Capítulo 7. Yo seré libre.

1555 Palabras
Esa noche, Penélope no encendió todas las luces, solo se quedó con la lámpara de su habitación, eso parecía mantener la oscuridad lejos. Miri ya dormía. —No tengo miedo— se dijo así misma mientras se metía a la cama Mentira. Estaba aterrada, el silencio era pesado, se mordió una uña y suspiró, ahora se arrepentía de haber echo cosas que parecían inofensivas. Se acomodó y cerró los ojos, mañana sería otro día, debía de encontrar el modo de traer de vuelta a su querido Aron. Estaba conciliando el sueño, cuando escuchó un ruido, eso la hizo levantarse de golpe y de pronto un escalofrío la recorrió. Fue una sensación extraña. Como si la habitación se hubiera quedado sin oxígeno, como si el tiempo se hubiera detenido sin razón alguna. Penélope se puso de pie de golpe. —No… no… no… Dio pasos pequeños hasta la puerta y se aseguró de que estuviera cerrada con seguro. —Hola. Ella se giró de golpe y la sangre se le heló, Aron estaba ahí, de pie junto a la pared. Penélope agarró lo primero que encontró. Un zapato. Lo sostuvo como arma, sabía de ante mano que ese no era su Aron. —¡No te acerques!, voy… voy a llamar a la policía. Aarón inclinó la cabeza, curioso. —¿Eso es… un arma?. La voz no era burlona, era genuinamente intrigada, se movió despacio, mostrando las manos vacías, se acostó en la cama como si fuera de él y observó la habitación. —Este lugar es pequeño. Penélope no bajó el zapato, su corazón iba a mil por segundo, no estaba segura de que hacer, ¿Cómo había entrado?. —¿Qué quieres?, ¿Cómo entraste?. Él la miró, esta vez sin sonrisa, sin burla. —Quiero hablar contigo. Ella soltó una risa nerviosa. —¿Hablar? ¡Poseíste a mi jefe, borraste recuerdos de mi amiga, eres un demonio, sal del cuerpo de mi jefe! Aarón ladeó la cabeza y se sentó en la cama para verla mejor, no parecía intimidado, mas bien parecía cómodo. —Soy un demonio bueno—Mintió. Eso no ayudó. —Mírame, ¿Qué mal puedo hacer?—Le preguntó con una pizca de debilidad fingida. Penélope se quedó inmóvil. —Solo quiero que me escuches— dijo al ver que ella no bajaba la guardia. Penélope temblaba. —Los demonios son mentirosos, vi esa película del exorcista. —¿Qué cosa?. —Tú…Tú solo buscas el mal, ¿No es así?. Malek se quedó pensativo, el mal, esa palabra sonaba demasiado dulce, y si, había hecho cosas muy malas en estos días, manipular a los humanos era tan sencillo, solo bastaba jalar el hilo correcto, pero ella no tenía que saber nada de eso. Penélope no soltaba el zapato. Pero su brazo ya no temblaba tanto. —¿Qué quieres? —preguntó, aún a la defensiva. Aarón la observó en silencio unos segundos. —¿Qué quieres tú?—Preguntó con seriedad. La pregunta la descolocó. —¿Yo?, nada yo… —Tú me llamaste —dijo con calma—. Y fue por una razón, ¿No?. —Fue un error, no te quería llamar a ti. Él negó lentamente. —Los errores no existen, y ya estoy aquí, úsame como quieras. Penélope sintió un escalofrío y un calor alarmante recorrerle el cuerpo, sabía que no era su Aron, pero si era su cuerpo, ella lo amaba. —Yo solo quería que… Se calló. Él sonrió apenas. —Que él te viera, ¿Qué te deseara?, ¿Querías que te hiciera suya?. La miró directo a los ojos. Penélope bajó el zapato un poco. —Si…p-pero no algo forzado, yo solo quería que… —Conozco tus intenciones, querías que te eligiera por voluntad propia, tu deseo era, ser lo que él necesitara, eso es muy romántico. —¿Cómo sabes eso?. —Soy un demonio. Y yo soy… generoso. Ella lo miró con cautela. —¿Generoso?. —Estoy dispuesto a darte lo que tanto anhelas. El silencio se volvió denso. —Puedo hacer que te mire como nunca miró a nadie— dijo él con esa mirada que no era de este mundo. Penélope tragó saliva. —No quiero eso. Él ladeó la cabeza. —A, claro, amor sincero, si por supuesto, él te elegirá. —No puedes lograr eso, no soy tonta y no quiero que lo manipules. —Si, ya lo sé, yo sé lo que Aron Hill quiere, lo que le gusta de las mujeres…sé lo que piensa de ti, todo esta aquí— dijo el señalando su cabeza. —¿Qué