Reese hizo que pusiera mi celular en la mesa de planchar, no dejé que eso me pusiera nerviosa. No, porque lo que me ponía nerviosa era él y tenía el presentimiento de que Reese lo sabía, porque no dejó de mirarme con esa sonrisa de suficiencia que alteraba mi humor. Crucé mis brazos enderezándome. —¿Cómo te fue hoy? —pregunté, pasando de él hacia los otros pequeños montones de ropa. Jefry ya se estaba acomodando sobre mis pijamas, hice un sonido de fastidio y lo empujé con mi pie. —Como siempre —contestó escueto, llamó a Jefry y el gato interesado casi saltó sobre él—. Lamento la confusión que hubo con Teresa. Chasqué la lengua negando. —No fue nada. Vi mi ropa interior expuesta y la empujé tras el montón de ropa, esperaba que Reese no la hubiera visto. Lo encontraba vergonzoso.

