ASHER Apoyo la frente contra la puerta. Cada centímetro de mi quiere ir hacia ella. Lo que significa que tengo que hacerlo. No hay elección. En realidad, no. Apago las luces y voy al lado vacío de la cama. Las sábanas crujen mientras debato como presentarme para esta inesperada pijamada. Desvestirme hasta quedarme en calzoncillos, como normalmente duermo, parece presuntuoso. O al menos impactante si se despierta sin recordar nada de esto. Decido ir a lo seguro y me meto en la cama como estoy: en pantalones de chándal y sin camiseta. Tan pronto como me meto en las sábanas, ella está en mis brazos. Acurrucada contra mí como si no hubiera pasado ni un segundo sin que estuviéramos abrazados. Su sedoso cabello me golpea la mejilla y todas las ansiedades nocturnas se disparan. Un gran suspiro

