Katina

3801 Palabras
CAPITULO 16 Negar que la salida con James era algo que me había resonado con demasiada fuerza en la cabeza, seria una mentira, no tenía la fiel creencia de que las cosas debían ir justo a su rumbo, supongo que esta vez no, pero si, que, con el paso del tiempo, cada cosa podría mejorar. Debíamos de superar el pasado, ¿No? —Estás incómoda, ¿No es así? —. Preguntó James, a un costado de mí, en la fila del concierto—. ¿Por qué? —No lo estoy—. Prometí con una sonrisa. No era incomodidad, eso podía jurarlo, pero… ¿Estaba haciendo algo mal? Sabía que a Miranda le gustaba James, ellos habrían tenido algo, y ahora… Ser quien se encontraba aquí, me hacía sentir cómo una traicionera. ¿Eso era? ¿Una gran traicionera? —¿Taylor? —, Paso su mano frente a mis ojos a lo que regresé a la realidad—. No somos unos niños ya… ¿Quieres hablar de la realidad? Pues la hablamos. —No… No quiero la realidad, estoy bien—, Le dije para girarme, mirando hacía el frente. Debía conversar con Miranda, con Hades, necesitaba hablar con todos, porque todo me parecía un poco desastroso, sentía demasiado ruido cruzar por mi cabeza impidiendo que entienda todo con claridad. Tenían sus planes…. —No, hablemos—, me giró tomándome del rostro, con ambas palmas. Abrí los ojos asombrada, mirando a los suyos—, Mierda…. Sus ojos me miraban de una forma en la cuál no creí que alguien podría mirar a otra persona, era extraño. El modo en el que me estaba mirando era demasiado curioso. No dijo nada, simplemente acerco su rostro al mío a una distancia muy corta, haciendo que nuestras respiraciones chocaran, mezclándose entre sí. Quizá ninguno de los dos dijo nada. *** —¿Se besaron? —. Preguntó Hades, mientras ambos esperábamos nuestro café—. Tay, ¿Se besaron? Miré de reojo a Hades, cómo sus ojos estaban atentos a mí, esperando la respuesta, más no tenía manera de decirlo. Tomé el café que me extendían y agradecí, escondiendo mi rostro en este, bebiendo. —Se besaron—. Afirmó. Besarnos, comenzaba a creer que Hades y James me estaban usando para darle celos a Miranda, es decir, no me gustaba ninguno de los dos, pero, el recordar cómo es que sus labios quedaron tan cerca de los míos y sus ojos no dejaban de mirarme atentos, mientras que sus manos se quedaban sujetadas en mis mejillas… —No…No—, Negué velozmente, para tomar un poco de aire, caminando hacía la salida de la cafetería de la empresa—. No sucedió eso… —¿Entonces? —, Preguntó. —Ven—, Le dije, caminando hacía donde tenía mis cosas, con el café en mano, apenas entramos deje mi café en uno de los escritorios y me acerqué a él, tomando sus mejillas rápidamente, acercándolo a mí—. Esto. —¿Sólo eso? —, Preguntó sin apartarse, mirando directamente a mis ojos, desplace la mirada, para soltarlo lentamente, asintiendo—. Vaya. —Sí, vaya. Es decir, no esperaba besarlo, pero eso fue… —¿Raro? —Justo—, Me deje caer en mi asiento, para soltar un suspiro cansado—. Fue cómo cuando… Cuando Hades me tomó del rostro y me acercó a él, cuando estaba la prensa, ¡Hijos de puta! —¿Buscan hacerme quedar cómo una fácil ante la prensa? —, pregunté con una mueca demasiado marcada—. No le encontraría otro tema, que no sea eso. —Yo no. Yo quería avivar un rumor—. Exclamó sentándose a un lado de mí—. Es para llevarlo al… —¿Al que…? ¿Por qué no me lo cuentas todo? —Porque no somos amigos—. Exclamó para ver su taza—. Eres mi empleada, que esta cumpliendo su función. —Jódete—, bebí de mi café. —Deberías ir con Miranda. Mañana nos iremos a los Ángeles y creo que hay un par de cosas que les hace falta—. Expreso a lo que le miré confundida—. Es decir, dijo que tenían que ir a casa de Katina. ¿Lo has estado alargando? —Algo así—. Expresé bebiendo de mi café. No sólo me miró tan de cerca, fue un momento incómodo, me miro a los ojos, después miro mis labios y… —¡Preciosa…! —, Miranda abrió la puerta para quedarse mirando la escena con