Paulina
Siete en punto y Alex toca el timbre.
-¿Siempre eres tan puntual?— Por el interfón.
-Sólo para las cosas importantes.
-¿Eso es un cumplido?
-¿Siempre eres tan preguntona? Ábreme.
-Sí ¡Pasa!
Pau ve entrar a Alex vestido con un traje de motociclista profesional y otro en la mano.
-Este es para ti.
-¿Me lo tengo que poner?
-Sí, es como un cinturón de seguridad, son casi dos horas de carretera ¿mmm?
-Está bien, ¿me ayudas?
Con dificultad Pau se pone el pantalón, luego la chamarra. Alex disfruta la escena, ríe por dentro, aún no puede creer que llevará a una chica a casa, y la ayuda a abrocharse.
-¿De quién es?
-Me lo prestaron ¿Lista?
-Sí, toma mi mochila.-Alex la toma y no pesa nada.
-¿Qué traes?
-Mi cepillo de dientes.
-¿En serio?
-Y algunas cosas más, no seas curioso.
Tomaron carretera. Pau nerviosa por el viaje disfruta de aquella hazaña. Es como su padre, y con la influencia de sus cuatro hermanos, es una chica muy ruda para ser artista plástica e intelectual.
Llegaron a la ciudad alrededor de las nueve de la noche. Al bajarse de la moto Pau observó la inmensa mansión donde Alejandro vivía.
-¿Eres un sapo desencantado estúpidamente rico verdad?-dice bromeando- esto no es una casa, es un palacio.
-Más o menos. Era la casa de mis abuelos paternos, no es mía.
-¿No?
-No, es de mi tío Alberto.
-Oh ¿Y quién más vive aquí?
-Nadie, sólo nosotros y el personal, doña Pilar y don Jacinto.
Entraron a la mística mansión, levantada en cantera y piedra rodeada de cientos de metros cuadrados de jardín.
-Vamos a alistarnos para salir a cenar, corre.
-No seas mandón.
Alex sonríe, la toma por sorpresa y la besa. No pasa mucho tiempo cuando Alberto hace su aparición…
-Hola sobrino-dice serio-. Así que vienes acompañado.
-Alberto, ella es Paulina, mi novia.
-¿Qué tal? Es extraño que Alejandro traiga mujeres de visita.
-Mucho gusto-. Dice Pau ignorando el comentario. Aún hay mucho por definir de este supuesto noviazgo, por lo que cualquier tipo de cizaña o celos estaban fuera de lugar. Al menos eso creía Paulina.
-Ven, te enseño la casa-. Intercede Alejandro, mientras Alberto los observa seriamente.
Alex la lleva de la mano, le da un amplio recorrido por la hermosa casa de piedra, pasan a beber algo a la cocina y la acompaña a su recámara.
-Anda, arréglate para salir.
-¿Es muy formal el asunto? No traigo muchas cosas.
-No, algo casual, es más, estás perfecta, solo peinate. Nos vamos en moto… no te preocupes, los eventos elegantes no son para mi.
-Tenías que ser veterinario-. Agrega Pauli en tono sarcástico rodando los ojos.
Alex baja al despacho con Alberto, éste serio en su escritorio le dice:
-¿Ya se lo dijiste?
-No.
-Alex, tenemos poco tiempo.
-Lo sé, no es tan fácil.
-Investiga, quizá si su familia tiene algún problema económico podremos presionar y…
-Alberto para. Déjame hacer las cosas a mi manera. Me gusta, no quiero arruinarlo.
-¿Estás enamorado?
-Pues… eso creo.
-Veinte de octubre Alex, se nos acaba el tiempo ¿Está claro? Si no, perderemos casi todo.
-Faltan cinco meses.
-El tiempo vuela.
De pronto se escuchan ruidos, Alex sale a ver que ocurre y se encuentra a Pau.
-Hola, perdón la interrupción ¿puedo usar el teléfono para llamar a casa?
-Claro, ven te llevo-. Alex esperaba que no hubiera escuchado la conversación con su tío, eso estropearía todo su plan.
-Te ves inquieto ¿estás bien?
-Sí… descuida.
Paula toma el teléfono y marca al rancho de su padre, en San Miguel.
-Bueno…
-¿Eduardo?
-Hola Pau ¿dónde estás?
-En Aguascalientes…
-¿A la feria? Que vaga eres, no me invitaste ¿con quién?
-Un amigo
-¿Tú sola?
-Sí
-¿Lo conozco?
-No, y no me hagas preguntas incómodas ¿Está mi papá?
