19

1172 Palabras

No estaba a salvo. Nunca estaba a salvo. Cuando me quedaba dormida, nunca sabía si despertaría en el mismo lugar, si estaría sola o si habría otros conmigo. En mi cama. En otra cama. Un almacén. Un sótano. Podía haber uno o veinte. Viejos, jóvenes, la mayoría hombres, aunque había habido un par de mujeres. Mujeres, como la que me sujetaba las muñecas mientras su marido embestía dentro de mí, destrozándome. Querían que gritara y luchara, y yo hacía lo que querían. Había oído a mi madre negociando con ellos antes de que entraran en mi habitación. Había estado fingiendo que dormía, esperando y rezando para que, esta vez, solo fuera una pesadilla. Que no hubiera oído a mi madre diciéndoles que costaría más si dejaban marcas. Que no hubiera escuchado en su voz que quería que aceptaran pagar má

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR