Paulina: El Viaje

1435 Palabras
Paulina Siete en punto y Alex toca el timbre. -¿Siempre eres tan puntual?— Por el interfón. -Sólo para las cosas importantes. -¿Eso es un cumplido? -¿Siempre eres tan preguntona? Ábreme. -Sí ¡Pasa!   Pau ve entrar a Alex vestido con un traje de motociclista profesional y otro en la mano. -Este es para ti. -¿Me lo tengo que poner? -Sí, es como un cinturón de seguridad, son casi dos horas de carretera ¿mmm? -Está bien, ¿me ayudas?   Con dificultad Pau se pone el pantalón, luego la chamarra. Alex disfruta la escena, ríe por dentro, aún no puede creer que llevará a una chica a casa, y la ayuda a abrocharse. -¿De quién es? -Me lo prestaron ¿Lista? -Sí, toma mi mochila.-Alex la toma y no pesa nada. -¿Qué traes? -Mi cepillo de dientes. -¿En serio? -Y algunas cosas más, no seas curioso.   Tomaron carretera. Pau nerviosa por el viaje disfruta de aquella hazaña. Es como su padre, y con la influencia de sus cuatro hermanos, es una chica muy ruda para ser artista plástica e intelectual.   Llegaron a la ciudad alrededor de las nueve de la noche. Al bajarse de la moto Pau observó la inmensa mansión donde Alejandro vivía. -¿Eres un sapo desencantado estúpidamente rico verdad?-dice bromeando- esto no es una casa, es un palacio. -Más o menos. Era la casa de mis abuelos paternos, no es mía. -¿No? -No, es de mi tío Alberto. -Oh ¿Y quién más vive aquí? -Nadie, sólo nosotros y el personal, doña Pilar y don Jacinto.   Entraron a la mística mansión, levantada en cantera y piedra rodeada de cientos de metros cuadrados de jardín. -Vamos a alistarnos para salir a cenar, corre. -No seas mandón.   Alex sonríe, la toma por sorpresa y la besa. No pasa mucho tiempo cuando Alberto hace su aparición… -Hola sobrino-dice serio-. Así que vienes acompañado. -Alberto, ella es Paulina, mi novia. -¿Qué tal? Es extraño que Alejandro traiga mujeres de visita. -Mucho gusto-. Dice Pau ignorando el comentario. Aún hay mucho por definir de este supuesto noviazgo, por lo que cualquier tipo de cizaña o celos estaban fuera de lugar. Al menos eso creía Paulina. -Ven, te enseño la casa-. Intercede Alejandro, mientras Alberto los observa seriamente.   Alex la lleva de la mano, le da un amplio recorrido por la hermosa casa de piedra, pasan a beber algo a la cocina y la acompaña a su recámara. -Anda, arréglate para salir. -¿Es muy formal el asunto? No traigo muchas cosas. -No, algo casual, es más, estás perfecta, solo peinate. Nos vamos en moto… no te preocupes, los eventos elegantes no son para mi. -Tenías que ser veterinario-. Agrega Pauli en tono sarcástico rodando los ojos.   Alex baja al despacho con Alberto, éste serio en su escritorio le dice: -¿Ya se lo dijiste? -No. -Alex, tenemos poco tiempo. -Lo sé, no es tan fácil. -Investiga, quizá si su familia tiene algún problema económico podremos presionar y… -Alberto para. Déjame hacer las cosas a mi manera. Me gusta, no quiero arruinarlo. -¿Estás enamorado? -Pues… eso creo. -Veinte de octubre Alex, se nos acaba el tiempo ¿Está claro? Si no, perderemos casi todo. -Faltan cinco meses. -El tiempo vuela.   De pronto se escuchan ruidos, Alex sale a ver que ocurre y se encuentra a Pau. -Hola, perdón la interrupción ¿puedo usar el teléfono para llamar a casa? -Claro, ven te llevo-. Alex esperaba que no hubiera escuchado la conversación con su tío, eso estropearía todo su plan. -Te ves inquieto ¿estás bien? -Sí… descuida.  