Paulina: Compromisos

1856 Palabras
Paulina   Suben las escaleras para arreglarse. Faltan veinte minutos para las tres, Jackie está por llegar y la reserva del restaurant es a las cuatro. Pau sale de su habitación, arreglada con un atuendo casual, un vestido vaporoso y unas sandalias formales. Alex la espera ansioso en el pasillo cerca de las monumentales escaleras de aquella casona e imponente casa de piedra. —Te ves preciosa. Pauli sonríe, es su primera relación seria, su filosofía era “no presentar a sus novios hasta los tres meses”, ya que viera que la relación iba en serio. Con Alex le ocurría todo lo contrario. Deseaba llevarlo a San Miguel a conocer su casa, su familia, su taller. Deseaba gritarle al mundo que, si existía ese chico que la hacía feliz, que no solo sentía mariposas en el estómago, sentía magia, química, física cuántica y todo lo demás. Se marchan. Jackie le cayó bien. Era “básica” como Sofía. Totalmente banal, solo hablaba de accesorios, estéticas y moda, con la diferencia de que su timbre de voz cansaba sobremanera. “Ahora entiendo por qué solo se ven los fines de semana” pensó. Aguantarla todos los días quizá era una tortura para Alberto, quien no se veía muy enamorado. Siendo casi las cinco de la tarde, Pau le pide a Alex la lleve a buscar un teléfono para marcar a su padre. —Descuida, ahorita lo consigo, ven conmigo. Se levantan de la mesa, Alex lleva a Pauli de la mano y se acerca al capitán del restaurante. Le susurra algo al oído y éste sale deprisa del lugar. Regresa al minuto y les pide que lo sigan. —Sr. Alejandro, tómense su tiempo. Los deja en el despacho del gerente. Pau sonríe agradecida y marca el número telefónico para hablar con su padre. —Hola papá —Pauli, ¿Cómo estás? Me tienes preocupado. Tu hermano me dijo que te fuiste a Aguascalientes. —Sí, estoy bien. —¿Quién es Alejandro? —Mi novio papá. —¿Por qué no lo conozco? —Porque tenemos poco tiempo de conocernos, y no era el momento, pero lo conocerás pronto papá. —Hija, estoy desconcertado. —Me pidió que viniera a conocer a su tío Alberto, es como su padre. —¿No tiene padre? —Murieron hace algunos años, es una larga historia. —Oh, lo siento, cuídate mucho, se que ya eres mayor pero no estoy acostumbrado a estas cosas ¿Cuándo vuelven? —Mañana o el lunes temprano. —Bien, ¿te dijo Eduardo lo que pasa con tu tía? Quizá tengan que venir a despedirse. —Si papá, y… hablando de mi tía, debo decirte algo. —¿Qué pasa Pauli? — Su padre la conocía, detectaba cuando algo la inquietaba y deseaba decirle cosas importantes. —El tío de Alex es abogado, quiere conocerte y ayudarte en lo que sea necesario si la tía Francisca muere. —Bien, pues luego charlamos al respecto, no sé qué tan confiable sea… Paulina no los conozco. —Papá, hay algo más—… cerró los ojos, pensando en la presencia y cercanía de Alex y dijo: Nos casaremos. El padre de Paulina casi se desmaya, la noticia en definitiva era demasiado para poner más picante a su vida. —¿Qué dices? ¿Estás embarazada? —No papá, nada de eso. Solo que pues han surgido planes y… deseamos estar juntos, así que hemos decidido que casarnos es la solución. —¿Cuándo piensan casarse? —No hemos checado fechas, pero tal vez en octubre. —¿Pau de que me perdí? —Papá, no hubiera querido darte esta noticia así, pero cuando lo conozcas quiero que pongas de tu parte… es mi príncipe desencantado. —Un príncipe no se lleva a la princesa así porque si, primero habla con su padre. Alex escucha que su futuro suegro levanta la voz. Se envalentona y le dice a Paulina que le pase el auricular. —Espera papá, te lo paso. —¡Paulina! No hagas eso que me pones en un predicamento. Alex toma el auricular y pide a Dios, al “espíritu santo” y a todos sus antepasados pongan en su boca las palabras correctas. —Buenas tardes Señor. — ¡No sé qué tienen de buenas muchacho! —Señor… —No creo que sea el momento oportuno para hablar de esto Alejandro. No se te ocurra pedir la mano de mi hija, en este instante, solo quiero advertirte que—…el padre de Pauli estaba totalmente “bloqueado” con la noticia, jamás le había conocido un novio a su hija, ahora no solo tenía novio, sino que además pensaba contraer nupcias… así nada más. — Lo siento muchacho, me ha caído todo esto de sorpresa… cuídamela mucho y no hagan nada de lo que puedan arrepentirse. Espero conocerte pronto y ya platicaremos largo y tendido. —Cuente con eso señor… —Me llamo Alfonso muchacho, ahora pásame a mi hija de nuevo. —Si señor Alfonso. Paulina miró sorprendida a Alejandro por aquel instante incómodo que estuvo dispuesto a sobrellevar.  