+++++++++++++++++++++++++ Ella estaba completamente para mí, si nada que nos estorbe. Me deleité con la manera en que su cuerpo respondía a cada caricia. Cada estremecimiento, cada suspiro que brotaba de sus labios, era una recompensa que me incitaba a seguir. No existía prisa. No con ella. Todo en Aria era un arte que debía saborearse lento. Pero mi paciencia… estaba al borde del colapso. Me deslicé entre sus muslos con una precisión felina, observando cómo su vientre subía y bajaba con desesperación. Sus ojos se cerraron, sus uñas se aferraron a mis hombros, y cuando finalmente me posicioné, rozándola con apenas un empuje, su cuerpo entero tembló. —Mírame —le ordené con voz ronca. Ella abrió los ojos. En su mirada, había fuego, rendición y un desafío tácito que me volvió salvaje.