confusión—. ¿Interrumpo algo? —. Preguntó pícara. —No. Nada—. Me levanté, para ir a abrazarla —. Hola, preciosa. —Estaba pensando que mañana nos vamos a Los Ángeles, quizá… Podíamos ir a casa de Katina…—. Mencionó a lo que Hades sonrió burlón—. ¿Vamos? —Eh… —Tienen el permiso de salir ahora de la agencia—. Encogió sus hombros Hades, para sacar unos billetes de su cartera—. Compren un postre para la madre de Katina. Suerte. —Deberías de venir—. Le dije velozmente a lo que ambos me miraron con curiosidad—. ¡Anda! Será divertido. La realidad era que no quería pasar tiempo con miranda sola después de haber salido con James, me hacía sentir incómoda, es decir, creía que le habría fallado—que claro que lo habría hecho—y saber, que podía hacerlo, que podía ser aquella hija de pu... Me jodía. Necesitaba hablar con Hades y preguntarle su podía decirle, aunque sea a Miranda, que se trataba de un trabajo, para poder ayudar a mi abuela, porque no salíamos—claramente—y esto en realidad se sentía cómo una verdadera traición, no quería ser una traicionera. —Bien—. Rodó los ojos Hades, para mirar a miranda, quien le dio una mirada burlona—. Anden, que tengo más cosas que hacer. Quizá era que durante mucho tiempo después de lo que habría sido, nos teníamos solo a nosotros, los tres salimos de dicha oficina, para comenzar a caminar hacía el elevador, me sentía un poco nerviosa ante ir de nuevo a la casa de la madre de Katina. —¿A dónde van? —, Preguntó James tomándome del brazo, miré a Hades quien rodó los ojos… ¿Se dará cuenta que el lo pidió? —. ¿Taylor…? —Tengo un poco de prisa, lo siento—. Dije de manera golpeada para entrar al elevador con ellos. Las puertas se cerraron y no pude evitar la mirada de Miranda por mucho tiempo, ella me tomó de la muñeca, y sonrió de manera tranquila. —Esta bien. ¿Ayer si salieron? —, preguntó con tranquilidad, miré de reojo esperando que Hades dijera algo, pero no lo hizo—. ¿Él te gusta Taylor? —No. Claro que no—. Dije, la mirada de Hades quedó sobre mí—. ¿Qué postre querrán comprar? Me encantan los postres—. Dije de manera nerviosa. —Si, te gustan los postres, los besos, ¿No? —, Hades presionó de manera burlona, generando que la mirada de Miranda cayera sobre mí—. Son unas galletas, ¿No? —Si, buenos dulces—. Susurré con las mejillas coloradas. Comenzaba a preguntarme, ¿De que se trataba su plan? ¿De enamorar a Miranda? ¿De joder a James? ¿De que se trataba todo esto? Quería saberlo, saber en que demonios me estaba metiendo, pero, sabía, que no lo descubriría hoy. Llegamos al estacionamiento, estaba por caminar hacía el coche de la abuela cuando Hades me tomó de la muñeca. —Deberíamos ir en el mismo coche, es el mismo lugar—. Contestó, para después ver hacía Miranda—. ¿No? —¿Eh…? ¡Ah, sí! Justo es lo que estaba pensando—. Mencionó de manera apresurada. —Como quieran. Me preguntaba, ¿Qué planeaban? El show de Truman. Esa película me gustaba, pero me generaba cólera, me la habrían dejado ver en la preparatoria, sobre un hombre engañado por toda su vida, creciendo entre las cámaras, un show. Así me sentía, atado a algo incierto, algo que no conocía, cómo si Miranda, James y Hades estuvieran manejando el día a día de mi vida, ¿Sería posible? —¿Taylor? —. Me llamó Miranda—. ¿Estás bien? Asentí, aturdida. Con cada momento que pasaba cerca de Hades recordaba que Miranda tenía razón en aquello que le dijo ebria a él, en algún punto él me gusto, la única que lo supo fue Katina, en una borrachera que tuvimos en su casa… ¡Mierda! —No tenemos que ir hoy a casa de Katina, sabes… No sabemos si su madre está ahí—. Dije rápidamente, con los nervios carcomiéndome, ambos me miraron—. Es grosero llegar con una persona de improvisto y… —Tienes razón—. Miranda se talló el mentón, pensativa, para sacar su celular—. Lo arregló en un minuto. Ella subió a la parte trasera del auto y yo cerré los ojos, agobiada. F L A S H B AC K : —Se quedaron dormidas