Se despidió de su padre y colgó el teléfono. —¿En serio te casarás conmigo? — Pregunta sorprendido. —Nos casaremos por el civil unos días antes del 20 de Octubre, será una recepción pequeña, totalmente familiar. —Si princesa. —Soy muy conservadora, así que nos casaremos también por la iglesia si vemos que esto va por buen camino. También soy mujer de tradiciones así que me debes un anillo. Y te va costar Alejandro Bernal de Fernández, nos veremos todos los días hasta el día de la boda, porque si tu deseas que funcione, yo también. Alejandro la carga de emoción y se dan un fuerte abrazo. Después la toma de las mejillas y la besa apasionadamente. —Lo que tú digas princesa… —No le diremos a nadie de la boda, hasta que pasen unos meses ¿está bien? Será nuestro secreto o nos mirarán mal, sobre todo quienes saben de la herencia. —Me encantas, creéme, todo saldrá bien, seremos una gran pareja, la vamos a pasar muy bien. ¿Te gustan las flores? —Prefiero los chocolates. Sonrojados por la novedad salen de aquel lugar. Toman asiento mirándose con complicidad. Pese al tiempo, Alejandro está seguro que es la mujer correcta… el amor quizá vendrá después, pero tiene fe en que las cosas funcionarán, sin embargo, Paulina está sorprendida por su decisión. Está temerosa pero decidida a seguir con el juego. Lo peor que puede pasar será una triste separación, pero garantizando el patrimonio de su padre. Es algo perverso para ella, sin embargo, en la antigüedad así se manejaban los negocios, con matrimonios arreglados entre reyes, condes y duques… ¿Cuál sería la diferencia?   Aquella tarde al volver a la casa de piedra, Alex emocionado la lleva a la terraza por las escaleras del jardín. La sienta en la banca frente a su alcoba para mirar el atardecer y le pide que espere. Desaparece de nuevo y vuelve con unas copas y una botella de tinto. —“Reserva especial”—le dijo a Pauli, mientras ella nerviosa sonríe. Se encuentran solos, Alberto y su novia disfrazada de “French Puddle” se marchan a la corrida de toros conmemorativa de la Feria de San Marcos. Brindan, como cualquier pareja enamorada, inconscientes por aquella locura y mirándose con amor, solo que aún no lo saben. Sus corazones ya están vinculados, la confianza ha surgido, solo falta que abran las puertas de sus almas totalmente. Después de su brindis Alejandro la toma de la mano, se levantan y la lleva a su lado hasta su habitación. —No temas princesa, tengo algo para ti, algo muy especial. Ella permanece de pie, cerca de la puerta del ventanal, con la incertidumbre y cautela que cualquier chica insegura siente, quiere pasar, pero su cordura la mantiene al margen, solo observando. Alejandro sabe lo que ocurre, como si leyera su mente a la perfección. La deja, que tome su tiempo, cederá cuando sienta confianza. Alejandro se pierde en el interior de la habitación, el efecto de la luz del sol obscurece la habitación, Pauli espera, al fin vuelve, Alejandro toma su mano y le dice: —Este anillo era de mi madre, quiero que lo lleves… —Alex yo…— Puali desconcertada deja que Alex tome su dedo y deslice aquella sutil argolla con delicadeza, no sabe que decir, es mucho más comprometedor de lo que esperaba, aceptar ese anillo le daba seriedad a las cosas. Cerró los ojos, algo sucedía, su corazón se acelera, una lagrimita se desliza en su mejilla. Alex la abraza y se besan, pierden el control, su respiración se agita y se dejan llevar, entran a la alcoba, están dispuestos a todo, es su momento, se sienten libres, llenos de pasión. Sin embargo, para todo hay tiempo, y para todo un momento, el timbre del teléfono suena… “ring, ring, ring”, una y otra vez. El teléfono, insistente, un timbre tras otro. No hay nadie más en casa. Alejandro resignado levanta el auricular. —Hola… —Buenas tardes—la voz de un hombre— ¿Con Alejandro Bernal? —Sí, a tus órdenes… ¿Quién habla? —Hola—contesta la voz más relajada—Soy Eduardo el hermano de Paulina. —¡Eduardo! — Exclama mientras la observa totalmente avergonzada. Paulina se ruboriza, como si su hermano hubiera visto la última escena en la televisión. Horrorizada se levanta de la cama y se acerca a Alejandro quien se encuentra de pie en el tocador. —Un gusto, te comunico con Pauli… Alejandro ríe por dentro al ver la cara angustiada de su hermosa Pauli. Ella, aún con mil colores en el rostro toma el teléfono. Alejandro se sienta a contemplarla y la toma de la mano. —Hola Edu… ¿todo bien? —No, acabo de hablar con papá. La tía Francisca está en sus últimos momentos, nos quiere ver a todos mañana por la mañana, si llegamos en tiempo. Pauli cerró los ojos, nuevamente se llenaron de lágrimas, esta vez de tristeza, su tía Francisca es la única mujer en su vida con lazos cercanos después de su madre, que tenía ya varios años de haber partido. Pauli es la única que ha viajado con su tía Francisca, la única que la visita en el verano, es la única que tiene llaves de su casa y le conoce algunos secretitos, Francisca Domínguez Miravalle tiene un pésimo carácter pero Pauli sabe cómo tratarla, entre ellas hay complicidad, pero a los ojos del mundo ella es solo una sobrina más, sabe que debe mantener su postura. —¿Pauli? ¿Estás bien? —Sí, le pediré a Alex que me lleve a la terminal y nos vemos mañana a primera hora en Guadalajara, ¿tú cómo te irás? —Me voy al aeropuerto de Santiago, el avión sale a las 7 de la mañana. José, Antonio y Guillermo ya están avisados. —Bien… con cuidado hermano. —Tú también.
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