa, durmiendo en la misma cama que él, habríamos hablado en nuestros momentos pesados, ¿Éramos amigos? O simplemente enemigos desafortunados. Quizá el recordar que en algún punto el me gusto me habría encendido demasiadas cosas dentro de la cabeza, de una manera que no entendía del todo, por mucho que lo quisiera hacer. —Supongo que… Somos algo incierto—. Contestó con tono bajo, presionando el manubrio con un poco de fuerza—. ¿Dónde pasarás navidad? —Faltan demasiados días para navidad—. Le señalé, mirando hacía la ventana. —Sí, pero, de algo tenemos que conversar—. Expresó, para detenerse en el alto—. ¿Por qué no se besaron James y tú? —Eres un morboso. —No lo soy. —Sí. Eso o te encanta ver el mundo arder, ¿No es así? Querías llevarnos al borde a Miranda y a mí, ¿No es así? —No. —No nos besamos, porque a mí no me gusta y estoy segura que él esta tomando esta oportunidad para poder darle celos a Miranda—. Le recalqué, tamborileando en el tablero, un poco incómoda—. La manzana de la discordia. Hades. Quiero arreglar las cosas con Miranda, regresar a nuestra amistad… ¿Por qué quieres que haga todo esto? HADES Había muchas razones por las cuales quería que ella hiciera eso, pero decírselas era un error, por el momento debía de mantener las cosas al margen de lo que ella quisiera creer. Quizá hubo una temporada en la que, en realidad, Taylor me desagradaba. Después, comenzamos a ser competitivos, y le tomé cariño—no románticamente—pero me encantaba hacerla molestar, me encantaba ver cómo sus mejillas enrojecían ante el enojo y cómo buscaba sobresalir. No creía que fuéramos enemigos, porque para ser enemigos, yo tendría que buscar dañarla, y por el momento, era todo lo contrario. Seguí conduciendo, en silencio y ella se mantuvo igual, en completo silencio. Era extraño, pero parecía que estaba pasando más tiempo cerca de Taylor del que podría creer necesario, no tenía una buena razón, o quizá sí. Miranda se burlaba de mis razones, diciendo que era un niñato inmaduro, yo creía que se trataban de las circunstancias correctas. Y por las razones correctas, era válido jugárselas por algo. Katina y Miranda siempre habrían sido más beneficiadas que las otras tres, que Samara, que Paula y que Taylor, quien peor les iba era a Samara y a Paula, ellas tenían que ir a ciegas dándose topes contra la pared sin saber que destino sería aquel que les terminaría por guiar. Paula habría terminado siendo diseñadora, con becas, con demasiada ayuda y trabajando dobles turnos, desvelándose, porque quería sobresalir, Samara no habría tenido tanta suerte cómo Paula, quien aún trabajaba en un restaurante cómo mesera y no podía terminar su carrera, porque el tiempo se le venía encima. Taylor por su parte, también trabajaba, sus hermanos se habrían esforzado en darle el futuro que ella deseaba, puesto que habría sido quien más habría resentido la muerte de su madre y el abandono de su padre, después con la muerte de Katina, cuando ella decidió irse, con ayuda de su abuela, Nelly y Drake habrían dado todo porque ella se sintiera tranquila. Su abuela era la que más lo deseaba, ya que Taylor era la viva imagen de su madre, quería verla llegar lejos. Taylor trabajo como camarera en un restaurante de Los ángeles, y estudió su carrera. Y todo esto lo sabía por Miranda, a excepción de lo de Samara. De ella me habría contado Logan, ellos llegaron a tener ciertos encuentros—amigos con derechos—, le terminó, porque veía que Logan progresaba, mientras que ella seguía estancada en el mismo lugar. Quien me habría llamado esta tarde, cuando estábamos en casa de Katina, habría sido Nelly, su abuela