muy temprano—. Enfatizo Katina mientras ambas nos sentábamos en la cocina, mientras ella bebía de su trago—. Aburridas. —Un poco—. Reí para empinarme mi trago—. ¿Y que con Marcus? ¿Estas enamorada de verdad? —Claro. Quiero que sea él, sabes…. Quizá nos casemos y tengamos diez hijos—. Se mofó para mirar hacía su celular—. Tu también podrías gustarle a tú chico, eso parece. —No se de que hablas—. Tomé la botella de tequila, para rellenar mi vaso—. Así que… —No se necesita mucho para ver, que a ti te gusta Hades—. Señaló para tomar ahora ella la botella—. ¿Desde cuándo? —No lo sé, unas semanas—. Susurré a lo que ella sonrió—. Se casarán y tendrán dos hijos, una tiene que llamarse cómo yo—. Se mofó. Solté una risa, para ver cómo ella se levantaba, tomando un block de notas que mantenía su mamá en la cocina, para tomar una pluma, colocando su nombre y el de Marcus, dentro de un corazón. —Te toca—. Mencionó empujando el block en mi dirección le miré con una mueca ligeramente marcada—. Anda nadie lo va a ver. Sonreí divertida, para escribir mi nombre junto con el de Hades, para morder mi labio inferior. Ella giró el papel para escribir, “Algún día nos casaremos”. —¿Te lo imaginas? —. Preguntó mirándome con curiosidad. ¿Qué si lo hacía? En realidad, no. Sería interesante, pero Hades y yo siempre hemos competido en absolutamente todo, tanto al punto que llegamos a ir a uno de los mismos concursos juntos, le gané. En deportes, el me ganó a mí. Pero durante años, sólo, lo único que habríamos hecho era competir entre nosotros. F IN D E L F L A S H B A C K : Técnicamente, quien unía aquella amistad y por la que todo comenzó, fue por Katina, ella había hecho que nosotros coincidiéramos desde un inicio, puesto que… Siempre fue la que tuvo más carisma para ese tipo de cosas. Ella decía que éramos la amistad perfecta porque se habrían reunido a las personas adecuadas, en su omento, con completa sinceridad no lo habría entendido, hasta el día que ella murió. Cómo si se tratase de que algo nos enlazaba. —¿Estás bien? —. Preguntó Miranda, mientras me tomaba del hombro, mientras estábamos en la fila de aquella tienda—. Pareces nerviosa, ¿No quieres ir a casa de Katina? —Lo siento, por salir con James—. Le di una mueca, a lo que ella me miró con las cejas alzadas, por mis palabras—. No quiero nada con él, no sabría cómo explicarte, pero… —Se que tendrás tus buenas razones, Taylor—. Me dio la razón, mirando el mostrador, a lo que soltó un suspiro—. ¿Por qué no me las dices? —Porque… Lo hago por la abuela—. Expresé mirando hacía la nada—. No quiero hacerte daño, preciosa. Es de lo único que estoy segura. —¿Por qué sales con James entonces? Cerré los ojos, dejando caer un poco mi cabeza hacía atrás, pensando en las palabras que podría decirle, ¿Cómo decirle que se trataba de algo que me habría pedido Hades? —Sinceramente… —¿De que platican? —. Preguntó Hades, poniendo su mano sobre su hombro, esquive la mirada velozmente—. Uy, Miri, deberías de comprar besos. ¿A ti te gustan Taylor? Miré con recelo a Hades, ¿Qué era lo que planeaba? Eso era lo que me preguntaba, si su plan era hacer que me quedará completamente sola, pero al final lo valía, todo por la abuela. —Son buenos dulces—. Le dije en tono bajo, apartando la mirada levemente—. Yo… Tomé un poco de aire, ¿Cómo podría decir absolutamente algo? No podía decir nada. Espere a que la fila avanzara, con Hades detrás de mí cómo un verdugo esperando atacar, apenas llegamos al frente, Hades compro aquellos “besos” y unas galletas de chispas, la madre de Katina las adoraba con el café. Durante todo el camino, podía ver cómo es que ellos charlaban como si fueran mejores amigos y cómo si terminará por sobrar en este auto, no me molestaba, puesto que al final, nunca habría sido completamente apegada a Hades. Pensé en el lugar en donde podría estar aquella hoja, Katina dijo que la guardaría hasta que una de