Paula toma el teléfono y marca al rancho de su padre, en San Miguel. -Bueno… -¿Eduardo? -Hola Pau ¿dónde estás? -En Aguascalientes… -¿A la feria? Que vaga eres, no me invitaste ¿con quién? -Un amigo -¿Tú sola? -Sí -¿Lo conozco? -No, y no me hagas preguntas incómodas ¿Está mi papá? -Se fue a Guadalajara… -¿Qué pasó? -La tía Francisca está internada. -¿Qué? -Sí, y las cosas no están bien, hay un lío con el abogado ese, si la “tía Pancha” se muere, estaremos en muy serios problemas. -¿Está muy mal? -No sé, si marca le digo que llamaste ¿A dónde te llamo? -No tengo el número, yo te llamo mañana en la mañana y te lo doy. No le digas a papá que estoy con un amigo. -Pero si de eso pide su limosna, ¿qué no ves que está preocupado? Su única hija y ni un galán rondando por ahí, quizá sea momento de que le quitemos esa preocupación. Creciste con puro “macho”. Tiene miedo que no te gusten los hombres. -Ya se los presentaré. -Bueno, pórtate bien, no hagas tonterías y si… -Cálmate. Todo está bajo control, tus celos salen sobrando ¿está bien? Y si es necesario, me voy a Guadalajara mañana mismo. -Vale… Alex se encuentra esperando a Pau en la estancia, el se acerca y la toma de la mano sonriendo…al notarla seria le dice: -¿Todo bien? -Sí… -¿Hablaste con tu padre? -No, tuvo salir de viaje. -Vamos princesa ¿qué ocurre? Te veo preocupada -El único familiar cercano que tenemos por parte de mi padre es la tía Francisca, y no se encuentra bien de salud. El rancho de mi papá está a nombre de ella, el problema es que no ha firmado la cesión de derechos y ella, está ahora en el hospital. No es solo su salud lo que me preocupa. Es la situación de papá. Ya es grande y todo su patrimonio es el rancho. -Pero legalmente, ustedes serían sus únicos herederos ¿no? -Sí, en teoría, pero al parecer su abogado tiene un poder legal que lo autoriza hacer con sus bienes lo que se le dé la gana y no es una persona de fiar. Alex la mira preocupado. -Princesa, si en algo podemos ayudar, mi tío Alberto es abogado, estoy seguro que puede saber qué hacer. -¿En serio? -Nada perdemos con preguntarle -Gracias.   Alex piensa que esta situación puede ser la razón que necesita. Debe hablarlo con Alberto. Seguro algo se podrá hacer. Salen a cenar a la feria con algunos amigos de Alex. Pasan una velada agradable, van un rato al casino y después se marchan a casa. -No se vayan amargados-dice Carlos, un buen amigo de Alex. -Mañana vamos al rancho desde temprano, otro día. Pau está sorprendida del comportamiento para con ella de Alejandro. Es caballeroso, cariñoso, atento. En ningún momento se ha insinuado o ha tratado de ir más allá. Al llegar a la casa, Alex la acompaña a su habitación y le dice: -Espérame aquí…- de pronto Pau escucha que tocan la puerta de la terraza, soprendida se acerca y ve a Alex tras la puerta de vidrio. Cierra la puerta de la habitación y se asoma al ventanal donde Alex la espera con una copa de vino. -¿Y esto? -¿Ya te quieres dormir? Pensé que podríamos platicar un rato más contemplando el cielo. Se que te gusta hacer eso en tu departamento. -En mi departamento solo se ven las luces de la ciudad. -Bueno, también es bonito. -Pero el cielo estrellado, la luna está… impresionante- sonríe. -¿Te gusta? -Sí, y reconozco que también la compañía… Alejandro la observa, sabe que se está enamorando, y si su plan sale como espera, estará con ella para siempre. -¿Qué ocurre Alex? -Nada, es… - Mira hacia el frente pensando que debe decir. Sabe que lo mejor es decirle la verdad, pero a menos de tres días de convivir no parece ser un buen plan… -Debo contarte algo importante, pero no quiero agobiarte con esas cosas, así que mejor lo haré en otra ocasión. -¿Estás bien? -Sí… no estoy enfermo, ni tengo otra mujer, ni nada extraño, no te preocupes por eso.  Son asuntos referentes al fideicomiso y esas cosas, pero se resolverán. Tener a mi tío Alberto de albacea es un dolor de cabeza. Después de su velada, Pauli se despide para irse a descansar. Alejandro embobado la acompaña y le dice: -Mañana temprano, vamos al rancho a montar ¿está bien? -Sí, me encanta la idea… -Te despierto… No te preocupes… no hay que madrugar demasiado y te voy a llevar a desayunar algo muy especial. -Eres muy misterioso… -Es parte del encanto.            
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