Paulina
Alex sabe que tiene que comenzar a ser honesto con Paulina, dejarle claro sus sentimientos, sus intenciones y las verdades. Después del episodio del caballo, le dijo:
—Es una broma que se hacen entre ellos, por lo general no pasa de que se altere un poco el caballo, pero la yegua es muy joven, aún le falta entrenamiento… y además tienen prohibido hacer ese juego desde el accidente de Josué el hermano de Polo.
— ¿Qué le pasó?
—Se cayó del caballo y…
Pauli traga saliva y pregunta:
— ¿Murió?
—Afortunadamente no, pero perdió una pierna…
—Lo siento mucho…
—Ya pasó, solo que me vi en la peor situación, eres muy valiente, tomaste el control de la yegua de una forma increíble, no es fácil.
—Pasaron mis clases de la infancia de equitación por mi mente, tratando de recordar muchas cosas, en verdad tenía muchos años sin montar. En el rancho de mi padre no acostumbro a andar en caballo.
—Lo que bien se aprende nunca se olvida… espero que no vuelvas a pasar por esa situación…
Alex enciende el 4 x 4 y se marchan, conduce por una vereda rodeada de una cortina de árboles, huizaches y mezquites principalmente. Pauli desconcertada por el accidente observaba el paisaje sin mencionar nada, la adrenalina aún tenía bloqueados sus sentidos.
Llegan a una pequeña cabaña con una terraza con mesas y sillas. Se encuentra una anciana en el interior.
—Inés, ya llegamos—dice Alex.
La anciana sale a su encuentro y lo saluda efusiva. Le da un fuerte abrazo.
—Hola mi niño, sabía que vendrías… ¿quién viene contigo?
Alex ayuda a la anciana y la pone frente a Pauli.
—Es mi novia, se llama Paula.
La anciana se acerca y le toca el rostro.
—Seguro eres muy linda. Se siente energía entre ustedes. Alex, ella será todo para ti.
Pauli lo mira extrañada. La anciana era misteriosa, pero transmitía paz. Una sensación difícil de descifrar. Alex toma de la mano a Pauli y la lleva a una de las mesas. Inés le da unas palmaditas en la espalda y grita al interior:
— ¡Mura! Tráeme dos desayunos y dos jugos.
Alex sabe que debe explicaciones al ver el rostro confundido de Pauli. Él sonríe, tantas sorpresas en un par de días la deben tener algo trastornada.
—Inés lleva este comedor. Aquí comen todas las personas que sirven al rancho. Polo y Josué son sus nietos. Es ciega desde hace años, pero tiene un poder extraño, interpreta el alma de las personas con solo tocarlas…
—Por eso dijo que sentía energía entre nosotros.
—Ella me ha ayudado mucho a tomar decisiones complicadas, sabe cuándo estoy preocupado, cuando estoy feliz, es una especie de conciencia.
Alejandro se acerca a Pauli y le dice:
—Mi abuelo salvó a Inés de su marido, hace muchos años, lo encontró abusando físicamente de ella. La golpeaba casi todos los días, y tenía una hija, Aurora, la madre de Polo y Josué, que murió al dar a luz a Mura… Mis abuelos protegieron a Inés y le dieron este trabajo. Sacó adelante a su hija y luego a sus nietos.
— ¿Y el padre?
—Por ahí anda, es el encargado de la hacienda, se fue un tiempo cuando murió Aurora, luego volvió a pedirle perdón a sus hijos y le pidió trabajo a mi padre.
—No cabe duda que hay que estar agradecido por lo que uno tiene.
—Definitivamente.
—Tengo que llamar a mi papá…—Mencionó Pauli nerviosa.
—Después de que comas con gusto te llevo.
Vuelven a la finca del rancho, Alex guía a Paula al despacho.
—Aquí está el teléfono y si necesitas algo me avisas.
—No te vayas.
Alex sonríe y toma asiento. Paula marca en aquel teléfono nerviosa.
