Tras los minutos y un cuadro de silencio, la puerta sería abierta una vez más, ahora dejando ver a Pipe con un par de bolsas que acercó hasta nosotros. Olía exquisito, y evidentemente, mi hambre aumentó. Así mismo, sin mucho por decir, Pipe se marchó justo por dónde segundo antes había llegado. —Muero de hambre. —confesó Darren caminando junto a mi, sentándose a mi lado y acomodando las bandejas de lasaña sobre la pequeña mesa ante nosotros. —Sin saberlo, elegiste la comida favorita de mi madre. —confesé en un hilo de voz. —Los días que estaba feliz, principalmente los fines de semana, preparaba una gran bandeja de lasaña. Inclusive, un par de veces, lo compartía con nuestros vecinos. —recordé. —La última vez que comí uno, ella estaba con vida. —susurré con pena. Darren me miró e

