Capítulo 6. Un amor devoto.

818 Palabras
Mientras tanto. Dentro del cuerpo de Aarón, Malek no dormía, exploraba cada rincón. La mente humana era como una casa llena de puertas, puertas qué él podía abrir y cerrar a su antojo. Recuerdos, miedos, deseos, secretos, todo estaba ahí, inclusive ella. Penélope, al principio no le prestó atención, ante sus ojos era una humana cualquiera, pero ahora que sabía que ella lo podía controlar, quería saber hasta el más mínimo detalle de ella. Y la vio, vio los ojos de ella brillando cuando lo miraba. Ese amor torpe, devoto… dirigido al cuerpo que él ahora usaba. Malek sonrió. —Interesante…así que…estás enamorada de…mí…ja Ella tenía el control, pero no sabía cómo usarlo… pero podía a fin de cuentas. Y eso no le gustaba. Cerró los ojos, y por voluntad propia dejó aquel cuerpo y el mundo humano se apagó. El inframundo no tenía cielo o algo parecido. Solo un horizonte rojo oscuro que parecía latir, llegó a su reino, un lugar echo de huesos y carne, escuchaba los gritos de la gente que ardía ahí afuera y sintió un éxtasis qué lo hizo sentir poderoso. Su lacayo apareció de inmediato, arrastrándose casi. —¡Mi señor! ¡Volvió!. Malek caminó con paso pesado, seguro, tomando su forma, estar dentro de un cuerpo que no era suyo, era un poco asfixiante en ciertos momentos. —Estarás a cargo por ahora—Dijo Malek sin detenerse, tenía asuntos muy importantes que arreglar. —Si…si mi señor, yo cuidare este lugar… Más allá de su dominio, había algo mucho más peligroso. El trono de Lucifer estaba en lo alto de una estructura imposible, donde demonios sin rostro deambulaban y devoraban todo lo que se acercara. Cuando Malek llegó, fue bien recibido. Lucifer lo observaba con calma, con aquella sonrisa que estaba lejos de aparentar felicidad. Malek inclinó la cabeza apenas. —Que lindo lugar tienes aquí—Dijo mientras se enderezaba. —¿Qué quieres?—Preguntó Lucifer poniéndose de pie, sus alas negras caían cansadas sobre el suelo. —El mundo humano… es más interesante de lo que recordaba. Lucifer solo lo observó. —Conoces las reglas Malek. —Es por eso que estoy aquí. —¿Cuánto estas dispuesto a pagar?. —Te daré todas las que pueda. Lucifer ladeó la cabeza y miró hacia el techo. —Bien, haz lo que te plazca, pero no me mandes solo putas y borrachos, quiero algo que sea de él. —Almas buenas, claro, te las mandaré, una cosa, ¿Como me deshago de mi invocador?. —Solo hay una forma de que seas libre en el plano terrenal sin ser arrastrado de regreso— dijo Lucifer. —Alguien debe de entregarte su pureza, por voluntad propia, solo así, serás libre, su libre albedrío, será tu libre albedrío. Malek entendió. —Que fácil. Lucifer lo miró, él sabía que no era tan fácil, la creación de dios era perfecta, aún no entendía ¿por qué los amaba tanto?, como fuera, si tanto los amaba, entonces se los iba a quitar. El inframundo se desvaneció como humo n***o. Malek abrió los ojos dentro del cuerpo de Aarón y estiró el cuello. La ciudad brillaba tras el ventanal, ajena a todo, era fabuloso. Autos, gente, ruido, vida. Libertad… casi. Recordó las palabras de Lucifer. Una condición absurda, casi una burla cósmica: Solo podría soltarse de su invocadora si recibía la pureza misma, un inocente de corazón, sin corrupción de intención. Un amor puro. Verdadero. Entregado sin sombra. Malek sonrió. —Eso será fácil. Se puso el saco y se miró en el reflejo del ventanal, por suerte este cuerpo era atractivo. Salió a la calle, intentó empezar como los humanos hacían, sonrisas, miradas, atención. Pero pronto notó algo que no había considerado. La ciudad no estaba llena de inocencia como pensaba, su primera víctima, una mujer mayor, siéndole infiel a su marido el cual estaba lejos, trabajando, Malek la descartó. Lujuria, Asmodeo estaba detrás de eso. Continuó su noche, encontró a otra mujer, pero esta buscaba hombres ricos, haría cualquier cosa por obtener riqueza sin esfuerzo. Avaricia, Marlon se encargaba de eso. —Malditos imbéciles—Murmuró. Y así continuó, la gente tenía miedo, heridas, deseos absurdos, nadie parecía estar dispuesto a darle lo que él necesitaba. No encontraba lo que buscaba. Y eso lo irritaba. Se detuvo en una esquina, observando a la multitud. Risas falsas, deseos mezclados, intereses cruzados, nada puro, nada tan simple como él pensó. Su expresión cambió, más oscura y de pronto, algo le atravesó la mente. —Quizá… —murmuró. Y entonces la idea apareció. Una sonrisa lenta. Porque sí conocía a alguien cuyo amor era torpe, devoto, sin defensa. Alguien que ya lo miraba como si fuera el centro de su mundo. Penélope. Malek inclinó la cabeza, divertido. —No necesito buscar. Caminó de regreso hacia el edificio, ahora solo tenía que idear un plan.
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