Ariadna. —No entiendo nada, Ariadna— fue lo que me dijo mi hombre tiempo después de estar entre mis brazos sin decir absolutamente nada. Yo acariaba su cabello, lo hacia con mucha calma, con amor; de vez en cuando también acariciaba su espalda y lo mimaba con mucho amor. Por lo menos habia cenado, es imposible que no se lo coma todo, tenia el estómago pegado a los huesos. Su comentario fue alusivo al momento por el que pasaba, y yo no era psicóloga, doctora, consejera o la más sabia en cuanto a los hechos y sucesos de la vida, pero algo siempre tenia para decirle. —Mi amor, la vida no siempre la podemos entender pero, es de seres humanos nacer y morir. Lo lamentable es que se vayan así de un momento a otro, y más cuando tienes conflictos con esa persona y no puedes disculparte y re