le habrían ingresado otra vez al hospital, con riesgo de que sus pulmones se llenaran de agua de nuevo, por ciertos dolores que ella habría comenzado a resentir, en unos chequeos se dieron cuenta que los tratamientos no estaban mejorando. Les quise dar dinero, para llevarla a un mejor especialista, después de insistirle, ella accedió. Resulta y resalta, que la abuela le suplico a Nelly que no le dijeran nada a Taylor, puesto que sabían que ella terminaría por negarse a ir a Los Ángeles, puesto que querría quedarse a estar con su abuela todo el tiempo que fuera necesario. Si había algo que Taylor amaba en este mundo con locura, era a su abuela, y daría cualquier cosa por ella. Esa era la misma razón por la cual ella habría aceptado “traicionar” a su mejor amiga. Aunque, tampoco las cosas iban por ahí. Nelly me pidió que Taylor se quedará conmigo, diciendo la excusa barata de que habrían ido hermanas de su abuela a casa, y la casa se mantendría ocupada, dijeron que habría empacado ella las cosas anoche, por lo que, si accedía, ellos mismos las llevarían a mi casa. Sentía pena por esa familia, por los hermanos de Taylor, y por su abuela, porque cada año, cada cosa que pasaba, iba pareciendo un poco más deprimente que lo anterior, todo iba empeorando, y con ello, los sueños de Taylor se iban haciendo añicos. Ellos deseaban que ella fuera feliz. Taylor tenía aquella armadura tan grande fuera de su cuerpo, jurando que no habría absolutamente nada que pudiera causarle daño, pero terminaba por ser una autentica mentirosa, porque siempre ha sido bien sabido, que la que sentía más de todos, en cualquier sentido, era Taylor. —Sigo pensando, que podría ir a un hotel y no tendrías que tenerme aquí, te salvaría de ver mi horrorosa cara—. Se mofó, mirándome, girando su rostro en mi dirección—. Como un acto benéfico de mi parte. —Eres una tonta, flaca. Me baje del auto y ella hizo lo mismo, siempre pensé que ella era una guerrera amazona, siempre se habría mostrado demasiado fuerte, cómo si nada dentro de la realidad pudiera llegar a afectarle, pero claro que lo hacía, le dolía de más de un modo posible. Entramos al elevador, para presionar este. —Además de que tengo que ir por mis cosas y… —Drake las ha traído ya—. Le dije fríamente, para introducirme en el elevador—. ¿Por qué pareces tan necia en no querer pasar la noche aquí? ¿Nerviosa flaca? Ella rodó los ojos. Flaca. Recordaba que desde la preparatoria le decía así, no en señal de atacarla, no le diría algo cariñoso, porque no era mi estilo, no le diría un alago, simplemente era mi manera de hablarle con “cariño”, porque sí, le habría tomado cariño desde hacía bastante tiempo a ella, sin saber perfectamente por qué. Simplemente este ya se encontraba aquí. Y sinceramente, no me encontraba muy interesado en que este se fuera. —No me pones nerviosa, no te hagas ilusiones—. Se recargo en las paredes del elevador y me miró con burla—. No podrías. —No lo he intentado—, confesó burlón para encoger sus hombros—. Tu eres quien se pone nerviosa por absolutamente nada. —Eres un idiota—. Me respondió a lo que rodé los ojos—. Es curioso, ¿Por qué dejas que alguien que te desagrada se quedé en tu departamento? Parece ser, que tu eres quien quiere mi cercanía—. Soltó con tonó burlón—. ¿No es así Hades? No le contesté. Después de que las puertas del elevador abrieron en el pent-house, ella me miró con duda, sabía que ella era un completo misterio, supongo que eso era lo que me terminaba por intrigar de ella, porque no se le terminaba de conocer. Apenas entramos a mi casa, me quité el saco para ver cómo es que ella se quedaba