Alejar la tristeza

1382 Palabras

Ella giró la cabeza tan rápido que casi se le sale el moño. —¿QUÉEEE? —Soltó con esa voz aguda suya que solo sale cuando algo realmente la descoloca. —¡Y Killian casi los descubre! —agregué, como si necesitara más leña ese incendio. Margaret se rió. No rió, se desarmó. Se llevó una mano al pecho, otra al volante y se carcajeó como si le hubieran contado el mejor chisme del siglo. —¡No puede ser! —dijo entre jadeos de risa—. ¡Catalina y el chofer! ¡Con razón estaba toda alborotada en el almuerzo! —No sabes la escena, Margaret… si yo llego unos segundos más tarde, se encuentra con su hermana en posición. Margaret no paraba. Tuvo que detener el auto unos segundos para limpiarse las lágrimas de la risa. —¡Ay, por favor, no más! Me voy a orinar. ¡Qué genia Catalina! Qué imprudente y qué…

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