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¿DÓNDE TIRO A MI EX?

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humor
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¿DÓNDE TIRO A MI EX? Es una historia intensa, romántica, y de mujeres aguerridas. Cada mujer de esta historia cuenta su vida soñando llegar a sus metas y la realización personal, con o sin ellos.

Angélica, Paulina y Natalia, son amigas desde la adolescencia. Con el tiempo cada una de ellas va tomando su camino, viven intensas historias de amor y dejan de verse por algunos años.

Angy es una chica independiente, psicoanalista, escritora y conferencista. Paulina una reconocida artista plástica y Natalia, destacada diseñadora. El destino vuelve a reunirlas después varios años.

Con sus vidas estables y prácticamente resueltas, el destino les hace una jugada, un reencuentro inesperado con sus ex parejas, y consecuencias inesperadas, poniendo la vida de Angy, Pau y Nat en un predicamento y toda su estabilidad emocional de cabeza. Una historia divertida, enredada, romántica y llena de colapsos nerviosos. ¿Qué ruta seguirán sus vidas con este retorno?

Nuestras protagonistas deben sacar su lado más lindo o su lado más terrible para enfrentar los conflictos que les presenta la vida día a día. Es una historia con amor, desengaños, frustraciones y personajes dispuestos a enfrentar todos los demonios que sean necesarios para encontrar la felicidad. ¿Habrá un felices para siempre?

NOTA: Cada capítulo, inicia con el nombre de Paulina, Angélica o Natalia. Puedes leer cada historia por separado o bien, con la continuidad que corresponde.

¿DÓNDE TIRO A MI EX? Es una historia intensa, romántica, y de mujeres aguerridas. Cada mujer de esta historia cuenta su vida soñando llegar a sus metas y la realización personal, con o sin ellos.

