- ¿Sabías que Mary Goldman está embarazada? Me invitó al baby shower y yo le envíe una tarjeta de invitación a la boda. ¡Ruby! –Gritó Rose al ver a su hermana comerse uno de los caramelos que iban a las bolsitas de regalo. –Son para la cena de ensayo.
-Lo sé, pero hay como mil caramelos, puedes darme uno.
-Cada bolsita tiene la misma cantidad de caramelos, y están súper contados.
-Descuéntalo entonces de mi bolsa. –Dijo Ruby comiéndose otro caramelo. –Es más. ¿Cuántos caramelos son por bolsa?
-Diez, pero… ¡Ruby! –Chilló Rose una vez más al ver como su hermana se metía en los bolsillos ocho caramelos. – ¡¿Ahora con qué llenaré tu bolsa?!
-Con aserrín. –Soltó Ruby riéndose. –No tienes que darme una bolsa, miente y di que ya me la diste. O di la verdad y di que me la robé, la gente te va a creer. Estoy bajo mucho estrés, no puedes culparme.
-Lo sé. Lamento que mamá te abordara así hoy en tu trabajo. –Ruby alzó los hombros, estaba acostumbrada a las humillaciones, pero, que apareciera en su trabajo, su mamá y sus dos tías con potenciales caballeros para que no fuera sola a la boda, era más que el colmo.
-Soy una adulta de veintiocho años que al parecer no sabe elegir novio.
-Si fueras con alguien…
-No, no quiero, ¿Es difícil de asimilar? ¿Por qué cada vez que sucede una boda o un baby shower me pasa esto? ¿No me veo feliz siendo soltera? –Ruby quiso golpear a su hermana cuando negó a su pregunta. –No era lo que quería que dijeras.
-La cosa es esta, serías más feliz compartiendo con alguien tu vida. ¿No te cansas de tener a alguien los viernes, pero a nadie los domingos?
-Rose. Te juro que estoy bien. ¿Y qué eso no es de un libro? –Comió otro caramelo mientras le hacía el lazo a otra bolsita. –No sé porque me dices eso.
-Es que no eres la misma desde que Steven te dejó, y eso fue a nuestros quince años.
-Mi buen amor si no quieres regresar ¿Por qué vuelves a buscarme una vez más?, no me pidas que te dé una última noche. Mi buen amor, parece fácil para ti, alejarte para luego exigir que te quiera como si nada, nada, nada yo sintiera. –Soltó Ruby al escuchar el nombre de su ex y le subió volumen a la canción que tocaba su iPod. –Me vale mucho Steven. ¡Fue hace casi quince años!
-Y estás en negación, acabo de mencionarlo, y mira cómo te pones. –Dijo Rose molesta apagando el reproductor. –Hay que hablarlo.
-Okay, no estoy en negación, puedo hablar de eso. –Miró a su hermana con seriedad y sonrió. –No quiero nada. Tuve novios después de Steven. David, no lo conociste porque sabía que mi mamá iba a presionar, como tú, salí con un sujeto llamado Harvey, otro llamado Richard Shelby alrededor de un año, y ¿Sabes que aprendí?, que no es lo mío. Soy una mujer fuerte, independiente, con estabilidad económica y una carrera universitaria genial. Tengo sexo porque lo uso como descarga, y no es con todo el mundo, tengo un amigo…
-Eso suena muy triste.
-Okay, déjame terminar. –Suspiró ante la interrupción de su gemela. –Rose, estoy bien. Amo mi soledad, es peligrosamente adictiva.
-Lo que estoy escuchando es que “Los corazones rotos saben seguir solos” ¿Eso?
-Odio que hayas estudiado literatura. Y leyes, siempre me abordas de una forma loca y me siento en un juzgado.
-Yo odio que seas tan cínica respecto al amor. –Dijo en una sentencia Rose a su hermana, Ruby. –Es como si estuvieras dañada emocionalmente.