parada junto a la puerta, con cierto toque de duda, no parecía ser la misma chica que me retaba en el elevador. —Puedes pasar, no muerdo—. Me mofé, a lo que ella rodó los ojos—. ¿Quieres un trago? —Sí, estaría bien—. Expreso, para caminar hacía la ventana—. ¿Por qué en el último piso? —La vista—. Respondí tranquilamente, caminando hacía el bar—. No tarda en atardecer, lo verás por tu cuenta. Tomé dos copas y una botella de vino, quería conocer un poco más a Taylor, y habría aprendido en el bar, que el único modo en el que ella era completamente sincera, era ebria, no necesitaba estarse cayendo de borracha para hacerlo, simplemente el alcohol en su sistema, era aquel que hacía que la lengua se le soltará por completo, diciendo más de lo que podría haberme comunicado. Así fue que aprendí que ella amaba andar en bicicleta, puesto que era lo último que recordaba de con su padre, cuando ellos salían a pasear en bicicleta, con su madre, era cómo si en sus recuerdos ella quisiera mantener un buen recuerdo de lo que fue su niñez con su padre, pero podía recordar yo, cómo es que esos años fueron de los más pesados para ella. —Sígueme—. Le pedí caminando hacía la terraza, ella dudosa lo hizo, terminando así ambos en la terraza, donde se encontraba una piscina, terminé por dejar ambas copas en la mesita y le miré de reojo—. Pareces un chihuahua. Ella no me respondió, se limitó a rodar los ojos con cierto toque de desdén. Se sentó en una de las sillas para mirar hacía el frente, curiosa. Siempre me pregunté, si era lo correcto engañarle para el beneficio de ella. No habría sido la primera vez que lo hacía, y en cada ocasión, podía sentir el sabor amargo en mi garganta, nombre, culpa. —Quizá tienes razón—. Expresó tranquilamente, mirando hacia la nada—. Tenemos que seguir con nuestras vidas… Al final, no fue nuestra culpa lo que sucedió esa noche, ¿No? —. Dudo. —No lo fue, estábamos en el lugar y horas incorrectos, inclusive Katina lo decía. F L A S H B A C K : —Esto, es increíble—. Expresó Miranda, apoyada en el pecho de James, le miré de reojo—. El atardecer. —Sí… Lo es—. Dudo Katina, rodé los ojos. Sabía lo mucho que se habría enamorado Marcus de ella, pero me parecía una lunática, de pies a cabeza, siempre teniendo aquellos cristales y diciendo que podía sentir aquellos momentos, era extraña. Aunque de igual modo, Marcus también era raro, habrían sido tal para cual. —Se esta acabando el alcohol—, Mencionó Paula, mientras que bebía de su cerveza—. Deberíamos ir por más. —Nosotros vamos—. Expresó Miranda, mirando a James—. ¿Te parece bien? —. Le preguntó. —Adelante amor—. Le dijo dejando un beso en su frente. —Voy con ustedes, de igual modo me sentiré cómo mal tercio—. Se mofó Paula, levantándose a lo que ellos se miraron burlones. Katina miró con atención, estaba mirando hacía todas partes, cómo si algo no coincidiera en ellos, cómo si la duda creciera en su vientre, pareciendo ser cómo un completo… Ellos salieron de nuestro campo de visión, y Katina miró a Marcus, para decirle algo en el oído. —Bebé, tranquila, hemos comido maría, será eso—. Le dijo para abrazarla de los hombros. —¿Sucede algo? —. Curiosea Taylor, jugando con su pulsera. —Sí, que eres una entrometida, nerd—. Le dije en tono despectivo a lo que ella rodó los ojos. —Así, casi, estuve interesada en saberlo—. Me dijo borde—. Pero, ¿qué crees? No me interesa—. Enfatizó con tono cansado. —Ya comenzaron—. Soltó burlona Samara, levantándose. —¿Katina? —No… Todo esta bien—. Dijo, para ver hacía el mar—. Sólo es un mal presentimiento. Quizá Marcus tiene razón, hemos estado bebiendo. F I N D E L F L A S H