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Paulina: Marzo 2013
Paulina MARZO 2013 Nadie cree en las historias de amor llenas de magia y finales felices. Nadie sabe en realidad porque hay parejas exitosas y otras que parecen ser infelices para siempre. Hay parejas que pasean de la mano, se besan en la boca, se hacen cariñitos, como si fuera amor, y luego resulta que "sólo son amigos”, sí, entre comillas. Para otras chicas, si un chico les toma de la mano, les saluda de beso en los labios y las abraza mientras beben café o ven una película, es algo más que un amigo. En otros tiempos, se llamaban novios. Ahora les llaman "pareja" o “algo más”. Sí, entre comillas. Algunas chicas tienen "amigos" y andan por ahí besándose con caballeros sin armadura y luego se les vienen encima un montón de problemas médicos o consecuencias después de 9 meses. Y eso, sin contar la infinidad de veces que dejan a su amiga sola en el antro, preocupada y a su suerte. Eso me pasaba a mí, por santurrona. Por lo general terminaba volviendo sola a casa. En una ocasión, mi compañera de departamento, Sofía, mi antigua “roomy”, cómo nos llamábamos entre nosotros, desapareció. Ni siquiera me avisó que se iba. Lo que hiciera con su vida me tenía sin cuidado, pero siempre decía: "Venimos juntas y nos vamos juntas", y eso casi nunca ocurría. Puedo volver sola, pero en estos tiempos uno nunca sabe si te ponen algo en la bebida o te drogan y, ¡sabrá Dios qué te pueda pasar!, eso me decía mi tía Francisca, una y otra vez, y yo era como una madre preocupada por mi amiga. Pues aquel día, se marchó sin decir nada, con uno de los californianos de intercambio de la universidad. Para suerte mía, su amigo Abdiel se ofreció a llevarme, no sin antes hacer el intento y el ofrecimiento de pasar una noche loca juntos. Le agradecí la oferta, pero ese no era mi plan, y no sólo porque yo era medio mojigata, el tipo no me gustaba y en verdad deseaba irme a casa a descansar. Abdiel para hacer tiempo y seguir con su labor de convencimiento, me llevó a un “after”, uno de esos lugares medio clandestinos, lleno de borrachos con las hormonas alteradas y mujeres buscando quien les invite la fiesta a cambio de sexo. Claro, y yo, que no me apetecía ni lo uno, ni lo otro, como seguir la fiesta, y menos con el insípido de Abdiel. Dadas las circunstancias, busqué a alguien conocido que me sacara de aquel lugar de mala muerte, pero todos los presentes estaban ocupados, entre besos, fajes y calentones grotescos. Decidí volver en taxi, salía de aquel sitio cuando apareció Alejandro, con su sonrisa de conquistador, bajando de la puerta trasera de un automóvil azul oscuro. —Hola ¿Qué haces aquí sola? — Dijo con un tono despreocupado, pero con interés. —Buscando un taxi. — Dije algo exasperada. —Te llevo, no seas tonta. Sólo vine a traer a un amigo. Abdiel salió del antro, al verme con Alejandro se acercó y me jaló del brazo. Reprochándome que lo dejé solo. —Suéltame, no iré contigo a ningún lado, imbécil. ¿Qué te crees? Alejandro se acercó, en tono serio y le dijo al extranjero con una molestia notable: —Ya la oíste, déjala tranquila. —¿Quién es éste? ¿Con él si te vas? Estúpida golfa… Alejandro, al escuchar aquel insulto, se regresó furioso, lo tomó del cuello y lo empujó con fuerza advirtiéndole que en su vida volviera a tocarme o a faltarme al respeto. Para mi Alejandro, era sólo un conocido y tampoco tenía de él buenas referencias. La lunática de mi “roomy”, se la pasaba diciendo que era un “don juan”. Pero esa noche, fue mi príncipe valiente. Me llevó a casa, me acompañó hasta la puerta, preguntó si estaría bien, esperó a que entrara y se marchó. Al despedirnos quedamos en vernos alguna vez. Otro día, se repitió la situación, mi “roomy” me dejó plantada, se largó con su ligue sin avisar a nadie. ¡Sí! ¡Díganlo! Yo era una “tonta”. Y entre comillas. Salí en busca de un taxi, cuando llegó nuevamente aquel caballero a mi rescate. Vi que se despedía de unas chicas, y luego corrió a mi lado. —¿Estás bien? Te ves tensa. —Lo de siempre. Regreso sola. Estoy pensando seriamente en no volver a salir. De ahora en adelante, las fiestas serán en mi casa. Así, cuando tenga ganas de irme a dormir sólo me encierro en mi habitación. —Me invitas a esa fiesta ¿eh? Alex sonrió. Me tomó de la mano y me acompañó al taxi. Pensé que se marcharía, pero se subió a mi lado. Le indicó al chofer mi dirección y me acompañó. Qué lindo gesto en verdad. Reconozco que era un chico muy atractivo, pero con esa fama, era mejor mantener la distancia. No me dejó pagar el taxi, esperó a que entrara a casa, así nos despedimos y él se marchó. Sin pedir un beso, sin pedir ser invitado, un chico respetuoso. Llegó el cumpleaños de mi hermano, así que vino a visitarme y nos fuimos al bar "La Antigua" con algunos amigos. El servicio de meseros estaba muy lento, así que en mi desesperación me dirigí a la barra en busca de hielos. Lo primero que vi, fue a Alejandro, sentado con una de esas rubias de largas piernas y un cuerpo de infarto. De esas que odiamos todas las mujeres porque no se les desacomoda absolutamente nada, diría mi hermano que quizá las neuronas. Alejandro al verme, se levantó a saludarme con efusividad. Me dio un abrazo cariñoso y un beso en la mejilla. Después de recibir mi encargo, me despedí con una sonrisa y le dije: —No dejes sola a tu amiga, otro día platicamos. Apenado se despidió, y se marchó a lado de aquella mujer, misma que no perdió oportunidad para abrazarlo y coquetearle desvergonzadamente. Aquella noche, él se marchó con la rubia y no volví a verlo por un largo tiempo.

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