C A P Í T U L O V E I N T E :
MIRANDA
¿Cómo hablas del amor?
Miré hacía Taylor, recostándome, mirando hacía el techo, ¿Quién es capaz de hablar del amor sin desmoronarse?
—¿Qué dices? —. Pregunté con tranquilidad, girando un poco mi rostro en su dirección.
—Somos mejores amigas—. Pauso por un par de segundos, imitando mi acción—. Pero, creo que actualmente, no se absolutamente nada de ti.
Le miré de reojo. Quizá en otra vida, nosotras habríamos sido la amistad perfecta, si no hubiera pasado lo de Katina. Taylor rompió mi corazón cuando se fue.
Estaba ensimismada, le di una sonrisa sin gracia, para regresar la mirada al techo.
—Tenemos toda la vida, para conocernos de nuevo.
—¿Aún te gusta James? —. Me preguntó con lentitud—. Porqué creo que tú aún le gustas a él.
—Daría lo mismo, Taylor—. Murmuré—. Terminamos, él me terminó.
—Pero…
—A veces no eres la prioridad de las personas, esta bien—. Asentí para sentir un pequeño vuelco en mi corazón—. Un verano éramos todo, ahora probablemente, no podemos ni siquiera vernos.
—¿Aún lo amas?
¿Y cómo podría decirle que lo perfecto se disolvió? Que un día éramos todo, magia pura… Ahora él iba detrás de tantas personas, y éramos un pasado que mis amigos decían que podría olvidar.
¿Cómo olvidas al amor de tú vida?
Éramos aquel mágico amor, ahora podía ver las luces cegadoras de la ciudad, caminando por los lugares que algún día nosotros solíamos visitar, pero ahora él los visitaba con alguien más.
—Miranda, ¿Por qué simplemente no admites que sigues enamorada?
Porque el amor, no lo es todo.
FLASHBACK
Dejé las llaves en la encimera, podía escuchar la canción de rock, en los altavoces de las bocinas, fruncí las cejas, podía recordar que James decía que cuando necesitaba pensar eran las mejores canciones que podía reproducir. Caminé con lentitud hacía la habitación, pasando mi mano por las paredes.
Entré a la habitación notando una maleta encima de nuestra cama.
—Solecito—. Dijo dejando una camiseta perfectamente doblada dentro de la maleta—. Creí que llegarías más tarde.
—¿Vas hacía algún lugar? —. Pregunté cautelosa.
Dicen que hay momentos que se sienten cómo una especie de bala, ¿Cómo podemos sobrevivir a las balas perdidas de un amor que se sintió tanto?
—Ven aquí—. Dijo sujetando mi mano, para colocarme frente a él—. ¿Sabes que te amo?
—¿Qué pasa?
—Te amo, Solecito—. Repitió, acomodando mi cabello una y otra vez—. Te amo más que a nadie en el mundo.
Podía ver sus ojos atentos en mi dirección, podía sentir cómo quemaba mi interior, respiré profundo, sintiendo añicos mi interior…
—Eres, sin duda, la mujer perfecta—. Dejo un beso en mi frente, para caminar en dirección del armario—. Lo mejor que me paso.
Bajé la mirada, intentando analizar lo que me decía, caminé hacía el buró, notando una carta, hijo de puta.
—Te vas—. Le señalé, mientras él salía, con más ropa en sus manos—. Me estás dejando, ¿No es así?
—Lo siento, Miranda. Pero ya no puedo con esto—. Me dijo, para ver la carta entre mis dedos—. Quería hacerlo del modo menos doloroso para ti.
—Dejándome por una maldita carta, huyendo, cómo un puto cobarde—. Arrugué el papel entre mis manos y le miré con un colapso cruzando mi cuerpo—. ¿Ese es el modo menos doloroso para ti?
—Hemos estado juntos por toda nuestra vida, Solecito si…
—No me llames Solecito—. Le interrumpí, quitando la ropa de sus manos—. No puedes tratarme cómo si me amarás, mientras me estás dejando.
—Es que te amo, Solecito—. Mencionó, acunando mi rostro, mientras que las lágrimas comenzaban a picar dentro de mis ojos—. Te amo, de verdad te amo.
“Primera bala…”
¿En realidad me amó? ¿Cómo podía verme a los ojos y saber que estaba metiéndome en un colapso?
—Si me amas… ¿Por qué me estás dejando? —. Intente apartarlo, más no se alejó—. ¿Por qué si dices amarme me estás dejando?
—Porqué, es lo mejor, Solecito—. Dejo un beso en mi frente.
“Segunda bala…”
—¿Para quién?
—Me conociste siendo otra persona, y sí. No te niego que fue muy bonito estar contigo estos años, pero…—Dobló otra camisa, cerré los ojos por un par de segundos—. Pero, me conociste siendo alguien más, no soy una persona que vaya por ahí, con cosas serías.
“Tercera bala…”
Podía sentir los cachos de mi corazón cortándome la piel a tal punto de llenarme de sangre, podía sentirme completamente rota, en mi colapso.
—James, no me jodas—. Negué con los ojos llenos de lágrimas.