-Gracias. –Soltó medio molesta levantándose de la mesa donde estaban regados todos los regalitos de la boda de su hermana. Aquello había dolido. ¿Era estar “dañada” no querer una relación como los demás? ¿Era estar “dañada” querer escalar la cima profesional y dejar el sentimentalismo de lado? Si eso era estar “DAÑADA”, podían entonces considerarla dañada. La verdad, podía hablar de su vida privada sin que doliera. Había tenido historias, pero todas habían tenido un fin, había luchado e intentado, pero ¿podrían culparla por dejar ir a las personas en el momento que querían irse?... Su primer novio, Steven, a los quince, se había enamorado de otra chica, y antes de que fuera una tortura y cruz, a sabiendas del amor que él tenía por la otra, aceptó que le terminara. En buenos términos, sin drama, sin celos. Le dolió, sí. Lo amaba, también. Pero era de creer que los amores, te dejan una marca, buena, de aprendizaje, si no son eternos. Los siguientes también le enseñaron cosas, a ser independiente, fuerte, que pudiera hablar de sus problemas y pedir ayuda sin dejar de ser poderosa. Aprendió el dolor de un engaño, el poder de su propio corazón al recomponerse de una ruptura. ¿Qué tenía el mundo que no podía ver una mujer soltera? En ese aspecto, era súper feminista… Creía sin dudas que una mujer podía estar sola, tener un empleo, ser fabulosa, fuerte, con más logros que una boda y unos hijos.
Ya no quería discutir, pero estaba deseando que la boda pasara rápido para que todos sus queridos familiares dejaran de molestarle.
***
¿De verdad le estaba pasando aquello?, vaya que era un soberano idiota. Catalina había vuelto a su apartamento, discutieron a lo bestial y allí estaba, de nuevo, en cama con la rubia durmiendo a su lado. –Idiota. –Mateo se levantó dejando sola a su novia, nuevamente novia. Se vistió y fue a la sala a revisar su computadora, los correos de la empresa estaban al día gracias a su muy eficiente asistente, Ruby. Él y Ruby llevaban una buena relación jefe/empleada, pero eran mucho más… Eran amigos.
Y debido a que eran amigos y ya habían hablado al respecto sobre Catalina, era el motivo por el cual se sentía tan mal.
-Mateo, en serio, debes dejar de caer en la red de tu ex.
-A veces no puedo evitarlo. ¿Qué? –Soltó al verla rodar los ojos mientras almorzaban juntos. –Ruby.
- ¿Quieres que diga lo que pienso? Catalina es muy tóxica. Aparece en tu vida, te vuelve un nudo, te deja hecho trizas, y luego yo debo dar la casa por la revista, no es justo.
- ¿Y si te digo que la amo?
- ¿Y si te digo que eso no es amor? Porque no te estás amando a ti. Dejas que venga a tu vida y no haces nada para frenar el desastre que te provoca. No te deja conocer otras mujeres, aunque la dejes, siempre encuentra la manera de volver. El mes pasado, por ejemplo.
-Es un buen ejemplo. ¿Pero y si hubiera estado embarazada? No podía dejarla sola.
-Si lo hubiera estado, Mateo, tu responsabilidad era con el bebé. De estar para ese niño, darle para su alimentación, medicina, educación y recreación, pasar tiempo con el bebé… No con ella ¿Entiendes?
-Si. Eso sí. Es difícil, fui criado de una manera que…
-Qué tienes que casarte y tener hijos. ¿Cierto? Yo igual, pero logré pensar por mi cuenta. No voy a atarme a un matrimonio sin amor solo por un bebé. ¿Para qué? ¿Qué vería ese niño? ¿Peleas? ¿Reclamos?, me niego a traer a un ambiente tan tóxico a un niño. No tienen la culpa. Pero puedo elegir de manera sabia, llevarme bien con su padre, no negarle la visita a la familia, ni usarlo como chantaje. Catalina usó a una criatura como chantaje, para que volvieras con ella, pero no me parece que sea amor.
- ¿Sabes porque no te despido? Por eso.
- ¿Por mi lengua viperina y desinhibida?
-Básicamente. Eres la única en cuarenta pisos que me dice la verdad en la cara, y eso me encanta, Ruby.
-A fin de cuentas, Mateo. Solo soy dos años menor que tú, y no te gusta que te digan señor.
-Pero soy el señor Santana.
-No lo creo.
