Uno

1569 Palabras
Eric La fresca ventisca de otoño despeinaba mi cabello. Los rebeldes rizos color chocolate con leche hacían picar mis ojos. Temblaba. Pero, ¿Por qué lo hacía? De reojo distinguí algo entre mis manos. El color azul del blazer que utilizaba se veía desabrido en comparación al estuche de terciopelo que cargaba. Ese era el uniforme de mi colegio. ¿Qué edad tenía? ¿Trece? Me acerqué hecho un manojo de nervios a la niña de cabellos dorados que reía junto a su grupo de amigas. Vaya que era hermosa. Su lacia cabellera rubia destellaba movida por la atrevida brisa que osaba mecerlo. -Es... esto... esto es... es para ti ­­- un tonto tartamudeo acompañó el rubor de mis mejillas. Demonios, pensé que se me incendiaria el rostro en ese mismo momento. -Oh... - ella miró a sus amigas y sonrió cómplice. - Gracias, ¿tú eres? -Eric...Alleg... - ¡OH!, el hermano de Thanos y Thadeas - respondió dejando relucir una esplendorosa sonrisa con brackets. - Eres muy mono. Y con eso me conquistó. -Vaya sueño - me desperece en la inmensidad de la cama estilo King y quite mi antifaz. - ¿Tendría que comenzar a hacer terapia, de nuevo? - autocuestioné mis sueños. No es normal soñar con una situación de hace quince años atrás. Concluí en que no. No necesito a alguien oyendo mis problemas mientras piensa en la cena de la noche. Y esa, es una indirecta para mi querida psicoanalista, Melanie. Despues de darme un refrescante baño bajo a desayunar. Benedict, uno de mis hermanos menores me espera, o eso supongo, leyendo el periódico en su portátil. Un escueto "buenos días" es todo lo que obtengo de él. Comenzamos a comer nuestros alimentos en silencio ya que mis constantes intentos de iniciar una plática se ven frustrados por los monosílabos que recibo por parte de Ben. -Y bueno, pues eso -pincho una de las uvas de mi plato. -decidí comenzar con el diseño de otro proyecto... -Excelente. Lo miré escéptico, ni siquiera había reparado en lo que le decía. -Por cosas como estas es que quedaras por siempre solo, hermano - intenté incordiarlo. Debe de haber algo que lo haga salir de ese trance. - Por ese carácter tuyo las mujeres huyen de ti. Nada. Benedict siempre ha sido así, reservado. Toda una incógnita. Pero esas son las personas más interesantes. Nunca sabes con lo que te puedes encontrar. -Era más divertido desayunar con Thanos y su disfuncional familia - rememoro los momentos en donde jugué el papel de ángel guardián para con mi malhumorado hermano mayor. Y es que su ex esposa nunca terminó por agradarme. Reviso mi agenda y ¡Oh! Sorprendentemente nada hoy o mañana. Me encojo de hombros despreocupado, ya llegará el momento de que algo pase. Las cosas deben dejarse fluir. Un mensaje me alerta de que quizá mi día no sea tan aburrido como presentía. "¿Por qué demonios me envías textos a las 3 a.m? No tengo el mínimo interés en despertarme A discutir sobre la telenovela ¡ERIC!" - ¿A dónde vas? - preguntó mi hermano una vez que se percató de que me retiraba. -Por allí, a que alguien si me preste la atención que un ser como yo requiere. *** El edificio donde trabajaba Debora era genial, una joya de la arquitectura. Una estructura ecofriendly y que destacaba de los demás. Uno de mis mejores diseños. -Hola amiga - salude cuando la vi caminando por uno de los pasillos. Ella dio un respingo y en su mente me insulto mil veces, sin embargo solo rodo los ojos exasperada al verme. -Veo que quedaste muda de la alegría. Ella continúo caminando como si no yo no estuviese a su lado. Tal parece que estaba atareada. - ¿Te gusta mi look de hoy? - intente de nuevo. - ¿Qué? -Me inspiré en Juan Diego, el protagonista de "Besos tórridos de amor" - le recordé. ¿Por qué a nadie parecía gustarle mi telenovela? - ¿A que me veo como un guapo millonario atormentado por su pasado? Debora arqueó su perfilada ceja. - ¿Continuas viendo esa estúpida telenovela? Anoche dijiste que dejarías de verla. ¡Jamás! "Besos tórridos de amor" era mi placer culposo del último año y medio que llevaba de emisión. Bueno, no era una historia original y mucho menos contaba con buenas actuaciones pero la emoción con la que se interpretaba a cada personaje lograba captar mi dispersa atención. La cosa era así; Juan Diego Hidalgo era un joven millonario, de alrededor de veinticinco años, cuyo pasado lo atormentaba y no le permitían ser feliz. Aunque a decir verdad a esa edad era raro que alguien con ese nivel adquisitivo tuviese que pasar por tantas penurias. Como por ejemplo, la muerte de su prometida que le había sido infiel con su mejor amigo. El engaño de su posterior exnovia con su hermano o peor, saber que las mujeres se acercaban a él solo por su dinero... En fin, al llegar a su hacienda en México conoce allí a Luz Clara de los Milagros, una joven pobre y llena de carencias. Que obviamente, tiene un pasado trágico pero que logra ser feliz día a día. Ellos eran como el agua y el aceite. Sin embargo, floreció un amor tan bonito entre ellos. Un amor lleno de altibajos y pesares. -Fue un exabrupto del momento - me excusé. -Estaba tan enojado con Luz Clara... ella debe decirle a Juan Diego que... - ¡Basta! - me cortó. Debora Eric es como un grano en el trasero. Uno de esos picosos que no te permiten sentarte siquiera. De esos que no puedes ignorar aunque lo quisieras. No conforme con acosarme vía teléfono móvil, decide que es momento de disfrutar de su compañía. -Hablo en serio - se sentó en la silla frente a mi escritorio y comenzó a doblisquear uno de mis post-it. - Soy bueno para esto del origami. He tenido un día de mierda. Sé que no debo descargarme con él, pero se aparece con esa sonrisa y esa insistencia suya que solo logra que todos en el edificio comiencen con sus habladurías. - ¿Por qué siempre estás tan feliz? - comienzo a increparlo. No podía creer que una persona siempre sonriera. ¿Por qué? ¿Cómo? - ¿Y por qué no tendría que estarlo? - acomodó su delicado y costoso pañuelo. - Tengo dinero, salud y soy guapo. Solo me falta una bonita compañera a mi lado ¿te apuntas? Odiaba cuando hacia eso. Siempre tan fresco. -Eres un idiota. -Ya - se levantó y se colocó a mis espaldas comenzando a masajear mis hombros-, sonríe un poco humana amargada. Sonreí por inercia. Allí íbamos de nuevo. -Responde algo, ¿Por qué somos amigos? Aún recuerdo ese día a las orillas del rio cuando lo conocí. "-Tu... tu.... - tartamudee, - ¿Cómo hiciste eso? ¿Qué era esa cosa? Estaba a punto de sufrir un ataque de pánico. El hombre de los ojos azules se levantó del piso y se sacudió la zona de la rodilla. Me dio un vistazo generalizado y habló. -Soy un vampiro. Estúpida, mi cara debió de haber sido un poema porque el comenzó a carcajearse de mi reacción. -Sí claro, y yo soy un hada. -Lo pareces - comenzó a quitarse su chaqueta. ¿Y por qué Diablos yo no corría despavorida? Si hacia solo un par de minutos atrás él estaba aporreando a ese bicho con alas. -Ven, tu temperatura corporal ha disminuido. Me alejé de su tacto, lo que pareció irritarlo. Sin embargo no dijo nada, nuevamente intentó acercarse. Al ver mi reticencia continuó. -No tengo porque mentirte, dama de las tinieblas. Me has salvado y estoy en deuda contigo. Justo en ese momento caí en cuenta de que debía parecer un panda, con todo mi maquillaje corrido. Mis tacones sucios por un par de charcos que había pisado y mi vestido hecho un desastre. -He visto peores - contestó como si nada. -No te preocupes dama de las tinieblas, tu secreto está a salvo conmigo. -Deja de llamarme así -chillé. - Mi nombre es Debora... A él no pareció importarle que le dijese mi nombre. Me tomo de la mano y comenzamos a caminar hacia una zona más concurrida. Me dejé guiar como una tonta oveja hacia el matadero. ¡Vamos! El tipo me estaba diciendo que era un vampiro y yo dejaba que me tomara la mano llevándome así a quien sabe dónde. Me solté abruptamente y él se giró curioso a mirarme. - Así que... ¿vampiro? - me aferré a su cálida chaqueta y aspiré su rico aroma. Él sonrió satisfecho. - ¿Brillaras para mi Eric? - arqueé una ceja recordando esa loca película que mi hermanita veía como si de su biblia se tratase. -Sólo con mi personalidad." Y no mintió. Su frescura y personalidad lo hacían brillar como un sol en la oscuridad del universo. Eric era como un oasis en el desierto. Y ojalá lo hubiese entendido a primeras... hubiese deseado con todo mi corazón haber sido un poco más inteligente como para captar la verdad en ese dicho... haber sabido el peso de esas palabras; Que incluso los oasis se secan en un árido desierto. Ya que yo, yo me convertiría en su desierto personal.
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