Leandro. —Aquí tienes— le pasé una linda taza con chocolate caliente y unas galletas de vainilla. Por lo menos me obedeció. Ariadna era prepotente, era algunas veces indomable, malcriada, contestona... a ver Leandro, mejor di, valiente. Si, eso. —No pienses que me vas a comprar con esto, ¿okay? — me hizo reír, si, solo ella tenía ese don. —Ni siquiera sabía que tú sabías hacer un chocolate— trató de ofenderme. Otra sonrisa le brindé. —Deja de sonreír, no hay motivo por el cual estar contento— —Si supieras que estoy muy enojado, demasiado. Pero tú me has enseñado que la vida puede ser preciosa, es solo como la vivas. Por ejemplo, tengo el problema de que quieren separarnos, y está a mi alrededor. Alguien no me quiere ver feliz, no me quiere ver contigo, y eso tengo que impedirlo, y po