-Se fue a Guadalajara…
-¿Qué pasó?
-La tía Francisca está internada.
-¿Qué?
-Sí, y las cosas no están bien, hay un lío con el abogado ese, si la “tía Pancha” se muere, estaremos en muy serios problemas.
-¿Está muy mal?
-No sé, si marca le digo que llamaste ¿A dónde te llamo?
-No tengo el número, yo te llamo mañana en la mañana y te lo doy. No le digas a papá que estoy con un amigo.
-Pero si de eso pide su limosna, ¿qué no ves que está preocupado? Su única hija y ni un galán rondando por ahí, quizá sea momento de que le quitemos esa preocupación. Creciste con puro “macho”. Tiene miedo que no te gusten los hombres.
-Ya se los presentaré.
-Bueno, pórtate bien, no hagas tonterías y si…
-Cálmate. Todo está bajo control, tus celos salen sobrando ¿está bien? Y si es necesario, me voy a Guadalajara mañana mismo.
-Vale…
Alex se encuentra esperando a Pau en la estancia, el se acerca y la toma de la mano sonriendo…al notarla seria le dice:
-¿Todo bien?
-Sí…
-¿Hablaste con tu padre?
-No, tuvo salir de viaje.
-Vamos princesa ¿qué ocurre? Te veo preocupada
-El único familiar cercano que tenemos por parte de mi padre es la tía Francisca, y no se encuentra bien de salud. El rancho de mi papá está a nombre de ella, el problema es que no ha firmado la cesión de derechos y ella, está ahora en el hospital. No es solo su salud lo que me preocupa. Es la situación de papá. Ya es grande y todo su patrimonio es el rancho.
-Pero legalmente, ustedes serían sus únicos herederos ¿no?
-Sí, en teoría, pero al parecer su abogado tiene un poder legal que lo autoriza hacer con sus bienes lo que se le dé la gana y no es una persona de fiar.
Alex la mira preocupado.
-Princesa, si en algo podemos ayudar, mi tío Alberto es abogado, estoy seguro que puede saber qué hacer.
-¿En serio?
-Nada perdemos con preguntarle
-Gracias.
Alex piensa que esta situación puede ser la razón que necesita. Debe hablarlo con Alberto. Seguro algo se podrá hacer.
Salen a cenar a la feria con algunos amigos de Alex. Pasan una velada agradable, van un rato al casino y después se marchan a casa.
-No se vayan amargados-dice Carlos, un buen amigo de Alex.
-Mañana vamos al rancho desde temprano, otro día.
Pau está sorprendida del comportamiento para con ella de Alejandro. Es caballeroso, cariñoso, atento. En ningún momento se ha insinuado o ha tratado de ir más allá. Al llegar a la casa, Alex la acompaña a su habitación y le dice:
-Espérame aquí…- de pronto Pau escucha que tocan la puerta de la terraza, soprendida se acerca y ve a Alex tras la puerta de vidrio. Cierra la puerta de la habitación y se asoma al ventanal donde Alex la espera con una copa de vino.
-¿Y esto?
-¿Ya te quieres dormir? Pensé que podríamos platicar un rato más contemplando el cielo. Se que te gusta hacer eso en tu departamento.
-En mi departamento solo se ven las luces de la ciudad.
-Bueno, también es bonito.
-Pero el cielo estrellado, la luna está… impresionante- sonríe.
-¿Te gusta?
-Sí, y reconozco que también la compañía…
Alejandro la observa, sabe que se está enamorando, y si su plan sale como espera, estará con ella para siempre.
-¿Qué ocurre Alex?
-Nada, es… - Mira hacia el frente pensando que debe decir. Sabe que lo mejor es decirle la verdad, pero a menos de tres días de convivir no parece ser un buen plan…
-Debo contarte algo importante, pero no quiero agobiarte con esas cosas, así que mejor lo haré en otra ocasión.
-¿Estás bien?
-Sí… no estoy enfermo, ni tengo otra mujer, ni nada extraño, no te preocupes por eso. Son asuntos referentes al fideicomiso y esas cosas, pero se resolverán. Tener a mi tío Alberto de albacea es un dolor de cabeza.
Después de su velada, Pauli se despide para irse a descansar. Alejandro embobado la acompaña y le dice:
-Mañana temprano, vamos al rancho a montar ¿está bien?
-Sí, me encanta la idea…
-Te despierto… No te preocupes… no hay que madrugar demasiado y te voy a llevar a desayunar algo muy especial.
-Eres muy misterioso…
-Es parte del encanto.