las dos nos casáramos con la persona de aquella nota. ¿Podría ser posible que fuéramos tan cursis? Nos estacionamos en donde se encontraba la casa de Katina, presioné mis labios entre mis dientes, sintiendo el filo de estos, necesitaba mantenerme serena. Bajamos, para caminar hacía el porche, parecía buena idea venir con Hades, hasta que recordé aquella nota, no quería estar sola con Miranda, pero me habría dado cuenta, que prefería ser honesta con ella. No quería perder a Miranda cómo amiga, quizá era un poco tarde para comenzar a valorar aquella amistad, pero no creía que fuera lo suficientemente tarde para arreglar las cosas con ella, ¿No es así? Siempre he tenido la creencia de que siempre las cosas se pueden arreglar. Toqué la puerta y miré sobre mi hombro en donde se encontraban ellos, tan cercanos, ¿Sentía celos? ¡No! Dios, debía de dejar de pensar en esa nota, porque me sentía en estos momentos nerviosa, cómo si aquello que escribí en esa nota aún fuera real. No lo era. Tenía cierto recelo y me desagradaba Hades, así que, no podría gustarme, mucho menos, podría ponerme celosa de la cercanía que ellos dos podrían tener. La puerta se abrió un par de segundos después, dejando a la vista a la madre de Katina, quien nos entrego una cálida sonrisa, para dejar un beso en mi mejilla. —Me alegra que vinieran—. Me dijo tranquilamente, a lo que le sonreí ligeramente—. Escuché que ambas son modelos, siguieron sus sueños… Cómo lo habría querido mi niña. —Justo, sí… Samara ahora es una diseñadora y Samara…—, Miranda se quedó callada apenas dijo eso, para verme—. No he sabido mucho de Paula. Sólo aquella vez que fuimos a… —Sí, pasen—. Dijo haciéndose a un lado permitiendo que entráramos—. Supongo que tomaron cierta distancia, ¿No? Las cuatro. —Tal parece, pero… Nosotras estamos intentando arreglar la fractura—, dije mirando a Miranda, quien me dio una sonrisa ligera, para suspirar—. Es lindo volver aquí, hacía tiempo que no… —Sí, un par de años—. Mencionó la madre de Katina—. Hades, cada vez más alto. —Hola, un placer verle—. Le dijo tenue. Nunca me puse a pensar en la magnitud de las vidas que cambiaron con la muerte de ellos, es decir, ellos fueron los que dejaron de estar aquí, pero muchos de nosotros terminamos cambiando por completo el rumbo de nuestras vidas. —¿Quieren café? —. Preguntó. Los tres dijimos que sí. Cómo si aún fuéramos aquellos adolescentes, caminando hacía la cocina, ella habría puesto la cafetera, recargada en la encimera, con una mueca. Ella siempre habría sido perfeccionista, tenía su casa perfectamente arreglada, al igual que sus uñas perfectamente esmaltadas. Era curioso, porque al modo de ser de su madre, Katina nunca fue ni siquiera un poco parecida a ella, era cómo si se tratase de diferentes lazos. —Así que… Han crecido tanto—. Mencionó, mirándonos, a lo que sonreí sin gracia—. El tiempo ha pasado. Así habría sido. Supongo que la única razón por la que yo habría huido de Nueva York, era porque no estaba lista para la perdida. Duelo. Suelen decir que vives el duelo los días que esas personas mueren. Recuerdo el funeral. Estábamos devastados, Paula, Samara, Miranda, Hades, James, Logan y yo… Nos sentamos juntos los ocho, quizá esperando que aquel lazo que ellos unían, se sintiese. Marcus y Katina unieron nuestros círculos y ellos me habrían agradado de sobremanera, pero… Todo cambia. Ese día nos quedamos un poco más tiempo en el cementerio, quizá con intensiones de que algo cambiará dentro de nosotros. Reímos, reímos demasiado. Recordando cada uno de los momentos que pasamos, cómo todo habría sido… Quizá de un modo, intentando protegernos de lo que sucedió, ¿No es así? Ella bajo las tazas y nos miró por un par de segundos, quizá era un cierre para ella, cómo para nosotros, yo lo sentía así. Quizá por alguna razón, habría sido mala amiga con Miranda, porque tenía miedo de que un lazo más fuera perdido… Lo