piensa él de mi?. —No tan rápido, yo tengo lo que tu necesitas, se como puedes conquistarlo sin necesidad de que yo haga mis trucos de magia. Penélope bajó el zapato del todo. —¿Y qué quieres a cambio?. Él sonrió. —Libertad. Ella frunció el ceño. —¿No se supone que los demonios buscan almas para atormentar?. Él sonrió y negó suavemente. —Eso lo hacen los recolectores. Yo no hago eso, bueno, a veces si, pero no es lo que disfruto hacer, a mi me gusta el…placer. Sus ojos brillaron de un modo perverso. —El cielo y el inframundo llevan siglos preparándose. Un pequeño conflicto, pero… tú no necesitas entender esa guerra. Penélope lo interrumpió: —Deja el cuerpo de mi jefe y entonces, hablamos. Él suspiró. —No puedo irme así como así, verás, de donde yo vengo hay jerarquías, como aquí, tú me invocaste y necesito hacer un pago por este viaje, si lo pensamos bien, es tu culpa y no mía, pero no vamos a señalarnos, la cuestión es, debo algunas cosas y no puedo irme de aquí sin ellas, el “infierno” como tu lo llamas, no es un lugar muy lindo que digamos, y menos si le debes cosas a los demás. —¿Qué cosas?. —Almas, que cliché ¿No?. —¿Quieres matar gente?. El hizo una mueca. —Bueno, ustedes los humanos hacen que la muerte suene como algo malo y no lo es. —¿Estas loco?, no voy a matar personas por ti. —Y eso es lo fabuloso, no tienes que hacer nada, solo necesito tu…—Malek se quedó pensando, ¿Cómo iba a decirle que necesitaba su virginidad por voluntad propia?, ¿Era virgen?. —¿Mi que?. —Tu amor sincero. Penélope frunció el ceño y una carcajada escapó de su boca. —¿Qué?. —No es tan complicado, mírame, soy el hombre que amas ¿No?— dijo él desabotonando su camisa de vestir. Penélope tragó saliva. —No lo eres. —En teoría no, pero que mas da, solo entrégate a mí y listo, dejaré este cuerpo, te diré que hacer para conquistarlo y luego, cada quien por su lado, es sencillo. Los ojos de Penélope estaban fijos en ese pecho qué quedo al descubierto. Sintió que las rodillas le flaqueaban; el zapato, su única y ridícula defensa, terminó por resbalar de sus dedos y caer al suelo con un golpe sordo. —No… no es tan sencillo —logró susurrar ella, aunque sus ojos no podían apartarse de la piel de Aron, de la forma en que sus músculos se tensaban bajo la tenue luz de la lámpara. Malek dio un paso hacia ella, con la elegancia de una pantera que sabe que su presa no tiene a dónde ir. La dualidad era tortuosa: veía al hombre que amaba en secreto, al jefe serio y respetable que ocupaba sus sueños, pero la mirada… esa mirada era un abismo de fuego y siglos de pecado. —¿Por qué no? —preguntó él, su voz vibrando directamente en el pecho de Penélope—. Mírame. Tienes frente a ti todo lo que has deseado. El cuerpo, el rostro, la voz… y yo puedo darte el fuego que Aron nunca se atrevió a encender. Él extendió una mano y, esta vez, Penélope no se apartó. Con la yema del pulgar, Malek delineó el labio inferior de la joven, una caricia tan suave que resultaba dolorosa. —Solo una noche de entrega, Penélope —insistió él, bajando el tono hasta convertirlo en un secreto compartido—. Una noche donde tu pureza se encuentre con mi oscuridad. Ese es el “pago” que necesito para cerrar mi deuda y marcharme. ¿No vale eso la libertad de tu querido Aron? Penélope cerró los ojos, luchando contra la oleada de calor que la invadía. El trato del brujo decía que debía expulsarlo, pero Malek le ofrecía un atajo: el sacrificio de su virtud a cambio de la salvación del hombre que amaba. Era una trampa de terciopelo. —Si lo hago… —comenzó ella, con la voz quebrada—, ¿me prometes que él no recordará nada de esto? ¿Qué volverá a ser el de antes? Malek sonrió internamente. La tenía. La pureza de corazón de Penélope era tan grande que estaba dispuesta a mancharse a sí misma con tal de salvar a otro. Era delicioso. —Palabra de demonio —mintió él, inclinándose hasta que sus labios rozaron la oreja de ella—. Él va amarte. Y yo… yo por fin seré libre.
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