Por el amor de Dios, luego de que Ruby le dijera todo aquello ¿Cómo pudo volver a enredarse con Catalina?, había decidido dejarla, pero ¿Por qué volvía? ¿Qué tenía que lo hacía parecer un viciado? ¿Acaso no podía simplemente sacarla de su vida al igual que sacaba la basura de su casa todos los lunes? –Soy un completo idiota. –Cerró la computadora y se sobó las sienes, ya tenía una migraña de muerte, quería recostarse… pero no quería hacerlo al lado de Catalina. Unos pasos lo hicieron alzar la mirada, y ahí estaba, rubia, alta, como una Barbie, de ojos azulados y labios carnosos. –Cata.
-Vuelve a la cama ¿Quieres? –Soltó mordiéndose el labio y dejando caer las sábanas para que él viera su cuerpo. –Haré que te liberes de todo.
-No lo creo. Vístete y vete. –Soltó tras un suspiro y se levantó del sofá. –Escúchame atentamente, no quiero verte de nuevo, esto fue un error, habíamos terminado, Catalina, no puedes volver cada vez que las ganas te vuelvan loca. Consigue a otro hombre a quien molestar.
- ¿Por qué eres tan cruel? Tú y yo nos amamos. ¿Esto es por el falso positivo de mi embarazo?
-No, es porque una loca. Catalina, no quiero que estés aquí. Vístete y vete. O llamaré a la policía.
-No te atreves.
-Si lo hago. Tienes dos minutos, o incluso menos. –Sentenció y marcó a la seguridad del edificio donde vivía mientras la miraba. - ¿Si? La señorita Catalina Grace Nobel se va de mi apartamento, y por favor, en el futuro, no la vuelvan a dejar entrar.
-Esto es infantil hasta para ti.
-Tú eres la infantil. Ya no quiero nada contigo, ¿Lo entiendes?, ya no te amo, y no quiero que me sigas usando, así como me usas. No soy una cuenta bancaria con pantalones, ni un consolador de carne. Solo vete. –Se sentía bien, era lo que siempre quiso hacer, vio a Catalina irse molesta al cuarto a vestirse y en menos del tiempo que dio, la vio salir para siempre de su casa. Se sentía orgulloso, mejor de lo que se había sentido en años. –Vaya.
***
Nuevo día en la oficina. Ruby usaba un hermoso vestido entallado con tacones de aguja y su cabello suelto mientras iba por la oficina haciendo sus quehaceres. Revisando publicaciones, constatando de que las sesiones de foto salieran perfectas, dándoles los pases a cada periodista para que cubrieran los eventos más importantes de moda en cada lugar en donde “NEW BEAT” tuviera un asiento apartado. Era su día a día y le gustaba, iba por el tercer café con leche de la mañana cuando vio llegar a su jefe más radiante de lo normal y, sirviendo otro café en la taza de Mateo, fue directo a la oficina presidencial y pasó luego de tocar la puerta. –Te veo bien, buenos días.
-Ruby. –Sonrió al verla entrar y tomó el café que le ofrecía. –Perfecto. Estoy de maravilla, no te creerás que pasó anoche.
Ruby intentó pensar y negó. –Ni idea. ¿Qué te tiene tan de buen humor?
-Llegué tarde hoy.
-Sí, eso para los jefes como tú, debe ser una maravilla total. Yo, sin embargo, debo pararme a las seis, ducharme, desayunar, vestirme, salir a las siete, conseguir un taxi en Soho y rogar llegar justo a las ocho. Deberías subirme el sueldo.
-Sí. Debería. –Rió Mateo ladeando un poco los labios, un gesto infantil que a Ruby le parecía adorable, sobre todo, cuando se le marcaba el hoyuelo. –No, la cosa es que esperaba al cerrajero, cambió todas mis cerraduras, otra vez, anoche eché a Catalina de casa, fue fantástico. ¡Y te lo debo a ti!
- ¿A mí? –Rió Ruby mordiéndose el labio. –Señor Santana, ya se ganó el título de SEÑOR. –Dijo haciéndole una reverencia. –Me alegra haberte ayudado, y se te nota que estás mejor, ahora mantente firme.
-Dijo que, si no tenía novia en un mes, volvería a enamorarme. Que miedo. ¿No es extremo?
-No me preocuparía, Mateo. Tienes porte, una empresa, un gran sentido del humor y conduces un Audi. –Sonrió Ruby con sinceridad. –Te lloverán chicas en cuanto sepan que Catalina no te ronda.