B A C K : —Supongo que sí. Es momento de soltar aquella noche, de igual modo, no podremos cambiar el pasado—. Susurró bebiendo de su copa, con un tono cansado—. Hades, ¿Puedo pedirte algo? —¿Con qué estés en mi casa no es mucha ayuda para ti? —. Le reté a lo que su rostro mostro una mueca de molestia, pero una sonrisa tiró de sus labios—. Dime. —Cómo los viejos tiempos, ¿No te cansas de retarme? —. Expresó a lo que solté una risa ronca—. Parece que lo disfrutas. —Claro que disfruto hacerte enojar, Taylor—. Alargué, sentándome también, bebiendo de mi copa—. Es mi pasatiempo favorito, no sabes cuanto espero que llegué la hora de molestarte… ¡Inclusive lo he marcado en mi agenda! Hasta una hora en exactitud tengo para hacerlo—. Le seguí con ironía. Ella soltó una risa, a lo que sonreí de lado también, regresando la mirada hacía el frente, quizá habría pasado demasiado tiempo desde la última vez en la que los dos nos habríamos tratado de este modo, sin que pareciera que en realidad queríamos sacarnos los ojos, de un modo creía que esa era nuestra manera de convivir, cómo si fuera esta nuestra relación. Quizá esta era nuestra manera de llevar una amistad, quizá no de aquellas cosas cursis donde llevaban bobos brazaletes, y nombres cursis. Me gustaba molestarla, me gustaba ver cómo ella hacía muecas de desagrado mientras pensaba en cómo devolverme los comentarios que le hacía, intentando en pensarse uno mejor del que le habría dejado yo. —Eres un tarado—. Mencionó, para beber de su copa—. Te has retrasado un poco, nunca te veo de noche—. Me señaló, para levantarse, caminando hacía el borde de la terraza. —Nunca es mala hora, para burlarme de ti. Taylor—. Miré como ella miraba hacía abajo, cómo si quisiera convencerse de algo. Taylor era alta, y aquella falda que llevaba lo delataba, podías ver sus largas piernas debajo de ellas, quizá no era tan alta, pero el metro sesenta, lo pasaba sin problemas. —¿Qué ibas a pedirme Taylor? —, le pregunté, ella se giró, mirándome con una sonrisa extraña. —Estaremos juntos más tiempo, mucho más tiempo del que creí algún día que pasaríamos juntos—. Expresó, para beber de su copa—. Con lo de la agencia, sobre aquel plan tan… Interesante que tienes entre manos, parece que tendremos que ver nuestros “angelicales” —, hizo comillas y suspiro—, rostros por más tiempo, ¿Podríamos no parecer perros y gatos? Es decir, por mucho que me guste recordarte que eres un tarado, creo que podríamos hacer que esto sea más fácil, para ambos. —¿Por qué lo dices? —Se que quieres hacer que tenga un problema con Miranda. Por ello el tema de los dulces, por eso el tema de todo, ¿No? El tema de los besos, le habría dicho a Miranda que le diría si se besaron o no, parecía ser, que, dentro de este plan, la única que no habría entendido las intenciones de lo que se trataba era Taylor. Lo cuál era bastante curioso, porque… Ella siempre habría sido más lista que nosotros dos, parecía estarse quedando un poco atrás de la realidad. —Bien, lo que me pides, es que no te ocasione problemas con Miranda, ¿No es así? —, le pregunté fingiendo confusión, tallando mi mentón, ella asintió—. Eso te daré yo, ¿Tú que me darás? —¿Qué? —, Su pregunta salió en tono chillón, dudosa de que en realidad habría preguntado eso. Me levanté para caminar en su dirección, mirándole con completa seriedad, para terminar, acorralándola en la barda de la terraza, haciendo que ella tragara en seco. —Dije, Taylor, ¿Tu qué me darás a cambió? —. Repetí mirándole directo a los ojos, notando cómo ella me miraba incrédula. No tenía dudas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR