Narrador omnisciente. Lo más difícil era ver ese ataúd bajando, la tierra cubrirlo por completo y saber que tienes que dejar ahí a tu ser querido, el cual no verás nunca más y los gusanos se comerán. La última rosa blanca la colocó Leandro sobre el montón de las demás, acompañada de una lágrima gorda y pesada, la única que había derramado en el entierro, y la única que le salió de lo más profundo de su alma. Ariadna lo llevaba del brazo, no lo soltó un solo momento, ella habia llorado tras los gritos de su cuñada, se ha sensibilizado de todas las maneras posibles poniéndose en su lugar. Carla si que habia llorado a mares, pero eso no significaba que Leandro no sintiera dolor en estos momentos. El mafioso estaba totalmente bloqueado, con la mente en blanco y el corazón hecho nada. Le

