Los pasillos del interior de una gasolinera no eran el mejor lugar del mundo, pero al menos aportaban privacidad. -Tómalo como un regalo a los dioses, es así como ellos lo reciben.- mi mente seguía delirando sobre aquel precioso caballo. -Solo los viejos vikingos podían pensar así.- gruñí sintiéndome una milennial incomprendida. -Por supuesto que no, mi tribu también lo hacía.- yo arqueé una ceja, no esperaba que Dash perteneciese a ninguna ''tribu''.  -¿A qué te refieres?- me olvidé del otro tema, rara vez Dash hablaba de su vida anterior y debía aprovecharlo cuando lo hacía. -Pasé unos años deambulando por el norte de África hasta que una tribu me acogió.- ¿quién no querría estar con ese chico tan encantador?- Allí conocí a Tibu, quedé totalmente enamorado la primera noche que la