No me jodas…
—Sabes que juego con las chicas, contigo fue diferente, no quiero hacerte daño.
—Muy tarde, me lo has hecho ya—. Le dije con un nudo en la garganta—. Tienes razón, jodes, lastimas. Te gusta jugar, lo debí de tener claro.
Caminé hacía afuera de la habitación, pero su mano me tomó de la muñeca, deteniendo mis pasos, cerré los ojos, por un par de segundos quería gritarle tantas cosas, todas las palabras y dolores que cruzaban en mi pecho, pero no podía decirlos, no podía decirle que me estaba jodiendo el corazón, porque no quería que se quedará por el hecho de verme destrozada, no quería ser él tipo de chica que terminaba atando a la persona que amaba por simples caprichos.
Debía de entenderlo, supongo….
Quizá el amor, todo lo que paso en estos últimos años fue algo que me inventé, que lo único que hacía que no se separará de mí era la misma razón que nos habría jodido a los dos.
Quizá, no quería romper el lazo de lo que habría sido su mejor amigo.
—Solecito, podemos ser amigos y…
—No, no me pidas eso—. Le dije soltandome—. Me ibas a dejar por una puta carta, huyendo, me estás dejando porque quieres ir a acostarte con demás chicas, ¿Nunca fui suficiente para ti?
—No lo hagas más grande de lo que es Solecito…
—¿No es así? —. Le dije rota—. ¿No es eso? Si fuera lo suficiente, no tendrías que ir a buscar al modo de acostarte con más chicas.
—Solecito…
No le dije nada, pasé los minutos más amargos de mi existencia mirando cómo terminaba de empacar sus cosas, apenas llego al marco de la puerta, sus ojos me miraron con incertidumbre.
—Cruza esa puerta, y no volveremos jamás—. Le dije con dolor—. Cruza esa puerta, y no volveremos jamás.
Su mano fue dudosa en tomar la perilla, era cómo un sueño, aquellos que te despiertan a mitad de la noche y te hacen dudar.
Pero, la abrió.
—Te amo, Solecito.
—Cruza esa puerta y te juro que te odiaré por el resto de mi vida—. Le dije con la voz temblorosa.
—No puedo seguirte el ritmo, quiero una vida divertida, no una perfecta—, me dijo—. Sigues siendo esa niña perfeccionista que algún día conocí, eso me esta ahogando. Lo siento.
Se fue…
Cruzó esa puerta y me dejo con la vida hecha añicos, dejándome por querer libertinaje, cerré los ojos, con las lágrimas rodando mis mejillas, cómo un cuento de hadas, conocía el final… Pero supongo que no quería escucharlo…
Esa noche, la pase con la lengua entumecida, tenía mis momentos, pequeña e imperfecta, comencé a creer en el amor y ahora este se llevaba todo fuera de mi vida.
FIN DEL FLASHBACK
—Podría amarlo—, Repetí para limpiar las mejillas que caían de mis mejillas—. Pero eso no significaría nada, es un imbécil, y yo una crédula. Me dejo, y jugo con todas las que estaban en esa puñetera empresa de mierda—. Mencioné con nostalgia, levantándome, para caminar al minibar—. Así, que, ¿Qué más da lo que yo sienta por él?
Taylor se quedó callada, analizando las palabras que acababan de salir de mis labios, no quería desquitarme con ella, me parecía una mera…
—¿Han hablado después de eso?
—No—. Dije bordé—, Solo le falta Gina del aseo y tú en su lista de sexo—. Respondí abriendo mi lata de cerveza—. Por eso deberías de tener cuidado con él, para James, somos el puto número de una lista.
HADES
—En algún punto, lo jodí—. Dijo James, tomando de su cerveza—. Ahora, tengo una nueva oportunidad.
—¿Por qué vas detrás de Taylor? —. Le dije, mirando hacía el cielo de aquel edificio—. Siempre te pareció rara.
—Porque… Es inteligente, y me escucha y…
—Y, y—. Me burlé—. ¿Intentas poner celosa a Miranda?
Sabía cómo habrían terminado las cosas, del modo que se fue de su lado, yo creía que yo era un hijo de puta, que su lista de mujeres era de una noche, un cabrón, pero, jamás habría dejado a la persona que amaba, del modo en el que él lo hizo.
—No todo gira entorno a Miranda—. Se defendió, dándole otro trago a su cerveza—. Taylor es linda.
—Ajá, ¿Y?
—¿Qué?
—Sí sólo le miras porque es “linda”, estás jugando con ella—. Le dije sin mirarle—. Sabes, no me agrada Taylor.
—¿Entonces que te importa que es lo que haga con ella? —. Gruño.
—No está en su mejor momento, y lo sabes—. Reproché, para suspirar—. Viste a su abuela en el hospital, ¿Crees que también tenga que lidiar con un imbécil que juega con ella?
—Por dios, Hades. ¿Desde cuando la defiendes? Que yo sepa, ella ni siquiera te importa.
—Es mi… Amiga—. Le dije con lentitud y desagrado—. Y pensé que la tuya también.
—Pues reforzamos la amistad ella y yo…
¿Saben que es lo malo de ser una persona impulsiva? No pensar las cosas, antes de actuar…