Bajé la cabeza y la besé con una pasión que no podía seguir conteniendo. Fue un beso cargado de promesas, de necesidad, de ternura desesperada. Mi lengua buscó la suya, nuestras bocas se fundieron como si estuviéramos hechos para ese preciso momento. Ella jadeó contra mis labios, su cuerpo se tensó bajo el mío, y sentí que todo su ser se abría para mí de nuevo, esta vez no solo por deseo… sino por amor. Mis manos recorrieron su cintura, sus costados, sus pechos. Ella gimió cuando mi boca descendió por su cuello, mordiendo suavemente hasta llegar a su clavícula. Sus piernas se apretaron alrededor de mis caderas. Me recibió de nuevo, como si fuera inevitable. —¿Tú sabes lo que estás diciendo, Killian? —murmuró con los labios entrecortados, temblando cuando mi boca bajó a su pecho, cuando m