-Gracias por el ánimo, Ruby. ¿Tú saldrías conmigo?
-Mateo… -Rodó los ojos y sacó las carpetas del archivador para dárselas a su jefe. –Ahora, no pienses en novias, sino en el trabajo. Tienes que firmar varios documentos, para las oficinas de expansión y obtener los permisos de imprenta para lanzar la revista en Latinoamérica. ¿Listo para esto, jefe?
-Claro que sí. Listo para todo, siempre que estés cerca para ayudarme.
-Si no me despides… aquí estaré.
***
-Ginny Prescott y Mary Goldman están embarazadas con dos meses de diferencia. –Soltó Hillary en la mesa de la cena familiar. –Invitaron al baby shower. ¿Te llegó tu tarjeta, Ruby?
-Sí. –Secamente respondió y comió más de sus patatas al horno. –y voy a ir, compré buenos regalos. Ginny tendrá niña, le compré un vestido fabuloso, zapatitos, gorrito… Y no sé qué tendrá Mary, será sorpresa, así que compré un monito amarillo, con dibujos de letras o algo así.
-Oh cielo, que bueno que irás. –Dijo su tía April. –Lo bueno, es que estar con embarazadas contagia, como yo tu mamá. Ella embarazada de ustedes dos, y al mes…
-Basta, sí. Yo tengo vacuna anti-embarazos. –Soltó Ruby antes de que su tía siguiera con la historia de concepción de su querido primo George. –Me pongo inyecciones anticonceptivas.
- ¡¿QUERIDA?! ¿Tienes sexo sin estar casada? –Su tía June era una mojigata, pero no iba a hablar de eso tampoco frente a sus papas… excelentes papas. Siguió comiendo tranquila, buscando que no le afectara toda la charla, pero, le afectó y se cansó. –Nunca, es pecado, está mal visto por la virgencita.
-La virgencita tuvo a Cristo, y estaba con José. –Dijo ya aburrida. – ¿Saben? Iré a mi cuarto, recogen todo lo que ensucien de mi casa. –Ruby rápido se levantó de la cena y recogiendo varias bolsas de doritos, una botella de refresco de malta, y una caja de donas, con una mirada enojada se fue pisando fuerte a su habitación y cerró con seguro al estar dentro. –Válgame Dios, no sé si podré soportar esto tres meses más. –Encendió su televisión, conectó sus audífonos inalámbricos y tras acostarse en su cama a comer chatarra, puso una película al azar en Netflix. Holidate.
“Un título interesante”, pensó.
De inmediato se entendió con la protagonista. Chica exitosa, que, su familia molestaba a diario para que consiguiera novio. Chica que consiguió la solución. Una cita falsa que la ayudara a cubrirse de su familia en los momentos de fiesta. Tal vez eso era lo que le hacía falta, pero, rápido lo descartó. –La vida real no es una película, Ruby. –Al acabarse la película pasó a su serie, “Dinastía”, y al terminar los doritos, decidió que era suficiente, tendría que trabajar al día siguiente y no quería llegar con “ebriedad” por refresco de malta. Aspirina para el dolor de cabeza y a la cama, envuelta en sus sábanas de algodón, con música clásica en el iPod para la relajación, y a dormir plácidamente ignorando los gritos de su familia fuera de su habitación.
Soñar con su boda era común, lo tenía planeado todo milimétricamente, pero sabía que, si el amor de su vida llegaba a su puerta, (Dicho de paso que el amor de su vida era Henry Cavill o Chris Evans), sin duda lo secuestraría a Las Vegas y haría un matrimonio rápido. Pero en este sueño, llevaba un vestido blanco, sensual, con perlas, adornado con un velo largo y una corona “fénix”, como la de la miss universo. El bouquet de rosas azules. Y París, nunca supo por qué soñaba con París, pero le gustaba tanto como Nueva York. ¿Bebés?, no sabía si tendría, ella era de planearlo todo, y quería solo PERFECCIÓN. Sus hijos, serían planeados, eso sin pensarlo dos veces. Enviaría la invitación a su boda dos semanas antes, puesto que, no quería a su madre metiéndose en todo. Ella podía solita.