sabía, habría sido demasiado egoísta. —Katina siempre habló cosas buenas de ustedes—. Animó su madre, dejando de una en una, tazas frente a nosotros—. Pensaba que ustedes… Se casarían. —¿Qué? —. Preguntó Miranda, mirando con atención. —Pensó que Taylor y Hades se casarían—. Aclaró a lo que Miranda alzó una de sus cejas—. Ella decía que tenía un alma viva, un alma de bruja… Y siempre decía… Que ella moriría joven… —¿Puedo usar su baño? —. Pregunté forzando una sonrisa. —Adelante. Sabes donde esta. Agradecí. Camine hacía los pasillos para sentir cómo mi pecho se aceleraba de manera drástica. F L A S H B A C K : —¿Cuánto tiempo nos das? —. Pregunté arrastrando las palabras, tirándome al suelo, ella imitó mi acción mientras ambas mirábamos hacía el techo—. Para que nos casemos. —Cinco años—. Contesto a lo que solté una carcajada—. Serás feliz, tendrás un bonito matrimonio—. Siseó, ante los efectos del alcohol—. Y serán la bella familia feliz—. Hipeo. —Shhh—. Coloqué mi dedo en mis labios, pidiendo silencio—. Si nos escucha tu madre, nos matará—. Reí. —Y tendrán dos gatos—. Siguió con una risa—. ¿Crees que Marcus y yo…? —Son perfectos, tan asquerosamente adorables—. Le dije, torpemente manoteando, buscando su mano—. Serán muy felices juntos. —No lo sé. —¿No sé supone que tú eres la bruja? —. Reí, girando en su dirección—. Yo no me casaré. Tu sí. —Deja de temer del amor que dicen tener las personas. Perdónate. F I N D E L F L A S H B A C K Mojé mi rostro. Comenzaba a flaquear, todas las cosas que me evitaba sentir parecía que me estaban llegando de manera extrema al cuerpo haciéndome titubear. No lo entendía. No podía entenderlo con franqueza. Era cómo si todas las cosas que me habría estado evitando, el sentir, ahora, me estuvieran llegando a la cabeza, cómo un ataque directo al corazón. —Joder Katina… Sentía cómo si la tuviera sujetándome de los hombros, intentando obligarme a despertar. Necesitaba un poco de aire, un poco de realidad, un poco de todo. Salí del baño, para soltar un suspiro pesado, relamí mis labios para ver hacía donde se encontraba la habitación de Katina. Regresé a la cocina, para ver cómo es que hablaban, quizá habría sido una maldita, con Hades, con Miranda, con James. Quizá ver el pasado de frente, me habría hecho despertar. Mis cejas se fruncieron ligeramente cuando mis ojos cayeron a una fotografía. Hace diez años, mi padre me dejo, con el cáncer de mamá, no lo soporto y terminó por dejarnos con la abuela, quien tenía que trabajar en la cafetería y nos mantenía ahí todo el tiempo. Nelly era la mayor de los tres, quien estaba para nosotros… Supongo que aquella imagen habría sido lo que picara en mi cerebro como una aguja, un doloroso pinchazo, haciendo que todo se sintiera extraño. Quizá, ese pinchazo me trajo de nuevo hacía la realidad, de aquel mundo en el que me quería mantener lejana… ¿No? Caminé lentamente por la habitación sin dejar de mirar el periódico, su fotografía se encontraba en este. No creía en las casualidades, en el destino sí. Era un periódico de 1999, papá habría salido en los titulares, ¿Por qué nunca lo habría visto antes? —¿Taylor? —, me llamó Hades —¿Dime? —, Aclaré mi voz, para verle—. Parece que… —Es por el periódico—. Expresó la madre de Katina, para levantarse, tomándolo entre sus dedos—. Katina lo encontró para ti, quería que supieras que llegó a ser buena persona, no quería que lo odiarás. Cerré los ojos sonriendo, mientras de mis labios salía un resoplido, Katina nunca cambiaría. —Ella dejo muchas cosas para ustedes, cómo si hubiera sido premeditado—. Me dejó aquel papel viejo en las manos y me sonrió ligeramente—. Me mudaré, tomen lo que les unía… Lo demás lo donaré. Creo que es momento de dejarle ir. Miré a Hades y Miranda, ¿También era nuestra hora? Hora que dejáramos ir aquella noche… ¿También era nuestro momento de soltar todo?
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