Capítulo Veintiuno. La besó, finalmente lo hizo. Por un momento ella pensó en alejarlo de su cuerpo y comenzar a golpear esa puerta y gritar en pedido de ayuda, pero no podía hacerlo, no quería hacerlo. Las manos de Bruno estaban tocándola por todas partes y su interior no dejaba de ser un Tsunami de pasiones azotando salvajemente cada recoveco de su útero. Abría y cerraba sus glúteos en tanto apretaba clavando sus uñas en sus carnes, rasguñando su piel, quebrando la en dos. Su boca devoraba la de ella de manera desesperada y a Abril no l interesaba que supiera o no besarla bien, puesto que todo su cuerpo estaba nadando en lava ardiente y deseaba como nunca sentir su polla atravesarla por completo. - Amor.. amor.. – le decía él mientras se fricciona sobre su humedad. – te deseo… lo