—Bueno
—Hola Eudardo—. Responde su hermano
—¿Qué pasa Pau?
—Nada ¿hablaste con mi papá?
— Sí. Me dijo que le marques.
—Pásame el número.
—Está en el hotel HJ 01800485968 habitación 302... “A las cinco Pau”.
Ella escribe en un block de notas que se encuentra en la mesa.
—¿Sabes algo?
—Mi tía está muy grave. Sigue en terapia intensiva. Creo que ya llamaron a un notario. A lo mejor tenemos que ir. Y Pau, prepárate para lo peor.
—No quiero que muera.
— Lo sé… ¿Dónde te localizo? Creo que ya es hora de que pienses en comprarte un teléfono celular.
—Espera...
Pauli busca con la mirada a Alex, quien la observa con cierta preocupación.
—¿Cuál es el número telefónico de tu casa?
Alejandro toma el lápiz y lo escribe, Pauli le dicta el número a su hermano y le explica donde está.
—Hermano, relájate.
—Así soy yo de estresado. Te marco cualquier novedad.
—Por favor, y dile a todos que sean atentos con mi papá, necesita de nuestro apoyo más que nunca.
—Sí, vale yo les digo, cuídate por favor.
Al colgar el teléfono Alex observa a Pauli. Se siente un estúpido. Sabe que la está usando, sin embargo, también sabe que tiene futuro con ella. Es la mujer ideal para esta aventura.
—Todo bien, que llame a papá a las 5.
—¿Tienes miedo?
—Un poco, no es que a mi edad le rinda cuentas en todo a mi padre. Pero es la primera vez que no le digo a donde voy, ni con quien, ni nada y sé que además el asunto de mi tía Francisca, mi actitud lo tiene algo desconcertado…
—Perdón princesa, es mi culpa… yo te insistí mucho en que vinieras… no conozco estos protocolos.Nunca le pedí permiso a Alberto para nada.
—Yo quería venir, lo hice a propósito, no quería que hiciera muchas preguntas y tener que enfrentarme a un ¡No vas!
—¿En serio querías venir?
—Claro tonto.
—Bueno, vámonos que Alberto nos espera para ir a comer.
Salen de la finca y se dirigen al jeep. A lo lejos está Aura. Alex al notar su presencia le dice a Pauli:
—Espérame tantito, hay un asunto pendiente.
Se marcha en busca de Aura, mientras Pauli lo observa desde lejos. Aura al notar que se acerca Alex trata de escaparse.
—¿A dónde vas? — La detiene Alejandro.
—Suéltame.
—Me debes una explicación ¿Qué te pasa? ¿Cómo se te ocurre hacerle esa broma a Paula?
—Fue una apuesta…—dijo tratando de no darle importancia. — No creí que la yegua saliera corriendo, además tu “princesa” está bien.
—Pudo haber tenido consecuencias fatales y sabes a que me refiero. No quiero una broma más como esta nunca Aura, ¿me entendiste? Si algo le pasa a Pauli me muero.
—¿Tanto la quieres?
—No tienes idea de cuanto me importa esa mujer, así que más te vale que te mantengas al margen de mi vida desde este momento, olvídate de que somos amigos. Esto fue para mi más que una simple broma.
De inmediato Aura cambió su actitud.
—Perdón Alex, no es para tanto.
—Para mí si Aura. Así que limítate a tus responsabilidades, por mi ahijado no te preocupes, encontraremos tiempo para pasarla juntos…— Se da la media vuelta y se marcha.
—¡Alex! Déjame pedirle una disculpa— trata de detenerlo, pero Alejandro está convencido de que Aura había sobrepasado los límites de su confianza. Se sube al jeep, lo enciende y toma el camino de terracería.
Se mantienen en silencio un rato, Pau no sabe que decir, pero Alejandro toma la iniciativa.
—Perdón por la escena, pero estoy tratando de evitar otro accidente. Se pasaron.
—Lo entiendo…